Por Mireya Álvarez
El Estado de México enfrenta un retroceso preocupante en materia de desarrollo económico y atracción de inversiones. De acuerdo con el Índice de Competitividad Estatal 2025, publicado recientemente por el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), la entidad se ubicó en la posición 23 de las 32 entidades federativas, cayendo dos lugares respecto a la medición anterior, esta caída no es solo simbólica: refleja una serie de deficiencias estructurales que, lejos de resolverse, parecen agravarse con el tiempo.
El informe del IMCO clasifica al Estado de México en el nivel de competitividad “media baja”, una categoría que da cuenta de los desafíos que enfrenta la entidad para atraer, retener y hacer crecer inversiones sostenibles
Entre los factores más críticos señalados se encuentran la alta percepción de corrupción, la inseguridad persistente, la deficiente infraestructura y la limitada innovación tecnológica.
La corrupción como ancla del desarrollo
Uno de los datos más alarmantes del reporte es la percepción de corrupción, que alcanza un 87%, ubicando al Edomex entre los estados con mayor desconfianza institucional del país y esta percepción no es solo una cifra abstracta: se traduce directamente en desconfianza por parte de inversionistas nacionales y extranjeros, ralentiza procesos administrativos, encarece la operación de las empresas y deteriora el entorno de negocios.
Mauricio Massud, presidente del Consejo de Cámaras y Asociaciones Empresariales del Estado de México (Concaem), advirtió que este contexto tiene un impacto directo en la decisión de inversión y expansión de empresas. “No se puede atraer capital privado cuando los empresarios saben que cada trámite está condicionado a una ‘mordida’ o a una gestión extraoficial”, señaló.
Aunque la gobernadora Delfina Gómez Álvarez incluyó en su Plan de Desarrollo Estatal el combate a la corrupción como uno de los ejes prioritarios, los avances han sido mínimos, especialmente a nivel municipal, donde persisten prácticas discrecionales, opacidad y redes de poder que frenan cualquier intento de transformación institucional.
Inversiones: muchas promesas, pocos hechos
Pese a los anuncios de inversión que se han dado a conocer durante los primeros meses del año, el 97% de estos corresponden a re-inversiones previamente pactadas, y no a la llegada de nuevos capitales. Así lo explicó Massud, quien subrayó que muchas de las inversiones actuales “ya estaban planeadas desde hace tres, cuatro o hasta cinco años, y lo único que se ha hecho es mantenerlas en marcha”.
Este dato desmonta la narrativa oficial de un Edomex en auge económico y revela una realidad más compleja: la falta de condiciones óptimas para atraer nuevas empresas. “Las inversiones nuevas no llegan porque el terreno es hostil: hay falta de infraestructura básica, carreteras colapsadas, energía insuficiente en algunas zonas industriales, inseguridad que afecta la logística y corrupción que encarece cada operación”, puntualizó el líder empresarial.
Inseguridad e infraestructura deficiente: el otro gran obstáculo
El IMCO también coloca al Estado de México en posiciones desfavorables en cuanto a seguridad pública, factor determinante para las empresas al momento de elegir una sede. La incidencia delictiva, particularmente en zonas industriales de municipios como Tultitlán, Cuautitlán Izcalli, Ecatepec o Naucalpan, sigue siendo un obstáculo mayúsculo para el crecimiento.
“La inseguridad afecta desde el transporte de mercancías hasta el traslado del personal, lo que genera costos adicionales en logística, seguros, y afecta directamente la productividad”, advirtió Massud.
A ello se suma el deterioro de la infraestructura urbana y carretera, que impide la movilidad eficiente de productos y personas.
Este panorama se complica aún más por la desigualdad regional: mientras algunos polos industriales del Valle de Toluca han logrado sostener cierto dinamismo económico, otras zonas del Valle de México -que concentra a millones de personas- siguen enfrentando abandono estatal, servicios públicos precarios y una falta de conectividad que limita la integración productiva.
“Plan México”: una visión comprometida desde el inicio
En este contexto, la posibilidad de ejecutar con éxito el llamado “Plan México”, impulsado a nivel federal como una estrategia de desarrollo regional para el impulso del nearshoring, se ve cada vez más comprometida. El plan busca aprovechar el reordenamiento global de cadenas de suministro para atraer empresas extranjeras a territorio mexicano, pero requiere condiciones mínimas de competitividad que, a decir de los datos, el Estado de México aún no cumple.
“Estamos remando contra corriente. Hay voluntad del sector empresarial para colaborar, pero los retos son grandes: inseguridad, corrupción, mala infraestructura, falta de innovación y poca vinculación educativa”, lamentó Massud.
¿Qué sigue?
El llamado que hace el sector privado mexiquense es claro: pasar del discurso a la acción. El Estado de México no puede seguir aspirando a ser motor económico nacional si no resuelve sus vicios estructurales. Para ello, se requieren no solo recursos, sino una voluntad política real, transparencia en la gestión pública y una alianza efectiva entre gobierno, empresas y sociedad civil.
La competitividad no se decreta, se construye con decisiones valientes, con funcionarios comprometidos y con instituciones capaces de garantizar certeza jurídica y calidad de vida.
Mientras eso no ocurra, el Edomex seguirá cayendo en los rankings, pero lo más preocupante no será la posición en la tabla, sino la pérdida de oportunidades reales para millones de mexiquenses.



