CULTURA

Abramovic recrea siete muertes de María Callas

Marina Abramovic quedó fascinada por Maria Callas de niña y durante décadas ha buscado manifestar artísticamente su “fuerte identificación” con ella: lo ha hecho en “7 deaths” (2021), una proyección donde la legendaria pionera de la “performance” recrea siete muertes prematuras de la cantante y que ha presentado hoy en España. 

La exposición “Portrait as Biography” (“El retrato como biografía”) es la primera muestra individual en una década en una galería española de Abramovic (Belgrado, 1946) y además de la película de una hora se compone de una selección de once fotografías (1973-2019).

Estará abierta entre el 17 de febrero y el 19 de marzo en la galería itinerante Bernal Espacio, situada en esta ocasión en una zona industrial de Madrid. 

“Cuando empecé a hacer “performance” hace 50 años los museos tenían miedo de nosotros, así que estoy acostumbrada a este tipo de espacios, donde actuábamos para veinte o treinta personas”, ha asegurado Abramovic en la presentación ante los medios.

Han pasado más de cuatro décadas desde que impactara con actuaciones como “Rithm 0” (1974), en la que permaneció seis horas expuesta a un público que podía utilizar cualquiera de los 72 objetos situados sobre una mesa junto a ella, entre ellos un cuchillo, cerillas o un hacha, y que acabó con la artista ensangrentada y acercándose entre lágrimas a los espectadores, que en ese momento huyeron. 

¿Esperaba entonces convertirse en una figura tan reconocida como lo es en la actualidad, una premio Princesa de Asturias de las Artes? “No”, dice tajantemente. “No me lo podía imaginar, todo era tan terrible, estas formas del arte no eran aceptables. No era fácil”, responde la artista en rueda de prensa.

Entre las dificultades que aún permanecen para su manifestación artística más reconocida, la “performance”, cita el hecho de que durante las crisis económicas el dinero se refugia en las piezas físicas de arte, mientras que las actuaciones bajan. 

“Cuando era niña no jugaba con juguetes, si me daban un osito de peluche lo tiraba, no me gustaba lo físico, jugaba con sombras, con lo invisible”, ha explicado sobre una temprana inclinación por lo simbólico.

En la exposición se muestra por primera vez en España una nueva experiencia fílmica basada en siete muertes prematuras que la artista sufre en la pantalla, ambientadas con siete solos de Maria Callas y recreadas en una instalación fílmica de 1 hora y 50 segundos.

 Cada aria está acompañada por el final espeluznante de la protagonista, aunque agregando un nuevo giro o una nueva interpretación en cada caso: “Nunca es el momento correcto de morir”, ha bromeado Abramovic, para quien la desgarradora vida personal y la muerte solitaria de Callas son también escalofriantes reflejos de sus propios amores perdidos y cercanos.

La artista ha estado obsesionada con la música y el mito de la famosa soprano griega desde que, a los catorce años, la escuchó en la radio en la cocina de su abuela. “Apareció esa voz y yo me levanté y me puse a llorar. Al final de la canción el locutor dijo que era Maria Callas”, ha relatado.

“Callas fue mi inspiración… sentí una fuerte identificación con ella. Como yo, ella era sagitario; como yo, ella tuvo una madre terrible. Compartimos una similitud física la una con la otra. Y aunque yo he sobrevivido a un corazón roto, ella murió con el corazón roto. En la mayoría de las óperas, al final, la heroína muere de amor”, ha remarcado.

También la ha citado para explicar cómo se plantea sus propias “performances”: “Cuando actúo tengo que estar segura de que una parte de mi cerebro está bajo control y la otra libre”.

En la muestra también hay retratos de Abramovic alejándose por un sendero en medio de la nieve; flotando, desnuda, en medio de las aguas; sujetando un objeto imaginario que va creciendo entre sus manos en tres sucesivas instantáneas; ofreciendo un cordero en una especie de sacrificio en la montaña; con una figura de Jesús; cocinando en un gran caldero en homenaje a Santa Teresa o portando un pulpo vivo en torno a su cuello.

La artista, que ha conversado con la historiadora de arte Carmen Huerta antes de responder a los medios, usa tanto el blanco y negro como el color en esta serie de retratos concebidos para que los visitantes adviertan su propio reflejo. 

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