Por Mireya Álvarez
Las luces, las ofertas y los regalos de fin de año no solo llenan hogares, también saturan basureros. La temporada navideña se ha convertido en uno de los periodos con mayor reemplazo de dispositivos electrónicos en México, un hábito que deja una huella ambiental cada vez más difícil de ignorar, la “basura electrónica”.
Datos del Global E-Waste Monitor 2024 revelan que, solo durante estas fechas, cada persona puede desechar hasta 11 kilogramos de aparatos electrónicos, lo que se traduce en 1.5 millones de toneladas anuales de residuos tecnológicos en el país. El problema se agrava porque México recicla apenas una fracción de esa cifra, dejando la mayor parte en tiraderos a cielo abierto o confinamientos sin control.
Ante ello, especialistas alertan que celulares, computadoras, televisores y cables, al mezclarse con basura doméstica, liberan sustancias altamente contaminantes, debido a que metales como cadmio y litio se filtran junto con los lixiviados hacia el suelo y los mantos acuíferos, contaminando ríos y fuentes de agua potable. Esta situación coloca a México como el “tercer mayor generador de chatarra electrónica en América”, solo por debajo de Estados Unidos y Brasil.
Investigadores de la UNAM señalan que, aunque algunos materiales valiosos como oro, cobre, aluminio y platino pueden recuperarse, muchos componentes tóxicos, como retardantes de flama y metales pesados, son difíciles de separar y representan un riesgo directo para el ambiente y la salud humana. La exposición a estas sustancias está asociada con daños neurológicos, afectaciones al sistema inmunológico, alteraciones genéticas, riesgos durante el embarazo e incluso cáncer.
El crecimiento acelerado de estos desechos tiene un origen claro, la obsolescencia programada, una práctica que acorta deliberadamente la vida útil de teléfonos, computadoras y electrodomésticos, empujando al consumidor a renovar equipos con mayor frecuencia. Frente a este escenario, algunas empresas han comenzado a impulsar alternativas como los dispositivos reacondicionados, que ofrecen un desempeño similar al de uno nuevo.
Firmas especializadas aseguran que optar por equipos seminuevos puede significar ahorros de hasta 60 por ciento para el consumidor y una reducción de hasta 92 por ciento en emisiones de CO₂ por cada unidad reutilizada, lo que representa una opción real para disminuir el impacto ambiental del consumo tecnológico.
El problema, sin embargo, no es exclusivo de México, a nivel global, los residuos electrónicos ya alcanzan 62 millones de toneladas al año, una cantidad suficiente para llenar el Estadio Azteca cinco veces. Esta montaña de basura se compone de seis grandes grupos: refrigeradores y aires acondicionados, pantallas, lámparas, electrodomésticos grandes, aparatos pequeños y equipos de cómputo.
Mientras el consumo tecnológico continúa creciendo, expertos coinciden en que repensar la forma en que compramos, usamos y desechamos nuestros dispositivos será clave para evitar que la innovación digital siga cobrando una factura ambiental cada vez más alta.



