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Edomex “ofrece” la canasta básica más cara del país

* Limón y papa disparan precios, autoridades mexiquenses sin estrategia para frenar golpe a las familias……

El Estado de México encabeza, en febrero, la lista nacional con la Canasta Básica Alimentaria más cara del país al alcanzar un promedio de 2,385 pesos, cifra que no solo supera por más de 300 pesos la media nacional de 2,062.42 pesos, sino que exhibe la incapacidad de las autoridades mexiquenses para contener la escalada de precios que golpea directamente a millones de familias, mientras tanto, no existe una estrategia clara ni efectiva para garantizar que los mexiquenses puedan adquirir la canasta básica completa. Edoméx, líder en Carestía

El reporte de la Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes confirma que la entidad más poblada del país es también la más castigada por el encarecimiento de alimentos esenciales, lejos de representar un dato aislado, el primer lugar en carestía refleja una tendencia sostenida que coloca a los hogares mexiquenses en franca desventaja frente a otras entidades.

Nayarit con 2,333 pesos, Colima con 2,316 pesos, Chihuahua con 2,282 pesos y Tabasco con 2,277 pesos aparecen también entre los más altos, sin embargo, ninguno rebasa el nivel que hoy enfrentan los mexiquenses, quienes deben destinar una proporción cada vez mayor de su ingreso únicamente para cubrir lo indispensable.

El aumento mensual nacional fue de 15.97 pesos equivalente a 0.78 por ciento, pero en el caso mexiquense el problema no es solo el incremento reciente, sino el acumulado que ha convertido al estado en el epicentro de la carestía sin que exista un plan emergente estatal que amortigüe el impacto.

Productos Disparados, mesa vacía

Los incrementos más agresivos se concentran en productos fundamentales para la dieta cotidiana, la papa subió 15.32 por ciento al pasar de 28.66 a 33.05 pesos por kilo, el limón aumentó 15.30 por ciento de 31.36 a 36.16 pesos por kilo, convirtiéndose en símbolo de una inflación que no da tregua.

A estos se suman la sal de mesa con un incremento de 5.91 por ciento, los chiles en escabeche con 5.20 por ciento y el jabón de lavandería con 3.75 por ciento, es decir, no solo se encarece la comida, también los productos básicos de higiene, configurando un escenario donde el gasto mínimo indispensable se vuelve cada vez más inalcanzable.

El limón, pieza esencial en la alimentación mexicana y en miles de pequeños negocios de comida, se convierte en un termómetro social, cuando este producto sube, sube el costo de tacos, antojitos y alimentos preparados, golpeando tanto al consumidor como al microempresario.

Sin estrategia, sin contención

Mientras el informe de la Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes pone cifras al problema y el Instituto Nacional de Estadística y Geografía reporta una inflación anual de 3.79 por ciento y una inflación subyacente de 4.52 por ciento, la más alta desde marzo de 2024, en el Estado de México no se observa una política pública estatal específica que amortigüe la presión.

No hay subsidios focalizados, no hay incentivos logísticos visibles, no hay programas extraordinarios que compensen la diferencia de más de 300 pesos respecto al promedio nacional, el silencio institucional contrasta con la urgencia social.

Resulta ineludible señalar que la falta de coordinación eficaz en mercados, transporte y supervisión de cadenas de distribución también incide en el encarecimiento, la ausencia de acciones contundentes convierte a las autoridades mexiquenses en corresponsables de que hoy la canasta básica sea la más cara del país.

Impacto directo en el poder adquisitivo

En una entidad donde millones de personas viven con ingresos limitados, el hecho de que la canasta básica supere los 2,300 pesos implica que una parte significativa del salario se destine exclusivamente a alimentación, dejando en segundo plano salud, educación, transporte y vivienda.

El diferencial de más de 300 pesos frente al promedio nacional no es una cifra menor, representa días de trabajo adicionales para miles de trabajadores informales, representa la decisión diaria de sacrificar calidad o cantidad en los alimentos, representa familias que sustituyen productos o simplemente dejan de comprarlos.

Pequeños comerciantes advierten que el consumo interno comienza a resentirse, cuando el cliente compra menos, el negocio vende menos, cuando el negocio vende menos, reduce personal o cierra, generando un círculo de afectación económica que trasciende la mesa del hogar.

La narrativa oficial suele atribuir el fenómeno a factores climáticos, estacionales o logísticos, pero la realidad es que otras entidades enfrentan las mismas condiciones sin alcanzar el nivel de precios que hoy padece el Estado de México, lo que obliga a cuestionar la eficacia de la gestión local.

Hoy, más que un dato estadístico, el liderazgo en la canasta básica más cara del país es un síntoma de desatención estructural, mientras no exista una estrategia integral que incluya vigilancia de precios, apoyo directo a familias vulnerables y fortalecimiento de cadenas de suministro, los mexiquenses seguirán pagando la factura más alta del país por el simple derecho de comer, y la omisión gubernamental seguirá siendo parte del problema, no de la solución.

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