La historia de Itzel Díaz González no es un caso aislado sino el retrato más crudo de un Estado de México que se desangra entre la violencia de género, la negligencia institucional y la impunidad que se ha vuelto costumbre, la joven de veintitrés años desapareció el siete de octubre en Ozumba y su cuerpo fue localizado días después en el fondo de una cisterna en Tepetlixpa, a escasos kilómetros de su hogar, su familia la buscó durante días acompañada por brigadas ciudadanas mientras las autoridades apenas reaccionaban, mientras los protocolos se activaban con una lentitud criminal y el reloj corría en su contra.
El hallazgo de su cuerpo y la detención de Javier “N”, un supuesto amigo con quien había salido a cenar la noche de su desaparición, no representan justicia sino el desenlace de una tragedia que pudo evitarse, porque detrás de cada feminicidio hay una cadena de omisiones, denuncias ignoradas y una estructura institucional que prioriza el trámite sobre la vida, la Guardia Nacional, la policía estatal y la Fiscalía llegaron tarde, como casi siempre, para cerrar el círculo del horror que envuelve a cientos de familias mexiquenses que viven entre la esperanza y el miedo.
La rabia de los pobladores de Ozumba que protestaron frente al Palacio Municipal y en la casa del alcalde Ricardo Valencia no es vandalismo, es el grito ahogado de una comunidad harta de la indiferencia, harta de funcionarios que se limitan a emitir comunicados mientras las mujeres desaparecen sin dejar rastro, los vecinos exigen justicia pero también exigen respeto, exigen que la vida de una mujer deje de ser una cifra más en las estadísticas que cada mes el gobierno presume reducir sin sustento.
Itzel era cantante, tenía sueños, familia y un futuro que el Estado no protegió, su muerte vuelve a poner en evidencia la farsa del discurso oficial que promete seguridad y no cumple, la violencia feminicida sigue ganando terreno y el gobierno sigue perdiendo credibilidad, cada cuerpo hallado es una sentencia contra las instituciones que dicen servir al pueblo pero no son capaces de defender la vida de sus mujeres.



