Por Mireya Álvarez
La discusión sobre la inteligencia artificial avanza a gran velocidad en el mundo, pero México sigue sin una ruta clara, así lo señaló Miguel Adolfo Guajardo Mendoza, profesor-investigador y secretario general de El Colegio Mexiquense, quien alertó que el país enfrenta un “rezago crítico” por la ausencia de una ley general y políticas públicas que regulen el desarrollo y uso de estas tecnologías.
De acuerdo con el académico, mientras potencias como Estados Unidos, China, Reino Unido, Canadá y la Unión Europea compiten por liderar la inteligencia artificial generativa, México permanece sin una estrategia definida, incluso por debajo de otros países de la región que ya han adoptado enfoques más pragmáticos, como Colombia y Uruguay.
Guajardo Mendoza subrayó que la inteligencia artificial podría ser una herramienta clave para mejorar servicios públicos, desde la creación de expedientes clínicos electrónicos, la automatización de procesos judiciales y de control interno, hasta la gestión del tránsito y la movilidad urbana, así como el análisis de datos para prevenir la violencia, sin embargo, advirtió que estas oportunidades se desaprovechan ante la falta de reglas claras.
Uno de los principales problemas, explicó, es que México no cuenta con un sistema nacional para almacenar, ordenar y depurar los datos públicos, insumo indispensable para entrenar modelos de inteligencia artificial propios. Esta carencia limita la posibilidad de alcanzar una verdadera soberanía tecnológica y obliga a depender de desarrollos externos.
El investigador también identificó riesgos relevantes, dilemas éticos, vacíos en propiedad intelectual y un probable desplazamiento laboral, sobre todo en actividades rutinarias, a ello se suma la inexistencia de centros de excelencia para formar especialistas y de mecanismos que permitan corregir sesgos discriminatorios en los sistemas de inteligencia artificial generativa.
En el plano económico, destacó que las micro, pequeñas y medianas empresas, que concentran el 95 por ciento de las unidades productivas del país, podrían beneficiarse significativamente. La automatización permitiría reducir costos operativos y redirigir recursos hacia infraestructura y capital físico.
No obstante, Guajardo Mendoza se mostró escéptico sobre la capacidad social para enfrentar los efectos de largo plazo. Señaló que, si la tecnología asume la mayoría de las tareas productivas, será inevitable replantear el significado del trabajo, el consumo y la redistribución de la riqueza, un desafío para el que México aún no está preparado.
Finalmente, lamentó el distanciamiento entre la ciencia y la sociedad, y llamó a desarrollar nuevas formas de comunicación que acerquen estos temas a la población, especialmente a niñas, niños y jóvenes, una reflexión que adelantó formará parte de un libro próximo a publicarse.



