* El gobierno presume 323 mil becas en tres años, pero frente a una matrícula superior a 4.2 millones de estudiantes, la cifra obliga a preguntar cuántos alumnos distintos han sido beneficiados y cuánto dinero público representa realmente el apoyo……
Por Karina Libien
El Gobierno del Estado de México colocó nuevamente a la educación entre los principales resultados de sus primeros tres años de administración, destacando la entrega de más de 323 mil becas para estudiantes de distintos niveles, más de cinco millones de paquetes de útiles escolares y 16 mil 17 acciones relacionadas con construcción, rehabilitación y mantenimiento de espacios educativos, las cifras son importantes, pero cuando se colocan frente al tamaño del sistema educativo mexiquense también dejan preguntas que hasta ahora no han recibido respuestas suficientemente claras.
El Estado de México tiene actualmente una matrícula superior a 4.2 millones de estudiantes, una dimensión que convierte a cualquier política de becas en un enorme desafío presupuestal y operativo, bajo ese escenario, las 323 mil becas acumuladas durante tres años representan apenas alrededor de 7.7 por ciento de la matrícula actual si se asumiera, únicamente para dimensionar la cifra, que cada apoyo hubiera llegado a una persona diferente.
El problema es que ni siquiera puede afirmarse que esos 323 mil apoyos correspondan a 323 mil estudiantes distintos, porque un mismo alumno puede recibir una beca en más de un ciclo escolar, por ello, presentar únicamente el número acumulado de becas puede generar una percepción de cobertura mayor a la que realmente existe.
El promedio anual reduce todavía más la dimensión
Al dividir las 323 mil becas entre los tres primeros años de gobierno, el promedio resulta cercano a 107 mil 667 apoyos anuales, frente a una matrícula de más de 4.2 millones de estudiantes, esa cantidad equivaldría aproximadamente al 2.6 por ciento del universo escolar actual por año, una comparación que no constituye por sí sola una medición oficial de cobertura, pero sí permite observar la enorme distancia entre el tamaño del sistema educativo y el volumen de apoyos anunciado.
Por eso resulta indispensable que la autoridad vaya más allá de las cifras acumuladas y explique cuántos estudiantes únicos han recibido una beca, cuántos fueron beneficiados una sola vez, cuántos han renovado el apoyo durante dos o tres ciclos, qué proporción pertenece a educación básica, media superior y superior, además de informar cuántas solicitudes fueron rechazadas aun cuando los alumnos cumplían condiciones de vulnerabilidad económica.
También falta un dato esencial para evaluar cualquier programa público, cuánto dinero se ha destinado exactamente a estas 323 mil becas y cuál ha sido el monto promedio recibido por cada beneficiario, sin un presupuesto consolidado asociado al universo anunciado resulta imposible conocer si el crecimiento corresponde únicamente al número de apoyos o también a una ampliación real de los recursos destinados a combatir abandono y desigualdad educativa.
Cinco millones de útiles también necesitan explicación
El gobierno destaca además la distribución de más de cinco millones de paquetes de útiles escolares durante sus primeros tres años, mientras para el actual ciclo escolar se reportan más de 2.7 millones de estudiantes solamente en educación básica, nuevamente aparece la necesidad de precisar cuántos paquetes fueron entregados por ciclo, cuál fue la matrícula efectivamente cubierta cada año, cuánto costó cada paquete y qué empresas recibieron los contratos correspondientes.
La entrega de útiles constituye un respaldo importante para millones de familias, especialmente en una entidad donde una parte considerable de la población enfrenta condiciones de pobreza, pero el valor social del programa no debe utilizarse para impedir su evaluación, al contrario, mientras mayor sea el volumen de recursos y beneficiarios, mayor tendría que ser la transparencia sobre costos, proveedores y mecanismos de distribución.
Lo mismo ocurre con las 16 mil 17 acciones de infraestructura escolar anunciadas, dentro de esa cifra se mezclan construcción de nuevos espacios, rehabilitación y mantenimiento de planteles, actividades que tienen costos, alcances e impactos completamente distintos, reparar sanitarios, impermeabilizar un aula o construir un nuevo espacio educativo no pueden tener el mismo peso estadístico únicamente porque todas sean contabilizadas como una “acción”.
Las cifras necesitan convertirse en cobertura
La política educativa no puede evaluarse únicamente sumando becas, paquetes, muebles o intervenciones, el indicador verdaderamente relevante tendría que ser cuántos estudiantes dejaron de abandonar la escuela por razones económicas, cuántos planteles resolvieron definitivamente sus carencias y qué municipios concentran todavía los mayores rezagos.
323 mil becas representan un esfuerzo que no debe minimizarse, pero tampoco convertirse en una cifra aislada utilizada para dimensionar por sí sola el éxito de la política educativa, frente a más de 4.2 millones de estudiantes, el desafío sigue siendo enorme.
El siguiente paso tendría que ser abrir completamente los números, padrón de beneficiarios sin vulnerar datos personales, cobertura por municipio y nivel educativo, monto anual invertido, promedio por estudiante, solicitudes rechazadas, renovaciones y resultados en permanencia escolar, porque solamente entonces podrá saberse si las becas están llegando a quienes más las necesitan o si la estadística acumulada resulta mucho más grande que la cobertura real.


