* Golpe diplomático y económico contra la política aérea mexicana……
Por Mary González
El colapso de una apuesta militarizada
El anuncio del Departamento de Transporte de los Estados Unidos (DOT) representa un golpe devastador para la aviación mexicana, 13 rutas operadas por aerolíneas nacionales fueron revocadas y todos los vuelos de pasajeros y carga desde el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA) quedaron suspendidos, la decisión deja al descubierto el fracaso de la política aérea impuesta por el gobierno mexicano que desde su origen mezcló caprichos políticos, improvisación técnica y control militar, una combinación que hoy exhibe sus consecuencias más graves en el plano internacional.
El DOT justificó su decisión señalando que México violó acuerdos bilaterales de aviación civil al reubicar forzosamente las operaciones de carga hacia el AIFA, un aeropuerto administrado por la Secretaría de la Defensa Nacional, con ello se quebrantaron principios básicos de la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA) que prohíben la participación de fuerzas armadas en la gestión de aerolíneas civiles y en la administración directa de terminales con operaciones internacionales, los estadounidenses fueron claros, no negociarán con un sistema que difumina los límites entre autoridad civil y control militar, la sanción, más allá de la diplomacia, evidencia el aislamiento al que México se condujo voluntariamente por insistir en convertir el AIFA en un símbolo político antes que en un proyecto técnico viable.
Una crisis anunciada
Las advertencias estaban sobre la mesa desde 2022, cuando diversas asociaciones de pilotos, controladores y organismos internacionales alertaron sobre las irregularidades en la gestión del espacio aéreo mexicano y la falta de autonomía en los procesos de certificación, sin embargo, el gobierno optó por ignorarlas, apostando todo al discurso nacionalista que vendía al AIFA como “el aeropuerto del pueblo”, mientras se desmantelaba la infraestructura del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM) y se relegaba a la obsolescencia al de Toluca, hoy la realidad cobra factura, con un sistema colapsado, rutas canceladas, aerolíneas afectadas y miles de empleos en riesgo.
La medida del DOT no solo congela el crecimiento de las operaciones aéreas entre México y Estados Unidos, también congela la credibilidad de la autoridad aeronáutica mexicana, un país que apenas recuperaba la categoría 1 de seguridad aérea otorgada por la Administración Federal de Aviación estadounidense, ahora vuelve a enfrentar el escrutinio internacional, esta vez no por deficiencias técnicas sino por decisiones políticas, la militarización del AIFA, la imposición de traslados forzados y la opacidad en la gestión operativa han minado toda confianza.
Las consecuencias económicas el capricho político
El impacto será severo, los vuelos suspendidos representan miles de toneladas de mercancías y millones de dólares en intercambio comercial, particularmente en sectores automotriz, farmacéutico y de alimentos perecederos que dependen del transporte aéreo entre ambos países, el turismo también se verá afectado, con una reducción inmediata en la conectividad internacional y un golpe directo a destinos que dependen de visitantes estadounidenses, la decisión del DOT llega en el peor momento, cuando el país enfrenta desaceleración económica y pérdida de inversión extranjera, factores que ahora se agudizan con la incertidumbre sobre su política aérea.
El daño no se limita al AIFA, también alcanza al Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, donde el DOT ordenó congelar cualquier crecimiento de rutas o frecuencias, la medida congela el potencial logístico de todo el sistema aeroportuario nacional y envía un mensaje demoledor a los inversionistas, que perciben un país donde las decisiones técnicas son subordinadas a la política, las aerolíneas mexicanas enfren an la cancelación de vuelos, pérdidas millonarias y riesgo de incumplimiento de contratos internacionales, todo por una política improvisada que priorizó el control militar sobre la competencia y la eficiencia.
El costo político de la soberbia
En redes sociales, la reacción fue inmediata, usuarios y analistas señalaron directamente a la presidenta Claudia Sheinbaum y al expresidente Andrés Manuel López Obrador como responsables del desastre, acusándolos de haber convertido al AIFA en un monumento a la obediencia castrense y al populismo, la narrativa del “aeropuerto del pueblo” se desmorona frente a una realidad en la que ni los ciudadanos ni las aerolíneas se benefician, la infraestructura subutilizada, la falta de conectividad terrestre y la ausencia de vuelos internacionales demuestran que el AIFA nunca fue una alternativa real al AICM sino un proyecto político impuesto.
El secretario de Transporte de Estados Unidos, Sean Duffy, advirtió que si México no cumple con los compromisos bilaterales, podrían aplicarse nuevas sanciones que afectarían incluso los planes de viaje de ciudadanos estadounidenses, recomendando a los pasajeros contactar a sus aerolíneas para reacomodos, un mensaje que equivale a un ultimátum diplomático, la paciencia de Washington se agotó frente a un socio que insiste en militarizar su espacio aéreo bajo el disfraz de soberanía.
La revocación de rutas y la suspensión del AIFA son más que un problema técnico, son el reflejo del aislamiento en el que ha caído México por convertir la aviación en una bandera ideológica, mientras el resto del mundo avanza hacia la modernización, el país retrocede hacia un modelo autoritario y centralista, el costo ya no solo se mide en rutas perdidas, sino en credibilidad, inversión y desarrollo, la llamada Cuarta Trans formación prometió independencia y grandeza, pero lo que entregó fue un aeropuerto vacío, una política aérea improvisada y un país que, literalmente, se quedó en tierra.



