* La falta de apoyo emocional, comunicación y sentido de pertenencia puede aumentar la vulnerabilidad de las juventudes ante la violencia y los grupos delincuenciales……
Antes de juzgar o criminalizar las conductas de las y los adolescentes, es necesario analizar el entorno familiar, escolar y comunitario en el que se desarrollan, ya que factores como el abandono afectivo y el acoso escolar pueden influir en su bienestar emocional y colocarlos en situaciones de riesgo.
Así lo señaló Martha Camargo Sánchez, magistrada en retiro y presidenta de la Fundación Sanando Heridas, Reconstruyendo Vidas, quien advirtió que la falta de escucha, acompañamiento y comunicación en los entornos más cercanos puede generar sentimientos de soledad, frustración y desesperanza durante una etapa clave del desarrollo.
La especialista explicó que cuando una persona adolescente no encuentra apoyo ni reconocimiento en su familia o escuela, puede volverse más vulnerable a influencias negativas y a grupos delincuenciales que aprovechan esas carencias para ofrecerle aceptación, protección y un sentido de pertenencia.
Asimismo, indicó que detrás de algunas conductas violentas pueden existir emociones no resueltas, como miedo, angustia y frustración, relacionadas con experiencias adversas que afectan el desarrollo emocional y la manera en que las y los jóvenes responden a su entorno.
Desde una perspectiva psicológica y neurocientífica, Camargo Sánchez destacó la importancia de comprender cómo las experiencias de estrés y violencia pueden influir en la regulación emocional. Por ello, consideró fundamental que las familias, las escuelas y las comunidades aprendan a identificar señales de alerta y generen espacios seguros para que las adolescencias puedan expresar sus preocupaciones.
En este sentido, señaló que la adolescencia representa una etapa importante para intervenir de manera oportuna, prevenir situaciones de violencia y ofrecer alternativas que favorezcan el desarrollo integral, en lugar de limitar la respuesta social al castigo, planteó la necesidad de impulsar oportunidades educativas, atención psicológica y mecanismos de reintegración social.
Finalmente, indico que la atención a las causas sociales y emocionales relacionadas con la violencia juvenil requiere la participación coordinada de las familias, las instituciones educativas, las autoridades y las organizaciones civiles.


