* La muerte de Nemesio Oseguera Cervantes no desmantela su estructura en el Estado de México, donde mantiene presencia en al menos 60 municipios, la mitad del territorio estatal……
* El abatimiento de “El Mencho”, abre un escenario de reacomodos internos y posibles disputas territoriales que podrían incrementar la violencia, pese al discurso oficial de control……
La muerte de Nemesio Oseguera Cervantes alias El Mencho, ocurrida el 22 de febrero durante un operativo federal en Jalisco, no representa necesariamente un respiro para el país ni para el Estado de México donde el Cártel Jalisco Nueva Generación mantiene presencia documentada en al menos 60 municipios, es decir en 48 por ciento del territorio estatal, una cifra que obliga a encender alertas reales más allá del discurso político.
Presencia extendida y silenciosa
De acuerdo con la Fiscalía General de Justicia del Estado de México el CJNG no solo opera con células activas en diversas regiones sino que ha consolidado un modelo de expansión que le permite infiltrar estructuras locales, vender su nombre como franquicia criminal y respaldar con armas y operadores a grupos regionales, el informe reconoce además la existencia de 25 organizaciones dedicadas principalmente a la extorsión donde el CJNG destaca por su alcance territorial solo por debajo de La Familia Michoacana.
La dispersión en el Valle de México, Valle de Toluca, zona norte y sur demuestra que no se trata de enclaves aislados sino de una red que toca corredores industriales, rutas logísticas y zonas densamente pobladas, el riesgo es estructural porque la presencia criminal se inserta en dinámicas económicas y sociales que facilitan su permanencia.
Franquicias del crimen y control social
El modelo tipo franquicia implica que grupos locales compren el derecho a usar el nombre del CJNG, reciban respaldo armado y operen bajo una marca que impone miedo, este esquema complica la desarticulación porque aun cuando una célula es detenida otras continúan bajo la misma identidad, la percepción de omnipresencia se convierte en herramienta de control.
Las actividades atribuidas incluyen extorsión, secuestro, narcomenudeo y homicidio, delitos que impactan directamente en comerciantes, transportistas y familias, la caída del líder histórico no elimina estas prácticas y puede detonar disputas internas por el control territorial, cuando el liderazgo se fractura las células buscan demostrar fuerza y asegurar plazas estratégicas.
Riesgo tras el abatimiento
El abatimiento de El Mencho ocurrió tras un operativo federal que repelió una agresión armada luego de recibir información de inteligencia internacional, el golpe simbólico es relevante pero la experiencia nacional muestra que la fragmentación de cárteles suele generar mayor volatilidad, luchas internas y episodios de violencia focalizada.
El Estado de México no puede asumirse blindado por declaración oficial, la amplitud territorial documentada exige inteligencia financiera, depuración institucional y coordinación efectiva entre niveles de gobierno, minimizar el riesgo sería repetir errores donde la reacción llegó después de los picos de violencia.
Blindaje institucional bajo prueba
Ante los hechos en Jalisco el gobierno mexiquense instaló una Mesa de Paz permanente encabezada por la gobernadora Delfina Gómez Álvarez con participación de instancias federales, estatales y municipales, se anunciaron refuerzos en zonas limítrofes con Guerrero, Michoacán y Morelos, incremento de patrullajes y monitoreo constante.
Participan la Secretaría de la Defensa Nacional la Secretaría de Marina y la Guardia Nacional en operativos estratégicos y puntos de supervisión, sin embargo la eficacia dependerá de su permanencia y de la capacidad de anticiparse a los movimientos criminales y no solo reaccionar ante ellos.
El blindaje envía un mensaje político de control pero enfrenta el desafío de traducirse en resultados medibles, los operativos temporales pueden contener crisis inmediatas pero no sustituyen políticas integrales que ataquen financiamiento ilícito redes de corrupción y economías criminales que sostienen la operación cotidiana.
Ciudadanía en alerta permanente
La responsabilidad también recae en la sociedad que debe mantenerse informada por canales oficiales, denunciar de forma segura y exigir transparencia en cifras y resultados, el tamaño poblacional y la relevancia económica del Estado de México lo convierten en objetivo estratégico para cualquier organización que busque consolidar poder.
La reconfiguración del CJNG tras la muerte de su líder puede traducirse en disputas silenciosas o en episodios abiertos de violencia, ignorar la magnitud de la presencia criminal sería apostar por la inercia, y la inercia en seguridad pública suele pagarse con miedo y pérdidas humanas.
El Estado de México no está a salvo por simple proximidad institucional ni por anuncios oficiales, la alerta máxima debe convertirse en vigilancia constante, coordinación real y participación social activa antes de que los reacomodos criminales encuentren terreno fértil en sus municipios y transformen la incertidumbre en una nueva espiral de violencia.



