Texas enfrenta inundaciones, daños materiales y una situación incierta. La tragedia provocada por las lluvias torrenciales que azotaron el centro del estado dejó más de 100 muertos.
Entre las víctimas había decenas de niñas y adolescentes que estaban en un campamento a orillas del río Guadalupe, cuyo caudal creció de forma súbita la madrugada del 4 de julio.
Camp Mystic, un centro cristiano para niñas fue uno de los epicentros del desastre. Mientras dormían, la corriente arrastró a muchas; otras fueron halladas sin vida días después.
La imagen de los cuerpos de Blair y Brooke Harber -hermanas de 13 y 11 años- encontradas con las manos entrelazadas y sus rosarios entre los dedos, resume el duelo que embarga al estado.
Familias enteras, como la de David Fry en Hunt, lograron sobrevivir refugiadas en techos improvisados. El miedo, la fe y la desesperación se entrelazan en cada testimonio, desde quien huyó en un kayak con sus perros, hasta quienes se aferraron a los mensajes finales de sus hijos. “Nos está arrastrando el agua”, fue el último texto que recibieron algunos padres antes del silencio.
“Texas está de luto en este momento; el dolor, la conmoción por lo ocurrido en estos últimos días ha destrozado el corazón de nuestro estado”, declaró el senador Ted Cruz.



