* El gobierno presume que rescata al pueblo, pero en realidad lo mantiene arrodillado……
Por Karina A. Rocha Priego
Programas sociales: el nuevo sistema de esclavitud moderna
Decir que en México disminuyó la pobreza es un insulto a la inteligencia, un acto de cinismo institucional, una bofetada para los millones que siguen comiendo una vez al día, o a veces ni eso, el gobierno convirtió la miseria en mercancía electoral, la necesidad en moneda de cambio, mientras se llenan la boca con discursos sobre justicia social, hacen exactamente lo contrario, administran la pobreza para vivir de ella, la reparten como si fuera botín, porque un pueblo con hambre siempre será más fácil de manipular.
Los programas sociales no están diseñados para empoderar, están hechos para someter, no buscan liberar al ciudadano sino encadenarlo con gratitud forzada, se entregan como dulces en campaña, sin reglas, sin filtros, sin padrones claros, da igual si el beneficiario los necesita o no, lo importante es que tenga la tarjeta en mano y sepa bien quién se la dio, porque en este país los derechos se convirtieron en favores y los favores se cobran en las urnas.
Mientras tanto, los verdaderos pobres siguen olvidados en los márgenes del mapa, en los cerros donde no hay carretera ni señal de teléfono, en los pueblos donde el médico llega una vez al mes si es que llega, en las comunidades donde una enfermedad simple es sentencia de muerte, esas personas ni siquiera saben que existen los programas, o si lo saben no pueden acceder a ellos porque el sistema está hecho para ahuyentarlos, para cansarlos, para hacerles sentir que no son dignos ni siquiera de recibir la limosna oficial.
Mentiras oficiales vs. realidades innegables
El gobierno celebra cifras maquilladas, presume que millones salieron de la pobreza, cuando en realidad sólo pasaron de “pobreza extrema” a “pobreza aguda”, es decir, dejaron de morir de hambre para ahora morir por falta de medicamentos, se atreven a declarar victoria cuando lo único que hicieron fue cambiar de nombre al sufrimiento.
Pero los estudios serios no mienten, si México sigue con el mismo ritmo de simulación le tomará 57 años bajar la pobreza de forma real, 62 años para los jóvenes, 84 para niñas y niños, 151 para los pueblos indígenas, ¿y todavía tienen el descaro de afirmar que la “transformación” ya llegó?, lo único que llegó fue el marketing político, el gasto en propaganda y la narrativa de cartón.
La ONU fijó 2030 como meta para reducir la pobreza a la mitad, México no solo no va a cumplirla, la va a traicionar con descaro, hay estados que tardarán 50, 80 y hasta 100 años en lograrlo, Guerrero, Chiapas y Campeche necesitarán más de un siglo, ¿y aún tenemos que escuchar que “primero los pobres”?, deberían decir “primero los votos”, porque eso es lo único que realmente importa en Palacio Nacional.
La pobreza no se combate, se administra
El gobierno no quiere acabar con la pobreza, quiere administrarla para mantener vivo el negocio político, porque un pueblo con independencia económica puede pensar, puede cuestionar, puede elegir sin miedo, pero un pueblo atado a una tarjeta, a un depósito mensual, a un favor burocrático, obedecerá sin discutir.
Este modelo no es justicia social, es esclavitud moderna, es el mismo viejo priismo con nuevo logotipo, es la misma compra de lealtades pero ahora disfrazada de “derechos”, la diferencia entre una política pública seria y un programa clientelar es muy clara, lo primero busca que la persona ya no necesite ayuda, lo segundo busca que la necesite siempre.
La pobreza no se erradica con dádivas, se erradica con empleos bien pagados, con escuelas dignas, con hospitales que sí curen, con carreteras que conecten, con leyes que se cumplan, pero eso requiere trabajo, planeación, valentía, visión de Estado, y este gobierno prefiere gastar en discursos que en soluciones, en spots que en proyectos, en aplausos que en resultados.
México no es un país pobre, es un país empobrecido por gobiernos que aprendieron a vivir de la necesidad del pueblo, la pobreza no es una tragedia natural, es una estrategia política, y mientras el ciudadano siga recibiendo migajas con gratitud en lugar de exigir justicia con firmeza, el poder seguirá riéndose en su cara.
La verdadera transformación no llegará con tarjetas, llegará cuando el pueblo deje de agradecer lo que le corresponde por derecho y empiece a reclamar lo que le han robado por décadas, ese día, la pobreza dejará de ser negocio y se convertirá en vergüenza nacional, pero para eso, primero hay que dejar de creer en las mentiras oficiales
Hasta entonces, la pobreza seguirá siendo el mejor aliado del poder, y el peor enemigo del pueblo.



