CAMBIANDO DE TEMA

Criminales de la Salud

Por Karina A. Rocha Priego

La infamia no se explica, se ejecuta desde el poder

Ahora resulta que las farmacéuticas son las culpables del desabasto de medicamentos en México, y lo que quieren, es subir el costo de los tratamientos contra el cáncer, principalmente cuando, en realidad, todos los mexicanos han sido testigos del cómo, desde 2018 y hasta la fecha, las autoridades federales se expresan de los enfermos de cáncer sobre todo los infantes con desprecio e indiferencia.

Echarles la culpa a las farmacéuticas es más un acto de corrupción que de justicia y eso lo sabe la secretaria Raquel Buenrostro, sin embargo, prefiere repetir la narrativa oficial antes que asumir el desastre de su administración.

Este gobierno se maneja en el pasado, pasando de largo el presente, donde la carencia de medicamentos sigue costando vidas todos los días en cada hospital público del país.

Los adeudos multimillonarios que tiene el gobierno federal con las farmacéuticas desde 2018, son razón suficiente para que estas no surtan medicamentos al sistema público y, estarán de acuerdo en que, si no hay dinero para pagar, tampoco habrá tratamiento para los pacientes y, si no hay tratamiento, hay muerte, y si hay muerte hay un Estado que no responde.

Entonces ¿quién es el verdadero responsable?, porque está claro que los recursos públicos no están siendo destinados a la salud de los mexicanos, sino a mantener una red de clientelismo político donde los recursos se reparten entre zánganos oportunistas y falsos beneficiarios que, no lo necesitan, pero sí cobran.

El sistema de salud ha sido arrastrado por el lodo de la improvisación ideológica y la ineptitud de quienes jamás entendieron que, la salud, no es un experimento sino un derecho, pero, queda claro, éste no es un error, es una decisión, es una estrategia, es política de muerte.

Propaganda como escudo ante el dolor ajeno

Mientras los enfermos de cáncer esperan una dosis que nunca llega, la Secretaría Anti-corrupción y Buen Gobierno, decide contar una historia de tifones en China, de conspiraciones empresariales, de resistencias del sector privado.

Según Raquel Buenrostro, en 2019 desapareció un gran laboratorio en China que abastecía la materia prima y, como si eso no fuera suficiente, también se escondió el medicamento aquí en México porque el gobierno estaba cambiando su modelo de compra y eliminando a los intermediarios.

Pero lo que no dice, es que ese modelo fue sustituido por otro peor, uno centralizado, ineficiente, improvisado, sin logística ni control; uno donde las compras se caían, donde las licitaciones eran desiertas, donde los medicamentos caducaban en bodegas, mientras los pacientes morían esperando.

Ahora vuelven con el mismo discurso: “que las farmacéuticas están ocultando los medicamentos”, “que quieren subir los precios”, “que el gobierno ahorra millones” pero, ¿a costa de qué? ¿a costa de quién?.

Porque cada “ahorro” del gobierno, se paga con una quimioterapia menos, con una cirugía cancelada, con un niño menos en este país y, estarán de acuerdo, queridos lectores, no hay ahorro que valga una vida y no hay pretexto que justifique el abandono.

Un régimen enfermo que se niega a curarse

Raquel Buenrostro insiste que el problema actual es idéntico al de 2019, que hay una nueva etapa de ocultamiento de medicamentos, que los privados buscan volver a subir los precios, que las fundaciones aparecen como salvadoras para tapar la supuesta ineficiencia del gobierno, pero nada de eso explica por qué el gobierno federal no ha resuelto el abasto en siete años.

Nada de eso explica por qué el INSABI fracasó de forma estrepitosa; nada de eso explica por qué se cancelaron compras consolidadas que sí funcionaban; nada de eso justifica que se hayan entregado contratos a empresas sin experiencia, que no pudieron surtir ni un solo gramo de medicamento.

La corrupción que tanto denuncian, no está afuera, por el contrario, está adentro; está en la opacidad con la que se maneja el sistema de salud; en la arrogancia de un régimen que cree que puede manipular la verdad, mientras la muerte avanza en hospitales sin insumos; está en la burla que representa escuchar que “sí hay medicamentos” pero que no los entregan.

Para rematar, el gobierno está preguntando en el extranjero, como si las familias pudieran esperar, como si el dolor se detuviera ante la burocracia, como si el cáncer entendiera de discursos oficiales.

Definitivamente, no se puede justificar lo injustificable, no se puede encubrir el fracaso con palabras.

Responsabilidad histórica: el estado que dejó morir a su gente

El problema del desabasto no es nuevo, pero nunca antes había sido tan profundo, tan prolongado, tan cruel.

No es solo una crisis, es una decisión deliberada de priorizar la narrativa sobre la realidad, de culpar a los demás, mientras se hunde el sistema nacional de salud; de pintar enemigos en la industria privada para tapar la corrupción en la gestión pública.

Y, mientras tanto, se gasta en propaganda y se escatima en medicinas, al tiempo de estar creando nuevos organismos sin sentido, se destruyen instituciones que funcionaban.

Mientras se miente en cada mañanera, la gente muere en silencio y éste, queridos lectores, no es un problema de farmacéuticas, es un crimen de Estado; un crimen que debe ser juzgado, porque no es que “no haya medicamentos”, es que no hay voluntad, no hay ética, no hay gobierno y, donde no hay gobierno, hay abandono.

Y claro, queridos lectores, donde hay abandono hay dolor, donde hay dolor, hay memoria y, en esa memoria, esta administración quedará marcada como la que les dio la espalda a los enfermos; la que dejó morir a su gente, mientras culpaba a otros.

En pocas palabras, la administración que convirtió la salud en ruina y la mentira en bandera.

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