Hoy Jennifer Aniston cumple 57 años y sigue siendo una de las figuras más populares y queridas de Hollywood. Antes incluso de que su personaje en Friends diera nombre a uno de los cortes de pelo más imitados de los 90 —el famoso “Rachel”—, la actriz ya había perfeccionado un estilo propio: minimalista, atractivo y profundamente californiano.
En alfombras rojas apostaba por vestidos columna, siluetas limpias y joyas discretas; fuera de foco, por camisetas de tirantes, vaqueros y sandalias planas. Una fórmula simple que, sin saberlo, definiría la moda de finales de los 90 y principios de los 2000.
Junto a Brad Pitt formó una de las parejas más icónicas de Hollywood, una unión que condensaba glamour, éxito y atención mediática. Pero si hay un momento que encapsula esa era dorada, es su aparición en los Premios Emmy del año 2000 con un vestido rojo palabra de honor que no solo hizo historia, sino que inició una obsesión estilística que la actriz repetiría durante décadas.
El 10 de septiembre del año 2000, Jennifer Aniston acudió a la 52ª edición de los Premios Emmy con un vestido rojo palabra de honor firmado por Prada. El diseño era una columna minimalista, sin estampados ni ornamentos, con una silueta que acompañaba el cuerpo sin imponerse a él. El color —un rojo intenso y limpio— se grabó en la retina colectiva y se convirtió en uno de los looks más recordados del cambio de milenio.
Como era habitual en ella, los accesorios eran mínimos: un choker delicado de diamantes, una pulsera, un minibolso estilo baguette y un maquillaje natural que dejaba que el vestido y su presencia hicieran el trabajo. El pelo, liso y en un recogido informal, reforzaba esa estética effortless que acabaría convirtiéndose en su sello.
Pero aquel look no era solo una cuestión de moda, fue su primera alfombra roja junto a Brad Pitt como marido y mujer, apenas semanas después de su boda el 20 de julio de 2000. Una imagen que consolidó su estatus como la pareja más fotografiada del momento.
Los representantes de Jennifer Aniston y Brad Pitt hicieron de celestinas a mediados de los 90 organizándoles una cita a ciegas. Lo que empezó como amistad dejó huella: ella quedó fascinada por su acento de Missouri y su actitud relajada, lejos del estereotipo del galán inaccesible. En 1998, ya solteros ambos —ella tras su ruptura con Tate Donovan, él tras cancelar su compromiso con Gwyneth Paltrow—, se reencontraron en una cena que terminó por encender la chispa.
Confirmaron su relación en los Emmy de 1999, donde debutaron como pareja ante las cámaras. Para aquella ocasión, Jennifer lució un vestido con cuerpo de lentejuelas de Randolph Duke (director creativo de Halston) y sorprendió con un peinado bohemio de ondas trenzadas, alejándose del icónico corte Rachel. Un año después, ya casados, el vestido rojo de Prada selló su narrativa como matrimonio mediático y pareja de moda.
El vestido rojo de los Emmy 2000 es el mejor ejemplo del minimalismo del nuevo milenio: siluetas limpias, colores sólidos, ausencia de estampados y un protagonismo absoluto de la mujer sobre la prenda. Era una época en la que la moda acompañaba, no eclipsaba, y Jennifer encarnó ese ideal mejor que nadie.
Ese look marcó también el inicio de su obsesión por los escotes palabra de honor. La actriz descubrió que este corte favorecía especialmente su figura y empezó a repetirlo en alfombras rojas, premieres y eventos, convirtiéndolo en uno de sus sellos personales. Más de dos décadas después, sigue recurriendo a esta silueta, demostrando que el estilo personal resiste cualquier tendencia.
Cuatro años después, Jennifer Aniston volvió a apostar por el palabra de honor en los Emmy de 2004, esta vez con un etéreo vestido Chanel blanco, bordado con oro y perlas. El diseño era un ejemplo perfecto del glamour Y2K elevado, con bordados delicados, joyería sofisticada y un aire de modernidad.



