Por Mary González
La reciente irrupción violenta a la Casa del Estudiante de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx) ha encendido las alarmas dentro de la comunidad universitaria, no solo por el acto en sí, sino por lo que este representa: una muestra clara de la creciente tensión, la vulnerabilidad de los espacios estudiantiles y la falta de control institucional. El hecho dejó como saldo cuatro personas detenidas, acusadas de robo y daños en el edificio, luego de que un grupo de individuos -algunos haciéndose pasar por estudiantes- intentaran desalojar a quienes actualmente habitan dicho espacio.
De acuerdo con los testimonios recabados, la noche del martes un grupo de aproximadamente 15 personas ingresó de manera violenta a la Casa del Estudiante, ubicada en Toluca, identificándose como supuestos integrantes de la “Colmena Revolucionaria”. Este grupo, acompañado por al menos cuatro individuos ajenos a la universidad, argumentó que el Enjambre Estudiantil Unificado (EEU) no representaba los intereses de la comunidad y, por tanto, debía abandonar el inmueble. La confrontación fue inmediata, generando momentos de alta tensión y preocupación por la seguridad de los ocupantes.
Sin embargo, la supuesta representación estudiantil fue rápidamente desmentida. Tanto la propia Colmena Revolucionaria como la Rectora Patricia Zarza Delgado se deslindaron de las acciones de este grupo, reconociendo que los individuos involucrados no pertenecían a sus respectivas estructuras. Este hecho confirmó que el intento de desalojo no solo fue ilegítimo, sino posiblemente manipulado por intereses externos al movimiento estudiantil, lo que ha desatado diversas teorías sobre posibles infiltraciones con fines de desestabilización.
Tras recuperar el control del inmueble, el EEU procedió a identificar a los involucrados. Aquellos que pudieron demostrar su inscripción vigente en la UAEMéx fueron retirados del lugar, pero al menos cuatro sujetos no pudieron acreditar su vínculo con la institución. A estos últimos se les acusó de sustraer documentación, dinero en efectivo y diversos objetos personales pertenecientes a estudiantes y a las oficinas administrativas del lugar. El EEU, en un acto de responsabilidad, solicitó la presencia de la policía municipal y puso a disposición de las autoridades a los implicados, iniciando así el proceso legal correspondiente.
En un comunicado posterior, el Enjambre Estudiantil Unificado dejó claro que esta irrupción no fue un hecho aislado, sino un ataque directo a su organización y al esfuerzo colectivo por mantener viva una voz crítica dentro de la universidad. La Casa del Estudiante ha sido históricamente un espacio de lucha, organización y apoyo mutuo, y su defensa se vuelve una cuestión no solo política, sino también de seguridad y dignidad para quienes habitan y resguardan el inmueble.
Por su parte, la Rectora Patricia Zarza Delgado ofreció una declaración pública en la que rechazó enérgicamente cualquier acto de violencia y aseguró que la Oficina de la Abogacía Universitaria acompañará a los estudiantes que denunciaron el robo y los daños. No obstante, su mensaje fue recibido con escepticismo por sectores del estudiantado, quienes consideran insuficientes las medidas de protección institucional frente a amenazas externas.
El incidente ha dejado al descubierto la fragilidad con la que se resguardan los espacios autónomos dentro de la UAEMéx, así como la falta de mecanismos preventivos eficaces para garantizar la integridad de quienes participan activamente en la vida política universitaria. Más allá de los comunicados, se exige una acción contundente y sostenida por parte de la rectoría para esclarecer los hechos, sancionar a los responsables y, sobre todo, garantizar que la universidad siga siendo un espacio de construcción libre, crítica y segura para toda su comunidad. La lucha por la autonomía estudiantil no puede seguir dependiendo únicamente de la organización de los propios estudiantes; debe ser una prioridad institucional.



