LA REVELACION

Gasolina invisible, gobiernos ausentes

Por Karina Rocha

Lo que comenzó como una situación irregular en algunas zonas del país, ya es una crisis nacional; la escasez de gasolina ha golpeado con fuerza a varias entidades, entre ellas el Estado de México, donde ayer, decenas de estaciones de servicio, sobre todo en el Valle de Toluca, cerraron por completo ante la falta de combustible.

En contraste, las pocas que seguían operando fueron abarrotadas por automovilistas desesperados, en escenas que recordaban los momentos más caóticos de la pandemia incluso, algunos lo llamaron “compras de pánico”, pero lo que realmente vimos fue una muestra clara de un gobierno que no responde.

El silencio es, hasta ahora, la única respuesta oficial, pues ni el gobierno federal ni el estatal han emitido comunicados claros, mucho menos propuesto soluciones para atender esta emergencia.

La falta de información solo alimenta el desconcierto y la molestia ciudadana, mientras se multiplican las filas, las especulaciones y la incertidumbre, las redes sociales están llenas de videos, testimonios y reclamos; las calles, de autos detenidos por falta de gasolina.

La narrativa de la autosuficiencia energética que tanto ha presumido el gobierno federal se desmorona ante esta realidad, la gasolina no es escasa por falta de producción -al menos no todavía- sino por una cadena de distribución colapsada: conflictos laborales, bloqueos en terminales de almacenamiento, falta de pagos a transportistas y, sobre todo, una evidente desorganización institucional y, una vez más, la parálisis burocrática se convierte en una crisis que paga la ciudadanía.

El caso del Estado de México es alarmante porque revela la fragilidad de la zona metropolitana más importante del país, con millones de personas dependiendo del transporte privado, público o de carga, la gasolina no es un lujo: es un insumo esencial para la vida cotidiana y, cuando escasea, no solo se afecta la movilidad, también se encarecen los productos, se detienen actividades comerciales y se eleva la tensión social.

Lo más preocupante es que nadie da la cara, las autoridades no solo han evitado explicar el origen de esta crisis, sino que parecen decididas a minimizarla, mientras tanto, los ciudadanos hacen fila, cruzan municipios buscando una estación abierta, y rezan para que el combustible no se acabe antes de encontrar una.

En un país que presume soberanía energética, la gasolina se ha vuelto invisible y, con ella, también la responsabilidad del Estado, porque si hay algo más escaso que el combustible en México hoy, es la voluntad política para enfrentar los problemas con seriedad.

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