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México paga más caro que India medicinas de patente, por débil sistema

México paga demasiado por los medicamentos de patente: comparaciones internacionales muestran que el país se ubica entre los más caros del mundo en ventas al consumidor final, señala un análisis de especialistas en la materia.

Lo sorprendente no es sólo el precio absoluto, sino la paradoja, se trata de un país con ingresos medios, con un sistema de salud débil y fragmentado, donde millones de familias dependen del gasto directo del consumidor final, aun así, paga como si se tratara de una economía desarrollada.

Y, por si fuera poco, el sistema público de salud no garantiza abasto continuo ni calidad uniforme. ¿De qué sirve que el medicamento sea “gratuito” en un hospital si no está disponible, si llega tarde o si la calidad es cuestionable?.

En México, el gasto directo del consumidor final se dispara, puede representar hasta 40 % del gasto total en salud, muy por encima de lo que ocurre en países con sistemas universales.

Este gasto se vuelve catastrófico cuando absorbe una tercera parte o más del ingreso familiar; ocurre con frecuencia: familias que deben hipotecar bienes, vender activos o abandonar tratamientos porque no alcanzan a pagar medicinas de patente, resalta el documento.

Lo paradójico es que India, con menor ingreso per cápita, logra ofrecer precios mucho más bajos. ¿Cómo? Aprovechando su capacidad de manufactura y aplicando regulación activa, México combina lo peor de los mundos: no regula, no produce lo suficiente, no negocia y tolera mercados opacos.

En India, un tratamiento de patente suele costar una fracción de lo que cuesta en México; los datos disponibles muestran que la diferencia en costos de manufactura entre India y otros mercados regulados es significativa.

Y, aun así, el gobierno indio no deja que el precio final se dispare, ya que mantiene bajo control las presentaciones incluidas en su lista prioritaria.

La Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) se centra en la seguridad y eficacia de los medicamentos, pero no en lo que cuestan; el resultado es un mercado oligopólico donde las farmacéuticas multinacionales marcan la pauta y donde las farmacias privadas se convierten en el canal principal, eso genera que el Estado compre caro y, peor aún, el consumidor pague todavía más caro, hace notar el análisis.

En México el gasto se traslada al bolsillo del paciente, no hay subsidios efectivos ni límites regulatorios.

El sistema público sufre desabasto crónico, por lo que muchas familias terminan en farmacias privadas; allí enfrentan precios comparables a los de países ricos, pero con salarios de economía media, por lo cual este gasto catastrófico golpea a los hogares de menores ingresos.

En India las decisiones sobre patentes y precios se justifican en términos de interés público y derecho a la salud; en México, en cambio, el discurso oficial suele centrarse en la “competencia del mercado” y en la “atracción de inversión extranjera”.

Los especialistas resaltan que la diferencia conceptual es crucial: en un país se prioriza la salud, en el otro se priorizan las reglas de mercado.

México ha permitido que la regulación se capture y que el consumidor pague las consecuencias; el caso de la India es paradigmático de cómo se puede lograr el equilibrio entre patentes y derecho a la salud, pero exige voluntad política.

En México esa voluntad ha estado ausente.

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