* El diputado federal, se disfraza de morenista, se cuelga de la “transformación” y se toma fotos con la gobernadora, pero su expediente exhibe todo lo contrario, chantaje, corrupción, violencia y una historia de oportunismo sin escrúpulos……
Por Mireya Álvarez
Por más filtros, discursos o selfies con la gobernadora, Octavio Martí nez Vargas no puede borrar lo que es, el político que representa todo lo que Morena prometió desterrar.
Y es que no hay disfraz que oculte el hedor de un historial plagado de simulación, impunidad y negocios personales, el mismo que hoy se pasea por el Congreso local como si fuera la voz de la justicia, cuando su expediente es una radiografía de lo contrario.
No viene de cuna política ni de luchas sociales reales, su carrera comenzó no en la calle, sino en las sombras del chantaje vecinal, cuando dirigía la mesa de condominios en los 2000 y ya ensayaba su especialidad, el extorsionar con sonrisa de vecino amable.
Desde entonces, su camino ha sido el mismo, sumarse al grupo ganador, exprimir cargos, colocar familiares y traicionar a quien sea por presupuesto. Primero fue del PRD, luego aliado de Eruviel Ávila y ahora presume su militancia en Morena, mientras negocia bajo la mesa con el cinismo como bandera.
Como regidor perredista en 2003, avaló junto a su compadre Eruviel más de mil 350 millones de pesos en deuda pública para Ecatepec, una cifra que los vecinos siguen pagando con servicios colapsados. ¿Dónde quedó ese dinero? En promesas, favores y silencios.
Mientras Ecatepec se hundía, Martínez Vargas se posicionaba como “líder social”, acumulando relaciones, puestos para su familia y favores notariales, como su hermano Omar que fue premiado con la Notaría 58, como pago político por aprobar el endeudamiento. Hoy, esa notaría está suspendida por irregularidades, pero el “favor” ya está cobrado.
En 2006 protagonizó su primer gran montaje mediático al denunciar haber hallado 21 cuerpos humanos en el Río de los Remedios, cuando eran dos personas… y huesos de animales. Nunca se disculpó. La verdad, para él, siempre ha sido opcional si hay una cámara cerca.
Pero lo más oscuro ocurrió en 2013, cuando su hermano Fernando Martínez Vargas agredió brutalmente a la diputada Xóchitl Arzola, donde de acuerdo en la denuncia 344610620457713 detalla los hechos y donde el ahora morenista, el “defensor de los derechos”, guardó silencio absoluto, porque cuando la violencia es de casa, prefiere la mudez estratégica.
En 2016, mientras Ecatepec vivía una de sus peores crisis de inseguridad, organizó un tour político para ir a los XV años de Rubí Ibarra, Sí, el evento viral, donde el “líder” prefirió figurar en redes que atender las balaceras, feminicidios y extorsiones de su municipio.
Hoy, con camiseta guinda, se presenta como “nuevo” y “parte de la transformación”, pero su estilo es viejo, rancio y conocido: chantaje, amenazas y presión política encubierta como fiscalización social.
En 2024, la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia de Morena le abrió el expediente CNHJ-MEX-014/24 por violencia política de género contra Esmeralda Vallejo, presidenta del DIF Ecatepec, a quién se le ordenó retirar publicaciones ofensivas y abstenerse de nuevas agresiones. ¿Y qué hizo Octavio? Nada. Sigue igual, porque el que amenaza con escándalos sabe que, en política, el ruido también se cotiza.
Hoy presume cercanía con Arlen Siu Jaime Merlos, actual presidenta del Tribunal Electoral del Estado de México, colocada ahí a punta de presión y chantaje político, porque si el ex alcalde de Ecatepec no consigue un cargo directo, coloca a sus operadores donde sí puedan cobrar favores.
No representa la transformación, representa la reencarnación del oportunismo, cambia de color, sí, pero nunca de conducta. Se vende como progresista, pero aprieta por debajo de la mesa para colocar a sus amigos, hermanos o “intereses” en cargos clave.
Y en la antesala de la discusión presupuestal 2026, el ruido que hace no es por ética, es por dinero o por puestos, porque ese ha sido su método, tensionar, gritar, lanzar acusaciones, y luego vender su silencio o su voto.
¿Busca otro “bono de fin de año”? ¿Una dirección para otra de sus amigas? ¿O tal vez una plaza para algún familiar que aún no ha entrado a nómina?
Cada vez que Martínez Vargas habla de corrupción, se delata a sí mismo, su expediente lo retrata mejor que cualquier discurso, no es nuevo, no es diferente y no es confiable, es el político de siempre, con el colmillo más afilado que nunca. Ya no engaña. Ya no convence. Y lo que es peor, que ya ni siquiera se esfuerza por ocultarlo. Porque si algo ha demostrado Octavio Martínez Vargas es que su único proyecto político… es el mismo.



