Por Karina Rocha
Es terriblemente lamentable que la llamada Cuarta Transformación en el Estado de México insista en repetir el discurso vacío de “primero los pobres”, mientras avala, una vez más, un incremento en el costo del transporte público, un golpe directo al bolsillo de las familias mexiquenses que, como siempre, son quienes terminan pagando los platos rotos de la corrupción y la complicidad gubernamental con el “pulpo camionero”.
Resulta indignante que, en lugar de mejorar el servicio, retirar de circulación las unidades “chatarra” y exigir una verdadera capacitación a los operadores, se piense únicamente en aumentar tarifas; cada camión que circula en la entidad se ha convertido en un auténtico “ataúd ambulante”: choferes sin preparación, vehículos en pésimas condiciones y un servicio que dista mucho de ser digno pero, eso sí, cada cierto tiempo el gobierno cede ante las presiones de las mafias transportistas.
La sospecha es más que evidente: los aumentos no son una necesidad técnica ni social, sino parte de un perverso trueque político cuando el pulpo camionero ofrece votos, acarreo y apoyo electoral a Morena a cambio de que les permitan seguir exprimiendo a los usuarios, una vieja práctica del clientelismo disfrazada con un nuevo discurso populista.
Mientras tanto, ¿qué pasa con las familias? Basta ver un presupuesto familiar: con un ingreso de 12 mil pesos mensuales, al descontar servicios básicos como gas, luz, internet, colegiaturas y transporte escolar, apenas quedan poco más de 5 mil pesos para sobrevivir todo el mes y, si a eso se suma un aumento al pasaje, la economía doméstica se vuelve insostenible, mientras el gobierno presume programas sociales, pero por otro lado asfixia a los ciudadanos con tarifas que no corresponden al pésimo servicio que reciben.
El Estado de México es un ejemplo de cómo la demagogia se impone a las verdaderas soluciones cuando no hay un plan integral de movilidad, no hay rutas seguras, no hay supervisión técnica ni laboral a los concesionarios, lo que sí hay es una política de sometimiento ante los transportistas, quienes han encontrado en el gobierno un socio complaciente.
La 4T en el Edoméx debe dejar de escudarse en discursos y demostrar con hechos que gobierna para el pueblo, no para los intereses de un sector que se enriquece a costa del sufrimiento de millones de usuarios. Lo contrario solo confirma lo que muchos ya saben: aquí no gobiernan los ciudadanos, gobierna el pulpo camionero.



