* Autoridades presumen calma mientras cárteles disputan territorio……
* Hasta 2024, el CJNG tenía presencia en 60 municipios mexiquenses……
* La Familia Michoacana operaba en 75 demarcaciones……
Por Mary González
La caída de Nemesio Oseguera Cervantes, alias Nemesio Oseguera Cervantes, conocido como El Mencho, abrió un escenario incierto en el Estado de México, lejos de representar el fin de la violencia, el debilitamiento del Cártel Jalisco Nueva Generación podría detonar un reacomodo criminal que fortalezca a su principal rival en la entidad, el grupo de La Familia Michoacana, mientras el discurso oficial insiste en que no hay focos rojos.
El secretario de Seguridad mexiquense, Cristóbal Castañeda Camarillo, aseguró que se mantienen atentos al comportamiento de los grupos delictivos y que no se puede descartar ningún escenario, particularmente en la zona sur del estado, región históricamente golpeada por la presencia de organizaciones criminales, sin embargo, la narrativa institucional insiste en que no hay brotes de violencia y que los indicadores van a la baja.
Las cifras de la Fiscalía General de Justicia del Estado de México revelan un dato inquietante, hasta 2024 el CJNG tenía presencia en 60 municipios mexiquenses, mientras que La Familia Michoacana operaba en 75 demarcaciones, lo que confirma que el territorio estatal es uno de los más codiciados por las estructuras criminales, no solo por su densidad poblacional sino por su posición estratégica como corredor logístico y económico.
Existen regiones donde ambos grupos han disputado control territorial, cobro de piso, tráfico de drogas y robo de vehículos, dos de los delitos que suelen detonar espirales de violencia cuando hay fracturas internas o luchas por liderazgo, aunque el gobierno estatal presume que diciembre pasado fue el mes con menos homicidios desde 2015 y que el robo de vehículos también muestra reducción, la experiencia indica que los reacomodos criminales no siempre se reflejan de inmediato en estadísticas, sino que se incuban en silencio hasta estallar.
Por otro lado, reconocen autoridades que la cercanía con Michoacán es el punto que más preocupa, así como algunos episodios en colindancia con Puebla, zonas donde históricamente se han registrado incursiones armadas, bloqueos y enfrentamientos, pese a ello, la postura oficial insiste en que el despliegue es preventivo y que no existe una situación que genere alarma.
La historia reciente demuestra que los vacíos de poder no permanecen mucho tiempo sin ocupar, si el CJNG pierde cohesión tras la caída de su líder, lo lógico es que otros grupos intenten absorber plazas, rutas y estructuras de cobro, lo que podría traducirse en ajustes de cuentas, reclutamiento forzado y nuevas pugnas locales.
Durante el fin de semana fueron localizados cinco vehículos con características similares a los utilizados en los actos vandálicos registrados en Jalisco, aunque las autoridades aseguraron que no existe vínculo confirmado, el simple hallazgo evidencia que los ecos de la violencia no son ajenos al territorio mexiquense, además se informó sobre la detención de dos personas relacionadas con los hechos, sin que hasta ahora se detallen mayores resultados.
La insistencia en que no hay motivos de preocupación contrasta con la dimensión del mapa criminal expuesto por la propia Fiscalía, donde más de la mitad de los municipios presentan presencia de alguna de estas organizaciones, hablar de estabilidad en ese contexto parece más un intento de contener la percepción pública que una radiografía completa del riesgo.
El Estado de México no es un territorio periférico en la dinámica del crimen organizado, es el corazón económico del país y cualquier fractura en el equilibrio entre grupos delictivos puede impactar no solo en seguridad, sino en inversión, movilidad y vida cotidiana, la caída de un líder no significa la desaparición de la estructura que lo sostuvo durante años, y minimizar esa realidad podría resultar costoso.
Hoy el gobierno apuesta a la prevención y a la vigilancia reforzada, pero la verdadera prueba será evitar que el vacío dejado por un capo se convierta en la antesala de una expansión silenciosa, porque en materia de crimen organizado, la calma aparente suele ser solo el preludio de la tormenta.



