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Oportunidades de reinserción: beneficios preliberacionales en Edoméx

Tras demostrar un firme compromiso con su proceso de reinserción social, dos mujeres lograron su libertad anticipada, la primera, Maribel, quien luego de cumplir cinco años y medio de una condena por violación equiparada, ahora busca reconstruir su vida junto a su familia, en tanto, la segunda, Anael, obtuvo libertad condicional después de cumplir más de siete años de una condena por un delito relacionado con robo, y ahora se dedica a cuidar a sus hijos y apoyar a su madre.

Ambas historias reflejan el trabajo del sistema judicial en ofrecer segundas oportunidades, siempre que las personas cumplan con los requisitos legales y muestren buena conducta. La libertad anticipada y condicional son beneficios que permiten a los sentenciados continuar su proceso de reinserción fuera del penal, promoviendo una justicia que valora la dignidad y el cambio.

La primera beneficiaria fue Maribel, quien recibió la libertad anticipada después de cumplir cinco años y medio de una sentencia de seis años y seis meses por un delito calificado como violación equiparada en agravio de una menor de edad, cometido en 2004 y aunque en un primer momento fue liberada, años después fue reaprehendida y condenada por dicho ilícito.

Durante su estancia en el Centro Penitenciario, Maribel no se rindió. Terminó su secundaria, inició la preparatoria y participó activamente en programas educativos. Apegada a su fe y motivada por el amor a su familia, forjó un nuevo propósito, a sus 40 años buscará reconstruir su vida al lado de su esposo, su hija y su nieta, a quien aún no conoce. “Sí se puede, aunque cuesta trabajo, vale la pena estudiar, trabajar, no pelear y aplicarse”, expresó con firmeza.

El segundo caso es Anael, de 30 años de edad, quien recibió el beneficio de libertad condicional tras cumplir 7 años y 8 meses de una condena de 14 años, un mes y 27 días. Fue detenida -junto a su pareja de ese entonces- en un automóvil que resultó ser robado. “Fui confiada, me dejé llevar por malas amistades y no supe decir que ‘no'”, recuerda.

Durante su internamiento, Anael se volcó por completo en su proceso de reinserción: trabajó con áreas de psicología, criminología, trabajo social y escolar, mantuvo buena conducta y jamás perdió la fe. “Mis hijos me esperaban”, cuenta con la voz entrecortada. A pesar de la distancia, procuró estar presente todos los días en sus vidas, con llamadas, bendiciones y palabras de aliento.

Hoy, al recuperar su libertad, Anael está decidida a no mirar atrás. Su mayor anhelo es cuidar a sus tres hijos -de 15, 12 y 11 años- y apoyar a su madre, quien fue su sostén durante los años más difíciles. “A las mujeres que siguen dentro, les digo: no pierdan la fe. Sí se puede”, aseguró.

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