EDOMEX

En Edoméx, huachicoleo fuera de control

* El discurso oficial se desmorona mientras el delito crece sin freno……

* Aseguramiento de 31 mil litros de hidrocarburo en Santa María Rayón, lejos de representar un triunfo institucional, evidencia la magnitud del huachicoleo en el Estado de México, un delito que opera con redes logísticas completas, complicidades oficiales y absoluta normalización social……

Por Mary González

Mientras el gobierno presume resultados contundentes en materia de seguridad, los hechos documentados demuestran exactamente lo contrario, lejos de disminuir, el huachicoleo en el Estado de México se ha convertido en una industria criminal más sólida, rentable y protegida que nunca, operando con total impunidad en municipios urbanos, rurales, industriales y conurbados, sin distinción de clase social ni geografía, lo alarmante no es sólo el número de tomas clandestinas o el volumen de combustible robado, sino la normalización de este crimen, convertido en una actividad cotidiana que involucra desde campesinos hasta funcionarios, desde policías municipales hasta operadores de pipas autorizadas, desde huachicol callejero hasta redes empresariales perfectamente estructuradas.

Aseguran 31 mil litros de hidrocarburo en el Edomex

El aseguramiento de 31 mil litros de hidrocarburo en Santa María Rayón fue presentado por las autoridades como un gran golpe contra el robo de combustible, sin embargo, este caso no representa una victoria, sino la evidencia pública de un fenómeno que ya se salió de control, elementos de la Guardia Nacional detuvieron a un sujeto que conducía un tractocamión con autotanque repleto de combustible sin acreditación legal, un solo individuo, un solo camión, una sola detención, ¿y dónde están los demás?, nadie roba esa cantidad de hidrocarburo por cuenta propia, detrás de cada pipa ilegal hay una estructura completa que va desde quien abre la válvula en el ducto de Pemex hasta quien comercializa el combustible en gasolineras legales, talleres mecánicos, obras públicas y patrullas oficiales que también cargan gasolina robada.

Lo ocurrido en Santa María Rayón no es un caso aislado, es apenas una gota de un océano criminal que se extiende por todo el territorio mexiquense, en colonias como Ojo de Agua se decomisan drogas, armas, cartuchos y vehículos junto con hidrocarburo robado, lo cual confirma que el huachicoleo no es un delito solitario, sino un engrane más del crimen organizado, en municipios densamente poblados como Nezahualcóyotl se detiene incluso a delincuentes internacionales, mientras en otras regiones como Aldama, Chihuahua o Villagrán, Guanajuato, se aseguran arsenales completos que operan bajo el mismo esquema, robo de recursos públicos para financiar violencia, todo con la complacencia de un sistema que mira hacia otro lado.

Un delito que el gobierno finge combatir pero en realidad tolera

La narrativa oficial asegura que hay operativos constantes, fuerzas federales desplegadas, coordinación interinstitucional y estrategias sólidas, sin embargo, las cifras nacionales revelan un crecimiento sostenido del robo de combustible, el Estado de México ocupa los primeros lugares en tomas clandestinas detectadas, pero lo más preocupante es que por cada aseguramiento hay decenas de cargas que pasan sin ser detectadas, según testimonios recogidos por habitantes de zonas afectadas, los ductos son ordeñados a plena luz del día, con vigilancia de halcones y a veces custodiados por patrullas municipales, el huachicol bajó de los cerros a las avenidas, de las brechas rurales a los estacionamientos de centros comerciales donde las pipas ilegales se disfrazan de proveedores autorizados.

El gobierno insiste en presentar cada decomiso como una prueba de eficacia, cuando en realidad es un reconocimiento público del fracaso, no hay estrategia real, no hay contención efectiva, sólo números maquillados y conferencias de prensa llenas de euforia institucional, celebrar el aseguramiento de 31 mil litros es tan ridículo como presumir que se atrapó a un charal en medio de una red de tiburones, el robo de combustible en el Estado de México no se detendrá mientras las autoridades sigan protegiendo a los responsables desde dentro, mientras se siga atacando al peón y dejando libres a los capos, mientras los propios funcionarios se sigan beneficiando con contratos, concesiones y mochilas llenas de billetes manchados de gasolina.

El huachicoleo no es sólo un delito económico, es un síntoma brutal de un Estado débil, corrupto y cómplice, mientras el gobierno se sienta a redactar informes llenos de autoelogios, los ductos siguen perforados, las pipas siguen circulando, las gasolineras siguen vendiendo combustible ilegal, los criminales siguen reclutando jóvenes con la promesa de un sueldo asegurado y protección garantizada.

Si el Estado de México no enfrenta este delito con verdadera voluntad política, pronto no hablaremos de huachicoleros como bandas aisladas, sino como el nuevo sistema económico paralelo, uno que opera sin impuestos, sin reglas y sin consecuencias, mientras tanto, que nadie se engañe, cada litro robado representa un peso menos para hospitales, escuelas, transporte y servicios básicos, cada pipa ilegal que cruza el territorio es una declaración de derrota gubernamental, el huachicoleo no disminuye, se fortalece y el silencio oficial lo alimenta día con día.

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