EDOMEX

Sarampión reaparece y exhibe fragilidad preventiva en Edomex

* Autoridades presumen control con vacunación mientras el brote revela rezagos estructurales y riesgos latentes……

Por Mary González

El Estado de México confirmó 29 casos de sarampión en lo que va de 2026, una cifra que las autoridades sanitarias califican como baja y controlada, sin embargo el dato resulta alarmante no por su magnitud inmediata sino por lo que representa, el regreso de una enfermedad prevenible que pone en evidencia fallas históricas en la política de salud pública, particularmente en materia de prevención, cobertura real y confianza ciudadana.

Mientras el discurso oficial insiste en que existe abasto suficiente de vacunas y que los contagios han sido leves, la sola presencia del sarampión en una de las entidades más pobladas del país obliga a una lectura crítica, cuando una enfermedad erradicada en la práctica vuelve a circular, no se trata de un accidente, sino de una señal de alerta sobre las grietas del sistema.

Vacunación reactiva más que preventiva

La Secretaría de Salud estatal informó que como respuesta al brote se desplegará la Semana Estatal de Vacunación del 7 al 15 de febrero con una disponibilidad de 400 mil dosis, el anuncio busca transmitir control y capacidad de respuesta, pero también revela que la estrategia sigue siendo reactiva, se actúa cuando el problema ya está presente y no antes.

La prevención no debería activarse solo ante la confirmación de casos, sino sostenerse de manera permanente, sobre todo en un contexto nacional donde el sarampión ha reaparecido en distintas entidades, confiar en jornadas intensivas como solución estructural es repetir una lógica de contención temporal, no de erradicación real.

Además, aunque se afirma que la cobertura en niñas y niños menores de seis años supera el 90 por ciento, persisten dudas sobre la calidad de esos registros, la continuidad de los esquemas completos y el seguimiento en comunidades marginadas, donde el acceso efectivo a los servicios de salud sigue siendo desigual.

Casos leves, discurso tranquilizador

La secretaria de Salud aseguró que los 29 casos detectados han sido leves y que no existe ningún paciente hospitalizado, el mensaje busca reducir la percepción de riesgo, pero también corre el peligro de minimizar una enfermedad altamente contagiosa que históricamente ha generado complicaciones graves.

El sarampión no es una gripe común, puede derivar en neumonía, encefalitis y secuelas permanentes, sobre todo en menores de edad y personas con sistemas inmunológicos comprometidos, presentar los contagios como episodios menores puede relajar la alerta social y debilitar la corresponsabilidad ciudadana.

Las autoridades insisten en que varios de los casos ya se resolvieron favorablemente, sin embargo poco se dice sobre el origen de los contagios, los vacíos de inmunización o las zonas donde se concentran los casos, la opacidad en estos detalles impide una evaluación pública real del riesgo.

Síntomas conocidos, problemas repetidos

Dolor de cabeza, fiebre, manchas blancas, sarpullido, los síntomas del sarampión son ampliamente conocidos y las recomendaciones oficiales reiteran acudir a unidades médicas y evitar la automedicación, no obstante el problema de fondo no es el desconocimiento clínico, sino la desconfianza en el sistema de salud.

Durante años, la población ha enfrentado desabasto de medicamentos, saturación de hospitales y atención deficiente, en ese contexto, pedir a la ciudadanía que acuda de inmediato a unidades médicas sin garantizar calidad y oportunidad en la atención es una exigencia incompleta.

El uso de cubrebocas en casos sospechosos también vuelve a escena como medida básica, recordando que las lecciones de la pandemia no se tradujeron en un fortalecimiento sostenido del sistema preventivo, sino en respuestas parciales que se activan y desactivan según la coyuntura.

El riesgo de normalizar el retroceso

Que el Estado de México presuma tener menos casos que otras entidades no debería ser motivo de complacencia, sino de responsabilidad reforzada, la historia reciente demuestra que los brotes no controlados crecen rápido cuando se subestiman.

La vacunación es la herramienta central para frenar el sarampión, pero requiere algo más que dosis disponibles, necesita campañas constantes, seguimiento comunitario, combate a la desinformación y una política de salud que no dependa de comunicados optimistas.

El llamado a completar esquemas y aplicar refuerzos es correcto, pero insuficiente si no se acompaña de una estrategia integral que reconozca los rezagos acumulados, el sarampión no vuelve por casualidad, vuelve cuando la prevención se debilita.

El brote actual aún es manejable, pero el mensaje de fondo es inquietante, una enfermedad prevenible volvió a circular y el Estado responde a contrarreloj, si la salud pública se limita a apagar fuegos, el riesgo no desaparece, solo se pospone, y en una entidad como el Estado de México, posponer los riesgos suele tener costos demasiado alto.

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