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Informalidad, rostro real del mercado laboral en México

* Concanaco-Servytur propone ruta de incentivos para que la formalidad sea un camino accesible a través de seis ejes……

Por Martha Romero

Durante el tercer trimestre de 2025, México alcanzó los 59.5 millones de personas ocupadas, sin embargo, el 55.4 por ciento trabaja en la informalidad y apenas el 44.6 por ciento lo hace dentro del marco formal. No se trata de una cifra aislada ni de una anomalía coyuntural: es la confirmación de un modelo económico incapaz de integrar a su propia población productiva.

Este nivel de informalidad no solo refleja precariedad laboral, sino una fractura profunda entre el discurso oficial y la realidad cotidiana. Mientras se habla de crecimiento, bienestar y prosperidad compartida, más de la mitad de quienes sostienen la economía carecen de seguridad social, contratos estables, pensiones y derechos laborales efectivos.

El problema es aún más grave en el universo empresarial. De los 6.1 millones de micro, pequeñas y medianas empresas (MIPyMEs) existentes, el 67 por ciento opera en la informalidad, con una concentración brutal en la microempresa, donde el fenómeno alcanza al 94.3 por ciento. Es decir, el corazón del aparato productivo mexicano funciona, en su mayoría, fuera de la ley no por vocación antisistema, sino por expulsión institucional.

La ruta de formalización: necesaria, pero insuficiente

Ante este panorama, la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, Servicios y Turismo presentó una llamada ruta de formalización productiva, basada en seis frentes: simplificación administrativa, incentivos a la contratación formal, productividad, digitalización y seguridad.

La iniciativa reconoce algo fundamental: la informalidad no es una elección ideológica, sino el resultado de barreras económicas, regulatorias y territoriales. Sin embargo, el gran riesgo es que esta ruta termine convertida en otro documento bien intencionado que no se traduzca en cambios estructurales.

Porque el problema no es solo técnico, es político. El Estado mexicano ha permitido durante décadas que formalizarse sea más caro, más lento y más riesgoso que permanecer en la informalidad. Mientras eso no cambie, cualquier estrategia seguirá siendo cosmética.

Economía informal: el “éxito” que en realidad es tragedia

El presidente de la Confederación, Octavio de la Torre Stéffano, lo dijo con claridad: la informalidad no debe verse como enemigo social, sino como síntoma de abandono del territorio. Pero esa lectura, aunque correcta, exige una conclusión incómoda: el verdadero responsable es el Estado.

La economía informal aporta 25.4 por ciento del Producto Interno Bruto, lo que equivale a más de seis billones de pesos. Para algunos, esto se presenta como prueba de “resiliencia”. En realidad, es una confesión de derrota. Cada peso generado fuera de la formalidad representa una persona sin acceso pleno a salud, sin protección frente a accidentes, sin futuro pensionario.

Peor aún, entre 2024 y 2025 se registró una disminución de 43 mil 578 registros patronales ante el Instituto Mexicano del Seguro Social, mientras aumentaron en 900 mil las altas de personas físicas con actividad empresarial en el Servicio de Administración Tributaria. El mensaje es brutal: México sigue emprendiendo, pero cada vez más lejos del empleo formal.

Octavio de la Torre Stéffano

Abrir un negocio cuesta más que sobrevivir en la informalidad

Formalizar un pequeño negocio puede costar alrededor de 28 mil pesos solo en trámites iniciales, sin contar licencias, dictámenes, gestorías, pagos recurrentes y fiscalización. Para una microempresa que apenas sobrevive, ese monto es una muralla infranqueable.

Así, el sistema empuja a millones a una lógica perversa: o permaneces informal o desapareces. No es una elección libre, es una imposición estructural.

Desde el ámbito local, Fernando Reyes Muñoz, presidente de la Cámara Nacional de Comercio, Servicios y Turismo del Valle de Toluca, reconoció que la formalización solo será viable si se construyen condiciones reales desde el territorio. Su postura es sensata, pero también revela una verdad incómoda: hoy esas condiciones no existen.

Las cámaras empresariales pueden acompañar, orientar y capacitar, pero no pueden sustituir al Estado. No pueden reducir impuestos, eliminar cargas absurdas ni garantizar seguridad en las calles. Sin esas bases, la formalización seguirá siendo un privilegio, no un derecho.

Un modelo que normalizó la precariedad

México ha construido un modelo económico que normalizó vivir al margen. La informalidad dejó de verse como emergencia y se convirtió en paisaje. Ese es el verdadero escándalo.

Cada punto porcentual de informalidad es una derrota de la política pública. Cada nuevo emprendedor que inicia sin registro es un recordatorio de que el sistema está diseñado para excluir.

Si el país quiere hablar en serio de crecimiento, primero debe resolver esta contradicción central: no se puede aspirar a desarrollo con más de la mitad de su fuerza laboral fuera del sistema.

La formalidad no puede seguir siendo un laberinto burocrático. Debe convertirse en un camino sencillo, barato y con beneficios tangibles. De lo contrario, las cifras de 2025 no serán una excepción, sino el preludio de un colapso mayor.

Porque cuando un país se acostumbra a vivir en la informalidad, lo que realmente pierde no es solo recaudación: pierde futuro.

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