* Solidaridad exterior mientras crecen las carencias internas, la advertencia está a la vista de todos……
Por Karina A. Rocha Priego
Modelo que prometió igualdad y entregó escasez
Cuba no es una metáfora, es una realidad palpable donde millones sobreviven entre apagones, racionamientos y salarios que no alcanzan para lo indispensable, el discurso revolucionario prometió justicia social, dignidad y prosperidad colectiva, pero más de seis décadas después la isla exhibe una economía colapsada, infraestructura deteriorada y una migración masiva que vacía barrios enteros.
El régimen encabezado hoy por Miguel Díaz-Canel es continuidad directa del sistema instaurado por Fidel Castro, un modelo socialista de partido único donde el poder político y económico se concentra en una élite que no rinde cuentas en elecciones competitivas, donde la prensa independiente es reprimida y la disidencia castigada.
Se insiste en culpar exclusivamente al embargo estadounidense, pero incluso bajo restricciones externas la pregunta sigue intacta, por qué un país con recursos humanos calificados y décadas de control absoluto no logró autosuficiencia alimentaria ni estabilidad productiva, por qué el aparato estatal terminó sofocando la iniciativa privada y reemplazando incentivos con consignas.
La respuesta es incómoda, cuando el Estado se convierte en dueño de todo y árbitro único, cuando no existen contrapesos ni alternancia real, la eficiencia se diluye y el privilegio se enquista, el resultado es igualdad en la precariedad para la mayoría y bienestar reservado para la cúpula.
La élite y el pueblo que espera en fila
Mientras el ciudadano común hace filas interminables para conseguir arroz o medicinas, los dirigentes del Partido Comunista viven con acceso a productos importados, atención médica diferenciada y zonas residenciales exclusivas, la narrativa oficial habla de sacrificio colectivo, pero la práctica revela una brecha evidente entre quienes gobiernan y quienes obedecen.
Cuba muestra el rostro clásico de los sistemas cerrados, sin competencia electoral real ni prensa libre que fiscalice fortunas y decisiones, el poder se reproduce a sí mismo, se protege y se beneficia, mientras la gente enfrenta escasez crónica.
Decir que los cubanos viven el gobierno que eligieron puede resultar provocador, pero durante años el discurso revolucionario contó con respaldo y legitimidad interna, la propaganda y el control informativo moldearon generaciones enteras, hoy revertir ese modelo es casi imposible porque el sistema no ofrece salidas democráticas claras.
México y su creciente cercanía
En México, desde la llegada de Andrés Manuel López Obrador en 2018, la relación con La Habana se fortaleció de manera visible, bajo el argumento de solidaridad y cooperación, México comenzó a enviar petróleo, combustibles y ayuda humanitaria a la isla.
Datos públicos y reportes internacionales señalan que entre 2023 y 2024 se exportaron cargamentos de crudo y productos refinados a Cuba por cientos de millones de dólares, y ya en 2025 bajo la administración de Claudia Sheinbaum los envíos se incrementaron, con valores cercanos a los 500 millones de dólares en un solo año en hidrocarburos, además de más de 800 toneladas de ayuda humanitaria en alimentos y suministros básicos transportados en buques oficiales.
A ello se suman contratos médicos, intercambios y cooperación técnica que también implican recursos públicos, todo mientras el discurso oficial insiste en que se trata de apoyo solidario.
La pregunta inevitable es si México puede darse el lujo de ejercer esa generosidad cuando enfrenta crisis profundas en casa, hospitales con desabasto de medicamentos, escuelas con carencias estructurales, comunidades enteras sometidas a la violencia del crimen organizado, presupuestos limitados para investigación y ciencia.
Candil de la calle
México parece decidido a convertirse en candil de la calle y oscuridad de su casa, mientras se envían barriles de petróleo y cargamentos de alimentos al extranjero, millones de mexicanos experimentan un sistema de salud que aún no logra consolidarse, citas médicas diferidas, tratamientos incompletos, hospitales que funcionan al límite.
En educación la pandemia dejó rezagos significativos que todavía no se corrigen del todo, miles de estudiantes abandonaron las aulas y el presupuesto educativo enfrenta presiones constantes, en seguridad los homicidios y la violencia siguen marcando regiones enteras del país.
En ese contexto resulta legítimo cuestionar la prioridad del gasto público, cada peso destinado al exterior es un peso que no se invierte en infraestructura hospitalaria, en capacitación docente o en fortalecimiento policial, la solidaridad internacional es un principio respetable, pero no puede convertirse en coartada para descuidar necesidades urgentes internas.
La advertencia política
México no es Cuba, aún cuenta con elecciones competidas, oposición visible y medios críticos, pero la cercanía ideológica con el régimen cubano y la narrativa que exalta al Estado fuerte generan preocupación en sectores que temen una erosión paulatina de contrapesos.
El partido gobernante, Morena, ha concentrado poder político en los últimos años, impulsando reformas que modifican el equilibrio institucional, quienes respaldan ese proyecto sostienen que se combate la corrupción y se fortalece al pueblo, sus críticos advierten que la concentración excesiva puede abrir la puerta a abusos futuros.
La experiencia cubana enseña que los sistemas donde el poder no rota tienden a cerrarse sobre sí mismos, a premiar la lealtad por encima de la eficiencia, a castigar la crítica en lugar de corregir errores, el deterioro no ocurre de la noche a la mañana, es gradual, se normaliza, se justifica en nombre de causas superiores.
Elegir con memoria
Cuba es hoy un recordatorio de lo que ocurre cuando la promesa de igualdad se convierte en estructura rígida de poder, cuando la dirigencia acumula privilegios y la población enfrenta escasez estructural, cuando el discurso sustituye resultados medibles.
México todavía tiene la posibilidad de debatir, de elegir y de rectificar, pero esa capacidad depende de una ciudadanía vigilante, informada y exigente, apoyar sin cuestionar, aplaudir sin evaluar y justificar cada decisión gubernamental en nombre de la ideología puede conducir a un escenario donde las instituciones se debiliten y la alternancia se vuelva cada vez más lejana.
La solidaridad internacional no debe ser excusa para ignorar carencias nacionales, ni la afinidad ideológica motivo para cerrar los ojos ante fracasos evidentes, la historia ofrece lecciones claras, los pueblos que descuidan sus contrapesos y concentran poder en pocas manos terminan pagando costos altos.
México enfrenta una disyuntiva, fortalecer su democracia plural o avanzar hacia una ruta donde el Estado acumule cada vez más atribuciones mientras las necesidades básicas siguen sin resolverse plenamente, mirar a Cuba no es un ejercicio retórico, es una advertencia tangible de lo que puede suceder cuando el poder se perpetúa y la crítica se minimiza, y esa decisión, al final, también pertenece a los ciudadanos.



