LA REVELACION

Golpe a la yugular de la justicia mexicana

Por Karina Rocha

Por fin se cumplió el capricho de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y, como se había anticipado, magistrados y magistradas recibieron el famoso bastón de mando que, más que fortalecer al poder judicial, lo exhibe como un escenario de ocurrencias, nadie sabe con certeza qué función tendrá este símbolo para que la Corte ejerza la justicia como debe y no como puedan o quieran, lo cierto es que la democracia mexicana recibió un golpe letal, una especie de tiro de gracia disfrazado de ceremonia solemne que en nada cambia la realidad del país.

El bastón de mando debería ser un recordatorio de compromiso social y de independencia, sin embargo en manos de algunos ministros que desconocen la ley, se convirtió en un adorno vacío que refleja más bien la teatralidad con la que se maneja la élite judicial, mientras miles de ciudadanos esperan sentencias rápidas y justas, los ministros se entretienen con símbolos que alimentan el ego pero no resuelven la corrupción, la impunidad ni la burocracia que ahogan al sistema de justicia, el mensaje hacia la sociedad es claro, los problemas de fondo no importan porque la prioridad es el espectáculo.

Lo preocupante es que este tipo de ritos generan más desconfianza que certeza, parecen ejercicios de santerismo institucional que alimentan la percepción de que la justicia mexicana no se guía por leyes ni principios sino por supersticiones y caprichos, los ministros se visten de símbolos pero se despojan de autoridad moral, muestran un rostro solemne hacia afuera pero en realidad lo que hay detrás es un vacío de legitimidad y de credibilidad que se agranda con cada acto innecesario.

La democracia se resquebraja cuando los encargados de impartir justicia se convierten en protagonistas de ceremonias que no ofrecen soluciones, el ciudadano común percibe que los poderes del Estado viven en una burbuja desconectada de la realidad, mientras tanto la violencia crece, la desigualdad se profundiza y la impunidad sigue siendo la regla, lo que debería ser un poder serio y autónomo se degrada en una puesta en escena que deja más preguntas que respuestas.

En este contexto no sorprende que el gobierno de Donald Trump y el propio Trump sigan siendo vistos por algunos sectores como una esperanza para México, es un reflejo de la desesperanza interna, de la falta de rumbo y de la ausencia de liderazgos que inspiren confianza, si la Suprema Corte necesita bastones para sostenerse entonces el país entero corre el riesgo de desplomarse bajo el peso de sus propias simulaciones.

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