Covid-19 agudizó la desigualdad educativa en México, según estudio
A partir de la pandemia, más de cinco millones de estudiantes abandonaron las aulas durante ese periodo, según datos del INEGI, y hoy enfrentamos las consecuencias: una brecha educativa que se ha convertido en un abismo intergeneracional, resaltan expertos.
La pandemia dejó una herida profunda en el sistema educativo mexicano que aún no cicatriza. Como experto en desarrollo social, he visto cómo crisis anteriores afectaban a las generaciones más vulnerables, pero nada se compara con el retroceso causado por el cierre prolongado de escuelas.
La crisis educativa pospandemia profundiza la brecha generacional y limita el futuro de los jóvenes mexicanos.
Movilidad educativa en México: un ascensor social estancado
El reciente estudio del Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY) confirma lo que muchos sospechábamos: sólo 33 % de los jóvenes entre 18 y 24 años supera el nivel educativo de sus padres, frente a 72 % que lo lograba en 2016.
A lo largo de varias décadas, se ha comprobado cómo la educación rompe ciclos de pobreza, pero también cómo las desigualdades estructurales persisten.
La pandemia no hizo más que acelerar un problema que venía gestándose desde hace decenios.
Roberto Vélez, director del CEEY, lo explica con claridad: “Cuando hablamos de movilidad social, nos referimos a esa posibilidad de mejorar la posición socioeconómica respecto a tus padres. La educación siempre ha sido el motor principal, pero hoy ese motor está fallando”.
Los datos son contundentes: los jóvenes cuyos padres solo tienen educación primaria tienen cuatro veces menos probabilidades de acceder a la universidad que aquellos cuyos padres son profesionales.
Lo más preocupante es que esta desigualdad educativa se intersecta con otros factores de exclusión, como se deja constancia en diversas investigaciones en las que se ha documentado cómo el tono de piel, el género y el origen étnico multiplican las desventajas.
Las cifras no mienten: las mujeres, la población indígena y las personas con tonos de piel más oscuros enfrentan obstáculos adicionales para acceder a educación de calidad.
Políticas públicas: ayudas que no llegan a quienes más las necesitan
El panorama se agrava cuando analizamos la distribución de los apoyos gubernamentales. Los hogares con menor educación reciben hoy menos transferencias monetarias que en 2016, pasando de 670 a apenas 140 pesos mensuales.
Hay comunidades donde esta reducción ha significado la diferencia entre mantener a un hijo en la escuela o enviarlo a trabajar. Mientras, los hogares con mayor educación siguen recibiendo más apoyo, perpetuando el círculo de desigualdad.
La solución, como señala el CEEY, requiere de políticas focalizadas; los programas que combinan transferencias condicionadas con acompañamiento educativo han demostrado ser efectivos.
De acuerdo con los especialistas, necesitamos más que eso: una reforma estructural que garantice igualdad de oportunidades desde la primera infancia, porque como bien ha quedado evidencia: “en México, el lugar donde naces determina demasiado el lugar al que puedes llegar”.
Los datos son alarmantes, pero no definitivos.
Existen ejemplos de comunidades que logran transformarse y avanzar cuando se les brindan las herramientas adecuadas.
El reto -concluyen los expertos- es escalar esas soluciones antes de que la brecha educativa se convierta en una fractura social irreversible.



