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Alza en canasta básica, asfixia bolsillos en 2026

* Comer en 2026 será más caro, y nadie parece dispuesto a asumir la responsabilidad……

* La canasta básica deja de ser básica cuando ya no se puede adquirir completa……

Por Mireya Álvarez

El inicio de 2026 llegó con un mensaje claro para miles de familias, comer cuesta más y costará todavía más en las siguientes semanas, lejos del discurso oficial que insiste en estabilidad y control de precios, en centros comerciales y mercados de la entidad, ya se refleja la realidad cotidiana: aumentos graduales, pero constantes, en los productos que conforman la canasta básica.

Ajustes silenciosos que se acumulan y terminan por asfixiar el gasto familiar que ya se resiente en los hogares mexiquenses donde el dinero rinde menos y las promesas gubernamentales no alcanzan para llenar la despensa.

Desde los primeros días de enero, toda clase de comerciantes comenzaron con la modificación de precios, sobre todo en alimentos esenciales, incrementos claros que anticipan una escalada mayor, la canasta básica se mueve sin freno mientras salarios y apoyos sociales permanecen prácticamente estáticos, generando una brecha cada vez más profunda entre ingreso y costo de vida.

Aumentos silenciosos que se acumulan

El comparativo entre el 1 y el 8 de enero, deja ver una tendencia preocupante, aunque la pechuga de pollo bajó de 90 a 80 pesos por kilo y algunos cárnicos se mantuvieron sin variación, otros productos clave comenzaron a subir de forma evidente, el plátano pasó de 15 a 18 pesos, el jitomate escaló de 16 pesos hasta colocarse entre 18 y 25 pesos con la mayoría por arriba de los 20, una variación que impacta directamente en la cocina diaria.

El limón, otro insumo indispensable, se movió de 22 pesos a un rango de entre 20 y 25, la manzana ahora se ofrece entre 35 y 45 pesos cuando apenas una semana antes se encontraba fija en 40, mientras que productos como el huevo continúan en niveles elevados de entre 45 y 53 pesos por kilo, precios que ya se han normalizado pese a ser históricamente altos.

Más allá de los números aislados, el problema es la suma de pequeños incrementos que terminan por desfondar el presupuesto, cada peso extra en frutas, verduras y básicos se traduce en menos alimentos en la mesa, menos opciones y más sacrificios, el consumidor ya no compara calidad sino precio, y aun así sale perdiendo.

Comerciantes entre costos y reclamos

Según algunos comerciantes, el mes de enero siempre trae ajustes, pero este año el golpe se siente más rápido y más fuerte, los proveedores encarecen la mercancía, el transporte sube y la central de abasto fija precios que dejan poco margen, mientras tanto el cliente reclama, reduce compras y cuestiona cada aumento.

La bolsa de nopales duplicó su precio al pasar de 10 a 20 pesos, la fresa ya ronda los 50 pesos por kilo y el chile serrano se ubica entre 25 y 35 pesos, productos que no eran prioridad en diciembre ahora se vuelven inaccesibles, y son los primeros en desaparecer del carrito cuando el dinero no alcanza.

Los comerciantes aseguran que hacen malabares para no subir de más, pero la cadena de costos los arrincona, si no ajustan pierden, si ajustan venden menos, una dinámica que termina por afectar tanto al vendedor como al consumidor, sin que ninguna autoridad intervenga de manera efectiva.

Mientras desde los escritorios oficiales se habla de control inflacionario, en los mercados la inflación se vive a diario, sin comunicados ni conferencias, solo con etiquetas que cambian y clientes que se van con menos bolsas, el contraste entre discurso y realidad vuelve a exhibir la desconexión del gobierno con la economía doméstica.

El inicio de un año cuesta arriba

Los propios comerciantes advierten que estos son apenas los primeros incrementos del año, enero marca el arranque, pero febrero y marzo suelen traer nuevos reajustes, especialmente en frutas y verduras sujetas a temporadas, clima y disponibilidad, a ello se suman combustibles caros, peajes elevados y una logística cada vez más costosa.
Para las familias el panorama es desalentador, la cuesta de enero no termina en enero, se extiende durante meses mientras el salario mínimo y los ingresos informales no crecen al mismo ritmo, la consecuencia es clara, se compra menos, se sustituyen alimentos y se sacrifica calidad nutricional.

La canasta básica deja de ser básica cuando ya no se puede adquirir completa, el acceso a una alimentación adecuada se vuelve un privilegio y no un derecho, pese a que el marco legal y el discurso político insisten en lo contrario, la realidad del mercado muestra que la política económica no está conteniendo el impacto en los sectores más vulnerables.

El arranque de 2026 confirma que el problema no es coyuntural sino estructural, sin estrategias reales para frenar el encarecimiento de alimentos, sin apoyos directos al consumo y sin una supervisión efectiva de precios, los mercados seguirán ajustando y los hogares seguirán pagando.

La pregunta no es si habrá más aumentos, sino hasta dónde llegarán y cuánto más podrá soportar el bolsillo familiar, por ahora el mensaje es contundente, el año comenzó con alzas, con advertencias y con una realidad que contradice cualquier narrativa de estabilidad, comer en 2026 será más caro, y nadie parece dispuesto a asumir la responsabilidad.

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