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Productores de maíz del Estado de México denuncian abandono del campo

* Y pérdida de soberanía alimentaria……

Por Mireya Álvarez

Vicente Álvarez Delgado, presidente del Sistema Producto Maíz y Triticale en el Estado de México, advirtió que el campo mexiquense atraviesa una crisis “sin precedentes” debido a la falta de apoyo institucional, la caída de la producción y el incremento de las importaciones de maíz transgénico.

Durante una conferencia de prensa, Álvarez Delgado señaló que, en los últimos años, la entidad pasó de ocupar los primeros lugares en producción nacional de maíz, con rendimientos de hasta 2.2 millones de toneladas anuales, a una situación alarmante en la que difícilmente alcanzará las 500 mil toneladas este ciclo agrícola.

“El Estado de México llegó a ser líder en la producción de maíz; hoy apenas producimos una cuarta parte de lo que lográbamos hace unos años. Esto es catastrófico. Estamos dejando de ser autosuficientes y nos volvimos dependientes del extranjero”, subrayó.

El representante del Sistema Producto Maíz destacó que México importa actualmente más de 25 millones de toneladas de maíz, tanto amarillo como blanco, procedentes principalmente de Estados Unidos, Brasil, Argentina y Sudáfrica.

“Hoy en la mesa de los mexicanos hay maíz transgénico, aunque muchos no lo sepan. Dejamos de producir lo nuestro y estamos comiendo granos fabricados para la industria pecuaria, de menor calidad alimenticia”, afirmó.

El líder denunció que el precio del maíz ha caído drásticamente. “Hace apenas tres años vendíamos el kilo en 10 pesos; hoy el mercado está saturado con grano barato importado, lo que hunde el valor nacional”, explicó.

Ante ello, pidió que el gobierno impulse la creación de centros de acopio, infraestructura de almacenamiento y esquemas modernos de comercialización, para que los productores puedan conservar su cosecha y venderla en mejores condiciones. “El verdadero valor del maíz se pierde por falta de infraestructura. Muchos productores pierden hasta el 30 por ciento de su cosecha por no tener dónde almacenarla”, señaló.

El dirigente propuso establecer un precio base de siete mil 200 pesos por tonelada, como punto mínimo para garantizar la rentabilidad del productor. “Mientras una tortilla se vende entre 22 y 28 pesos, el campesino recibe apenas una fracción de ese valor. Nos están asfixiando económicamente”, lamentó.

Vicente Álvarez también cuestionó la distribución del presupuesto federal, señalando que el 90 por ciento de los recursos del campo se destinan a programas asistenciales, en lugar de fomentar la productividad, la innovación tecnológica o la modernización de maquinaria.

“Hoy el campo no se puede trabajar como hace 20 años, se requiere tecnología, investigación, semillas de calidad genética y maquinaria moderna, sin eso, estamos condenados al rezago”, afirmó.

Asimismo, criticó las recientes reformas que, según dijo, criminalizan la producción agrícola*, tanto en el uso de semillas genéticamente modificadas como en la gestión del agua.

“Se está castigando al productor mientras el país consume transgénicos importados. No se puede producir sin agua, y con las nuevas reglas el Estado decidirá quién puede y quién no acceder a este recurso”, advirtió.

El dirigente alertó que, si la tendencia continúa, México enfrentará una crisis alimentaria y laboral en los próximos años. De acuerdo con sus datos, solo el 30 por ciento de la población vive actualmente en zonas rurales, y de ese grupo, menos del 12 por ciento son jóvenes, lo que pone en riesgo el relevo generacional en el campo.

“Estamos matando la producción nacional, mientras el país crece en población, reducimos la inversión agrícola. En seis años el presupuesto al campo cayó de 75 mil millones a 45 mil millones de pesos, así no hay forma de alimentar a 140 millones de mexicanos”, sentenció.

Finalmente, Álvarez Delgado hizo un llamado a la sociedad y a las autoridades estatales y federales a voltear la mirada al campo y reconocer la urgencia de políticas públicas que garanticen precios justos, soberanía alimentaria y condiciones dignas para los productores.

“No pedimos limosnas, pedimos oportunidades para trabajar y producir. Si el campo muere, México muere con él”, concluyó.

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