CONTRAPENDIENTE

El “ligero” desbordamiento del río y enorme desbordamiento de la incompetencia

Por Karina Libien

No hay eufemismo que pueda ocultar la realidad, cuando el río Cazones decidió cobrar su factura, cientos de hogares quedaron bajo el agua en cuestión de horas, dos horas bastaron para que zonas clasificadas como de “baja probabilidad” de inundación quedaran anegadas hasta el segundo piso, y en ese escenario de pánico y pérdidas reales, la respuesta oficial fue un insulto disfrazado de tecnicismo, “se desbordó ligeramente”, ¿ligero?, para las familias que vieron sus vidas arrastradas por la corriente no existe palabra más obscena que esa, no hay consuelo en el lenguaje cuando el agua se llevó todo lo que construyeron durante años, no hay semántica que cubra la irresponsabilidad institucional.

El discurso que ahoga más que el agua

Quien pronunció esa frase, Rocío Nahle García, no sólo minimiza una tragedia, la trivializa, desde la silla del poder se eligen palabras como escudos para tapar vacíos operativos, se recurre a la retórica porque la logística falló, se prefiere hablar de “control” cuando en realidad no hubo previsión, las alertas llegaron tarde, la infraestructura hidráulica sigue siendo insuficiente y el plan de emergencia, cuando existe, parece pensado para la foto y no para salvar vidas, decir “ligero” es un acto político, una coartada para evitar el reclamo social, una forma de reducir el tamaño del desastre en los informes y evadir la responsabilidad de fondo.

La Federación ausente y el eco de las promesas

A nivel federal y de coordinación, las promesas también suenan huecas, que la Coordinación Nacional de Protección Civil figure en los comunicados no sustituye la presencia efectiva en las colonias inundadas, los llamados a la coordinación se quedan en boletines y ruedas de prensa mientras los damnificados recogen con cubetas lo poco que les queda, no basta con enviar drones ni con publicar cifras de ayuda, se necesita presencia física, capacidad de organización y voluntad política, porque en cada minuto de retraso hay un hogar perdido y una vida en riesgo.

Municipios entre el lodo y la omisión

En el ámbito municipal, la respuesta no mejora, en Poza Rica, el alcalde Fernando Remes Garza debe explicar por qué no hubo planes de evacuación claros ni rutas seguras habilitadas a tiempo, por qué las sirenas de alerta no sonaron y por qué las familias tuvieron que improvisar salvavidas con garrafones y llantas, en Álamo Temapache la alcaldesa Blanca Lilia Arrieta Pardo tiene la obligación de justificar la falta de logística y de centros de atención dignos desde las primeras horas, no puede alegarse sorpresa cuando los pronósticos meteorológicos advirtieron el riesgo con días de anticipación, no puede alegarse desconocimiento cuando la información estuvo ahí, lo que faltó fue decisión y planeación.

La foto, primero; la ayuda, después

Hay otro episodio que raya en la inmoralidad, la apropiación política de la solidaridad ciudadana, camiones llenos de víveres, ropa y medicinas recolectados por vecinos, por iglesias, por asociaciones civiles y por estudiantes, arriban a la entidad gracias al esfuerzo privado y comunitario, sin embargo, cuando esos camiones tocan tierra, aparecen instantáneamente los funcionarios para repartir la ayuda y posar frente a las cámaras como si aquel esfuerzo fuera propio, como si el Estado hubiera cumplido, robarse la foto no equivale a resolver la emergencia, pero sí demuestra el cálculo electoral que se antepone al auxilio real, el oportunismo brilla mientras la desesperación se esconde tras las puertas enlodadas.

Tragedia con guion político

Esto no es casualidad ni mala suerte, es negligencia administrativa y teatralidad política, es dejar que la tragedia ocurra y, encima, pretender capitalizar el dolor ajeno con discursos tibios y gestos fotogénicos, es un reflejo de un sistema que sólo reacciona cuando hay cámaras y micrófonos, mientras tanto la población empapada, herida y sin certezas, sigue dependiendo de centros de acopio improvisados, de voluntarios anónimos y de manos solidarias que hacen el trabajo que el Estado debería garantizar por obligación, los verdaderos héroes son los que no salen en las fotos, los que cargan costales, los que limpian escombros, los que cocinan para cientos de desconocidos.

Un llamado a la responsabilidad real

Rocío Nahle, Fernando Remes, Blanca Lilia Arrieta y todas las oficinas de Protección Civil implicadas deben dejar de pelear por la foto y ponerse a trabajar como si las vidas que dicen cuidar fueran su prioridad real y no su instrumento político, la gente no necesita titulares ni comunicados, necesita barro sacado de sus casas, necesita comida caliente, necesita techo y explicaciones claras sobre por qué no se actuó a tiempo, necesita sentir que el gobierno no es un espectador de su desgracia, sino un aliado de su recuperación, que el poder sirve para prevenir tragedias, no para encubrirlas con frases huecas.

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