JUSTICIA

Por disputa de predios, un muerto y un herido en Metepec

El municipio de Metepec, Estado de México, que alguna vez presumió de ser un “pueblo mágico” modelo en seguridad y desarrollo urbano, hoy está manchado por el plomo de la impunidad.

La reciente balacera registrada en plena mañana de domingo, cerca de un hospital y centros comerciales, dejó un muerto y un herido como saldo trágico de una disputa por terrenos.

Lejos de tratarse de un hecho aislado, como ha intentado minimizar el gobierno municipal, es una señal alarmante del deterioro de la seguridad en la zona.

El tiroteo ocurrió en la calle Benito Juárez, en el Barrio de San Mateo, cuando dos grupos enfrentados por el control de un predio abrieron fuego en plena vía pública.

Esta escena violenta, más propia de zonas dominadas por el crimen organizado, refleja una crisis de seguridad y gobernabilidad que las autoridades se empeñan en negar.

La narrativa oficial, que insiste en que se trata de un conflicto entre particulares sin conexión con la violencia estructural, resulta no solo inverosímil, sino ofensiva para una ciudadanía harta del miedo y el abandono.

El intento por reducir este suceso a un conflicto civil aislado no resiste el análisis. En Metepec, como en muchas zonas del Estado de México, las invasiones, despojos y disputas por predios se han convertido en un negocio violento, donde grupos armados, “gestores” corruptos y autoridades omisas alimentan un mercado negro de tierras, mientras los ciudadanos viven bajo la amenaza constante de ser despojados o agredidos.

Los datos del Sistema Nacional de Seguridad Pública lo confirman: el Estado de México lidera en invasiones de propiedad, con más de 860 casos registrados solo en los primeros meses del año.

La administración municipal, en lugar de enfrentar esta realidad con acciones contundentes y honestidad, opta por la minimización y el discurso vacío.

Hablar de “acciones preventivas” y “tranquilidad” después de un asesinato a plena luz del día es una burla; mientras tanto, la Guardia Nacional, la policía estatal y municipal, y hasta la Fiscalía, solo aparecen después de los hechos, no para prevenirlos, sino para acordonar escenas del crimen y emitir comunicados genéricos.

Metepec está perdiendo su seguridad, su prestigio y su esencia, víctima de un Estado ausente y de autoridades locales más interesadas en proteger su imagen que a sus habitantes.

Y mientras sigan tratando la violencia como una anomalía en lugar de enfrentarla como un fenómeno estructural, los balazos seguirán marcando el ritmo de lo cotidiano.

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