LA REVELACION

UAEMex: Entre la manipulación y el descontrol

Por Karina Rocha

El conflicto en la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMex) ha escalado a niveles preocupantes, dejando en claro que el nombramiento de una nueva rectora no ha sido suficiente para devolver la gobernabilidad a la Máxima Casa de Estudios. Lo que se vive hoy no es una simple disputa interna, sino una lucha por el control político y simbólico de una institución que, desde hace tiempo, está en el centro de intereses ajenos a los verdaderos fines académicos.

La reciente toma violenta del edificio de Rectoría -ahora rebautizado como “Casa del Estudiante”- por supuestos alumnos o miembros de la Unidad Académica Profesional (UAP) de Chimalhuacán, no solo evidencia el descontento persistente hacia la nueva administración, sino también la manipulación que ciertos grupos ejercen para seguir moldeando a su antojo el destino de la universidad. Es inadmisible que, bajo el pretexto de la protesta estudiantil, se perpetúe un estado de ingobernabilidad que parece tener más tintes de revancha política que de legítima exigencia.

Por otro lado, el llamado Enjambre Estudiantil Unificado ha comenzado a cruzar la delgada línea entre la lucha social y la arrogancia. Algunas de sus exigencias, aunque inicialmente válidas, hoy se desdibujan al pretender convertirse en una fuerza autónoma e incuestionable dentro de la UAEMex. Pareciera que su objetivo ya no es la democratización universitaria, sino ejercer un poder paralelo sin rendir cuentas a nadie.

Lo más alarmante es que tanto las autoridades como los grupos en conflicto están perdiendo de vista el bien superior de la universidad: la formación académica y el derecho a la educación. Mientras unos disputan espacios de poder y otros actúan como si la UAEMex les perteneciera, miles de estudiantes, docentes y trabajadores quedan atrapados en un escenario de incertidumbre, donde lo académico se vuelve secundario frente a las pugnas ideológicas.

La UAEMex no puede seguir siendo rehén de intereses ajenos a su misión. Es momento de que todos los actores -autoridades, colectivos y comunidad universitaria- dejen de lado la confrontación y comiencen a construir soluciones. De lo contrario, la universidad corre el riesgo de perder no solo su gobernabilidad, sino su esencia.

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