JUSTICIA

Detención de Isidro Pastor Medrano, fin tardío de una era de poder y corrupción en Edoméx

* Ésta detención, destapa el derrumbe del antiguo régimen mexiquense, un sistema que creyó eterno y que hoy se desmorona sin disimulo……

Por Karina Rocha

La caída de Isidro Pastor Medrano no sorprende a nadie dentro del ajedrez político mexiquense, sorprende únicamente lo mucho que tardó en consumarse, porque su nombre llevaba años rebotando en expedientes, columnas, rumores y conversaciones soterradas entre operadores que preferían mirar hacia otro lado para no incomodar a los viejos jefes del PRI, ahora su detención explota como un recordatorio crudo de que las estructuras que parecían intocables por décadas empiezan a derrumbarse, y lo hacen sin elegancia, sin resistencia y sin el manto protector que antes garantizaba impunidad a quienes servían con disciplina al régimen priista que dominó el Estado de México durante generaciones.

El operador que encarnó la decadencia del sistema

Pastor Medrano arrastraba desde hace años una sombra pesada, una sombra construida a base de opacidad, discrecionalidad y un estilo de operación política que, en su momento, fue celebrado por los suyos y temido por los demás, su paso por la dirigencia estatal del PRI y por áreas estratégicas como Desarrollo Metropolitano y Movilidad del Gobierno del Estado de México, dejó una estela de señalamientos que nunca fueron atendidos porque la lógica era simple, mientras funcionara para el sistema, no había razón para tocarlo, su cercanía con gobiernos que hicieron del Estado de México un laboratorio de clientelismo, control territorial y pactos subterráneos lo volvió pieza indispensable en la administración del poder, y esa misma lealtad al viejo orden hoy lo hunde, porque el andamiaje que lo protegió durante décadas ya no existe y porque la narrativa oficial ha cambiado, ahora quien alguna vez sirvió como engrane fundamental es presentado como un ejemplo de corrupción que debe ser castigado.

Pastor no cae solo, cae arrastrando un símbolo, cae evidenciando el desgaste irrevocable de una cultura política que se creía eterna, su caso es la muestra de que los pilares del priismo mexiquense están corroídos por dentro y que el sistema que alguna vez presumía control total ahora es apenas un cascarón frágil que no puede proteger ni a sus viejos operadores, sin embargo, hay que destacar que, gran parte de los esbirros que, alguna vez sirvieron a pie juntillas a Pastor Medrano, mejor conocido como “El comandante Pastor” y que, de una u otra forma también se beneficiaron de esa “era de corrupción incontrolable” en el Estado de México, hoy forman parte de las filas de Morena y la llamada 4T.

Un expediente que creció en silencio mientras el blindaje político se erosionaba
Las investigaciones por operaciones con recursos de procedencia ilícita no surgieron de manera repentina, se fueron acumulando como sedimento durante años, alimentadas por depósitos millonarios sin explicación convincente, adquisiciones inmobiliarias incompatibles con su trayectoria pública y un estilo de vida que desmentía cualquier discurso de austeridad institucional, sin dejar de mencionar que, en algún momento de su carrera política, hizo uso de una demanda de manutención orquestada por su ya entonces, ex esposa, que lo envolvió en un manto de supuesta austeridad económico que le impedía pagar lo que un juez había ordenado: la manutención de sus hijos, hoy mayores.

Sin embargo, al paso del tiempo, la maquinaria que lo protegía se fue debilitando con cada cambio de administración, con cada fractura interna del PRI y con cada derrota electoral que restaba poder de negociación a los grupos que, durante décadas, impusieron silencios y borraron expedientes, sin dejar de mencionar que, si alguien sabía de las corruptelas y abusos de Pastor Medrano y lo “arropó” por años, fue el hoy ex Presidente Enrique Peña Nieto, el “innombrable por la administración federal morenista”, tras los acuerdos, “en lo oscurito”, con Andrés Manuel López Obrador.

Pero, de repente, su ausencia reiterada en audiencias y sus constantes excusas por enfermedad, solo reforzaron la percepción de que la justicia finalmente avanzaba hacia un personaje que, durante años, pareció inmune, esas ausencias que antes habrían sido negociadas tras bambalinas, hoy se convirtieron en un indicio claro de que la red de protección ya no tiene la capacidad de detener el embate institucional, y el silencio de sus antiguos aliados terminó siendo la sentencia más contundente, porque confirma que Pastor Medrano se quedó solo en un tablero que él mismo ayudó a construir pero que ahora lo expulsa sin contemplación.

Un mensaje que el priismo no puede ignorar

Su captura en Toluca envía un mensaje directo, duro y perfectamente calculado, el tiempo de la impunidad negociada se terminó y el viejo priismo mexiquense enfrenta ahora un escenario donde cada expediente olvidado, cada operación dudosa y cada abuso tolerado puede convertirse en un golpe demoledor, Pastor no es el único con señalamientos, es simplemente el primero en caer en un contexto donde las instituciones buscan legitimidad y donde el desgaste del PRI es tan profundo que ya no puede defender ni siquiera a quienes fueron sus operadores más fieles.

La detención también reacomoda el mapa político, porque exhibe quién tiene fuerza, quién perdió relevancia y quién intenta reposicionarse a costa de sacrificar figuras emblemáticas del pasado, Pastor ya no es un personaje útil para nadie, y por eso su caída es política, simbólica y estratégica, sobre todo en estos momentos donde el priismo mexiquense, apoyado por los viejos pilares del tricolor, empiezan a moverse como piezas de ajedrez, en un afán de capitalizar los embates que sufre Morena, el Gobierno Federal, los gobiernos estatales y municipales, ante la violencia e inseguridad que priva en el país y, como sea, Isidro pastor Medrano siempre fue pieza clave para llevar a cago “el trabajo oscuro”, si era necesario y, tras su detención, su experiencia operativa queda inoperable.

Un cierre que inaugura otro ciclo

Cabe comentar que su traslado al Penal de Santiaguito, en Almoloya de Juárez, es más que un acto administrativo, es la clausura de una etapa en la política mexiquense, es el mensaje de que el viejo régimen ya no dicta las reglas y de que la clase política que se creyó por encima de la ley, ahora debe enfrentar procesos que antes se evitaban con una llamada, una firma o un acuerdo.

El caso Pastor será observado como termómetro del reacomodo institucional en el Estado de México, si el proceso avanza sin tropiezos, representará un precedente que abrirá otros expedientes que hoy duermen en archiveros polvorientos, y si se estanca, expondrá que la transformación del sistema es apenas parcial y que los viejos vicios siguen vivos aunque ya no tengan la misma fuerza.

Mientras tanto, su caída funciona como un espejo incómodo para quienes aún creen que los privilegios del ayer siguen vigentes, un espejo donde se refleja, con crudeza, el ocaso definitivo del antiguo régimen.

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