El camino hacia la Copa del Mundo 2026 ha topado con un muro geopolítico infranqueable. A solo tres semanas de que se disputa el boleto final en el Estadio BBVA de Monterrey, la Selección de Irak ha solicitado formalmente a la FIFA la suspensión o postergación de su partido de repechaje.
La escalada bélica en la región, marcada por bombardeos entre Irán e Israel, ha provocado el cierre total del espacio aéreo iraquí, dejando a más de la mitad del plantel atrapado en Bagdad y al director técnico, Graham Arnold , varado en Dubái sin posibilidad de reunirse con sus jugadores.
La crisis trasciende lo deportivo: con las embajadas cerradas en puntos clave, el médico personal y varios futbolistas no han podido tramitar las visas necesarias para ingresar a México.
Ante la parálisis, la FIFA sugirió una solución que ha sido tachada de “insensata” por la federación asiática: un traslado por tierra de 25 horas hasta Turquía para volar desde Estambul. Arnold rechazó tajantemente la propuesta, argumentando que cruzar zonas bajo ataque de drones pone en riesgo real la vida de los atletas.
La incertidumbre en Monterrey es total. Mientras Bolivia y Surinam se preparan para su duelo previo el 26 de marzo, la posibilidad de que el ganador clasifique “por escritorio” ante la incomparecencia de Irak es un escenario que la FIFA busca evitar a toda costa para no manchar la integridad del torneo.
Con el reloj en contra y el petróleo superando los 100 dólares por el conflicto, la Sultana del Norte guarda una resolución que definirá si el fútbol podrá vencer, una vez más, a las barreras de la guerra.



