Por Karina A. Rocha Priego
La política exterior mexicana decidió jugar a la nostalgia ideológica y hoy despierta con resaca geopolítica; la factura llegó sin diplomacia y sin anestesia, firmada por el Congreso de Estados Unidos y leída en voz alta por Carlos A. Giménez, el mensaje es simple y brutal, se acabó el juego del hermano mayor de Cuba y ahora toca pagar con intereses pero, ¿quién es Carlos A. Giménez?, nada menos que un miembro de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos.
Durante años el discurso fue solidaridad, soberanía, independencia, dignidad latinoamericana, palabras grandes para esconder decisiones pequeñas y costosas porque, mientras el ciudadano común pelea cada semana con el precio de la gasolina y hace malabares para llenar el tanque, el gobierno decidió mandar crudo a una isla quebrada como si Pemex fuera una ONG revolucionaria y no una empresa en terapia intensiva.
Giménez no habló como diplomático, sino como fiscal, y eso es lo que muchos en Palacio Nacional no entienden, en Washington ya no se discuten buenas intenciones, sino responsabilidades penales, cuando el congresista acusa a Claudia Sheinbaum de ser espléndida con los recursos del pueblo mexicano, no está haciendo poesía política, está construyendo un expediente, uno donde México aparece como benefactor de una dictadura y eso en la lógica estadounidense, no se llama solidaridad, se llama financiamiento indebido.
Aquí está el primer golpe asestado a la administración pública de México: el robo al pueblo mexicano, porque regalar petróleo no es un gesto simbólico, es una transferencia de riqueza, es decirle al ciudadano que paga impuestos y gasolina cara, que su sacrificio sirve para mantener con vida a un régimen que no produce ni democracia ni prosperidad, y mientras tanto, el discurso oficial pide paciencia y promete bienestar futuro, una promesa que siempre llega tarde y nunca completa.
El segundo golpe, califica para ser el más peligroso, pues se entra al terreno legal cuando se etiqueta de narcoterrorista al gobierno de Claudia Sheinbaum y no, no es un adjetivo al aire, es una categoría jurídica, cuando un funcionario estadounidense la usa abre la puerta a sanciones, bloqueos y castigos automáticos, si Cuba es narcoterrorista y México le envía petróleo, entonces México se coloca en una zona gris que en Washington se pinta de rojo, no es una opinión es una ruta legal que Trump conoce bien y sabe usar.
Aquí la ingenuidad se convierte en imprudencia, pensar que Estados Unidos hará una excepción por cariño histórico o por retórica de izquierda es no haber entendido nada de la política exterior estadounidense, menos aún de la versión Trump, donde la ley se usa como garrote y el enemigo se define con rapidez quirúrgica, en ese manual no hay espacio para matices ni para discursos de soberanía tropical.
Y el tercer gran golpe es la palabra traición, una palabra que en diplomacia equivale a romper cristales de seguridad, cuando el congresista dice “no toleramos esta gran traición”, está diciendo que la paciencia se acabó, que México cruzó una línea que no debía cruzar, y que el trato de socio preferente empieza a oler a pasado, Estados Unidos no habla así de un amigo confundido, sino de un actor que eligió bando.
El problema para México es que eligió mal y eligió solo, porque Cuba no paga favores y Venezuela apenas sobrevive, mientras que el vecino del norte sí cobra y cobra caro, en comercio, en seguridad, en migración, en inversiones, todo eso está ahora en la mesa de castigos potenciales, y no por un error técnico, sino por una decisión política consciente.
La alianza letal que menciona Gimenez entre el Congreso y la administración Trump, es la señal más clara de que esto no es un berrinche aislado, es una estrategia, detener los regalos patéticos, dicen ellos, pero en realidad es detener a un gobierno que decidió jugar a la geopolítica sin fichas propias, enviar el buque Ocean Mariner no fue audacia, fue torpeza, fue entregar evidencia voluntaria de una política exterior ideologizada y ciega.
La advertencia llegó desde “X” (twitter) pero la respuesta no será un tuit, será una carpeta, un memorándum, una sanción, y aquí conviene abandonar el romanticismo, el Pentágono no discute consignas discute amenazas, y cuando en su tablero México aparece como banquero del enemigo, el trato cambia de inmediato.
Claudia Sheinbaum heredó una relación compleja con Estados Unidos y decidió tensarla más, no por necesidad económica, sino por lealtad ideológica, un lujo que México no puede darse, porque no somos potencia energética y mucho menos militar, somos un país dependiente del comercio con el norte y eso no se resuelve con discursos de plaza pública.
La pregunta no es si Estados Unidos exagera sino, ¿por qué México se expuso?, ¿por qué regalar petróleo cuando falta inversión en refinerías?, cuando PEMEX sangra deuda, cuando el ciudadano paga caro cada litro, la respuesta es incómoda pero clara, porque el proyecto político antepone símbolos a resultados y cree que la retórica protege de la realidad.
Hoy la realidad golpea la puerta con acento estadounidense y lenguaje jurídico, y lo hace dejando claro que el juego se acabó, México quiso ser tutor ideológico de Cuba y terminó siendo acusado de traición por su principal socio, una jugada maestra solo en la imaginación de Palacio Nacional, pro una catástrofe anunciada para este país.
La historia no recordará este episodio como un acto de valentía, sino como una torpeza costosa, porque en política exterior, la ideología no paga la gasolina ni evita sanciones, y hoy México, aprende de la peor manera que, jugar a ser hermano mayor, cuando apenas alcanzas para hermano responsable, es una receta segura para el desastre.
Y al final, ¿quién pierde o quién gana esta batalla de señalamientos? ¿Estados Unidos? ¡Claro que no!, ¿Claudia Sheinbaum? Tampoco, ¡pierde México! ante la incertidumbre de ¿ahora que error cometerá el Gobierno Federal para enardecer aún más al vecino del Norte? Porque parece que el mensaje llamado “Venezuela” todavía lo no entiende la Administración de Claudia Sheinbaum y si lo ha entendido, prefiere “capitalizarlo a través de llanto y falsa solidaridad” que darse cuenta que, el que sigue, es México y con Donald Trump ¡no se juega!…



