Por Karina Libien
El showman del Senado
Morena encontró en Gerardo Fernández Noroña a su showman de cabecera, un político que confunde el Congreso con un ring y la tribuna con escenario para sus desplantes, esta vez superó su propio récord de estridencia al agarrarse a golpes en plena sesión y coronar la función con el grotesco acto de “momificar” a su asesor, un episodio que ni la ficción hubiera imaginado con tanta torpeza, lejos de comportarse como un legislador responsable, volvió a demostrar que su especialidad es la provocación y el escándalo mediático, su bancada lo celebró como héroe y lo aplaudió con entusiasmo, pero lo cierto es que la escena resultó más penosa que gloriosa.
El guion de la cortina de humo
El guion es claro, la pelea y el escándalo no son casuales, son una hermosa cortina de humo diseñada para desviar la atención de los temas de fondo, lo más evidente fue que Noroña buscaba provocar a “Alito” Moreno, utilizarlo como antagonista perfecto para su numerito y capitalizarlo en victimización política, sabía que en la confrontación saldría con reflectores y que sus seguidores lo ensalzarían como mártir, la fórmula no falla, gritar, empujar, victimizarse y luego posar como héroe del pueblo, así opera el manual del político que no tiene nada que aportar en lo sustancial.
Drama de telenovela
Lo más ridículo vino después, un simple golpecito bastó para que Noroña hiciera todo un drama digno de telenovela, lágrimas, políticas incluidas, el mismo hombre quepresume rudeza verbal y que reparte insultos a diestra y siniestra se dobló como si hubiera recibido una golpiza, exageró el dolor, buscó cámaras, posó para la narrativa del mártir, su actuación arrancó risas y burlas, pero también reveló la estrategia detrás de su zafarrancho, distraer al público con el teatro parlamentario mientras los problemas reales del país siguen sin atenderse.
Lo que sí debería doler
Mientras Noroña monta su espectáculo, lo que de verdad debería doler no ocupa su discurso ni su indignación, lo que no da risa son los hospitales públicos cayéndose a pedazos, sin médicos especialistas, sin insumos básicos y sin medicinas, lo que no da risa es la inseguridad que desangra a familias enteras, los feminicidios imparables, las escuelas sin infraestructura, los salarios que no alcanzan, el desempleo que carcome la esperanza, las carreteras destruidas y las comunidades enteras sin agua ni servicios básicos, esas tragedias no reciben ni la mitad del dramatismo que Noroña desplegó por un empujón.
La incongruencia como sello
Lo que incomoda, y mucho, es la incongruencia, Noroña grita contra la oligarquía y el derroche, pero presume una mansión de 12 millones de pesos que no cuadra con su salario de senador, viaja en primera clase como cualquier burgués al que tanto critica, disfruta de privilegios que desmienten su discurso de austeridad y todavía tiene la desfachatez de presentarse como el defensor del pueblo, alguien debería recordarle que la aritmética no miente y que con su sueldo no salen las cuentas, su vida de lujos contrasta con su retórica incendiaria y convierte su supuesta lucha en pura hipocresía.
El bufón del poder
Noroña se vende como opositor del sistema, como crítico feroz de la élite, pero en realidad funge como bufón del poder, su misión no es cuestionar de fondo, sino entretener con gritos y pleitos mientras la maquinaria política de Morena avanza sin contrapesos, el legislador se aprovecha del hartazgo social, convierte la frustración en espectáculo y alimenta su figura con la rabia ajena, pero detrás de cada arrebato hay cálculo, detrás de cada desplante hay conveniencia, y detrás de cada lágrima hay manipulación política.
La memoria no es tan corta
Al final, las cortinas de humo se disipan, y lo que queda es la evidencia de que los gritos, los golpes y las poses no resuelven nada, la ciudadanía necesita políticos serios, no bufones del poder, los mexicanos no olvidan que detrás de cada discurso de austeridad y cada grito contra la burguesía, Noroña esconde lujos que desmienten sus palabras, la memoria colectiva puede ser corta, pero no tanto como para olvidar mansiones, viajes de lujo y privilegios, los mismos que contradicen su supuesto compromiso con el pueblo.
Lo que México necesita
México no necesita más teatros ni más actores disfrazados de tribunos, necesita soluciones concretas a los problemas urgentes, seguridad para las familias, medicinas en los hospitales, empleos dignos, agua potable en las comunidades, infraestructura escolar y caminos transitables, todo lo demás son cortinas de humo que tarde o temprano se deshacen en el aire, lo de Noroña fue apenas un episodio más en la larga lista de distracciones políticas, pero lo que está en juego es demasiado serio como para reducirlo a un espectáculo de golpes y lágrimas.



