* Gasto sin estrategia, gobierno sin freno……
Por Karina A. Rocha Priego
La Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) ha lanzado una alerta que no debe tomarse a la ligera, aunque parezca una más entre tantas advertencias que se pierden en el ruido mediático, la advertencia es clara y contundente: el gasto público en México se ha vuelto una maquinaria sin control, se inyecta más dinero desde el Gobierno Federal, pero cada vez se invierte menos en lo que verdaderamente transforma al país, con un incremento presupuestal previsto de 6 % en términos reales para el próximo año, la pregunta no es si es suficiente, sino en qué se gasta y con qué propósito, lejos de reactivar o consolidar el desarrollo nacional, los recursos públicos se diluyen en una mezcla peligrosa de clientelismo político, elefantes blancos y deudas que crecen como bola de nieve.
Mientras se presume una política social generosa, lo que vemos es un uso electoral disfrazado de justicia social, programas como “Sembrando Vida” o “Jóvenes Construyendo el Futuro” reciben inyecciones multimillonarias sin criterios rigurosos de evaluación, sin métricas transparentes y sin resultados que justifiquen el dispendio; el Tren Maya, proyecto insignia de este sexenio, se tragará otros 30 mil millones de pesos, en medio de sobrecostos, daños ambientales y dudas técnicas que nadie se atreve a responder con seriedad.
Pemex, la empresa estatal que se supone debía ser emblema de autosuficiencia, absorberá 247 mil millones más, pese a no mostrar signos de eficiencia ni rentabilidad, se sigue apostando a un modelo energético del siglo pasado mientras el mundo avanza hacia energías limpias y sostenibles.
Lo más alarmante es que el país se está jugando su estabilidad futura en una ruleta presupuestal donde el crecimiento económico no es más que una expectativa, no una certeza.
Coparmex lo dice con claridad, no hay inversión estratégica, no hay visión de largo plazo y no hay compromiso real con la productividad, la infraestructura física y educativa sigue siendo una promesa a medias, se invierte lo mínimo indispensable cuando debería ser una prioridad urgente, México no necesita más gasto, necesita mejor gasto, y eso es justamente lo que este gobierno no está dispuesto a hacer Deuda: bomba de tiempo y olvido histórico.
El pago del servicio de la deuda se encamina a convertirse en una auténtica bomba de tiempo, en un país que ya ha vivido las consecuencias de una crisis fiscal desbordada en los años 80 y 90, resulta incomprensible que se repita el mismo patrón de endeudamiento irresponsable, hoy los intereses de la deuda compiten peligrosamente con los recursos destinados a salud, educación e infraestructura, el Gobierno Federal está hipotecando el futuro para sostener una narrativa de éxito que no se refleja en el bolsillo de las familias ni en la calidad de vida de la mayoría.
Quienes tienen memoria, saben lo que implica una crisis de deuda, inflación descontrolada, fuga de capitales, recortes brutales al gasto social y un empobrecimiento generalizado que tarda décadas en revertirse, lo preocupante es que la actual administración parece estar más interesada en dejar un legado político que en asegurar la viabilidad financiera de la nación, se apuesta a que el crecimiento económico “va a llegar” como si fuera un acto de fe, mientras los compromisos financieros aumentan y los ingresos no crecen al mismo ritmo.
El enfoque recaudatorio tampoco ayuda, lejos de ampliar la base de contribuyentes o fomentar la formalidad, la autoridad fiscal ha optado por un modelo invasivo, punitivo, que asusta más de lo que incentiva, nuevas figuras fiscales cargadas de ambigüedad legal sólo generan incertidumbre, desincentivan la inversión y alimentan la percepción de un gobierno más interesado en fiscalizar que en generar confianza.
Más clientelismo, menos desarrollo
El verdadero problema no es que se gaste mucho, es que se gasta mal, el país está atrapado en una lógica de gasto clientelar donde lo que importa no es el desarrollo económico, sino la rentabilidad política, la política social se ha convertido en una maquinaria electoral sin control ni evaluación seria, entregar dinero directo puede aliviar la pobreza momentáneamente, pero sin salud, sin educación de calidad y sin empleos formales, lo único que se consigue es prolongar la dependencia, crear votantes leales, no ciudadanos autónomos.
México no puede aspirar al desarrollo si su presupuesto sigue orientado a satisfacer prioridades políticas en lugar de necesidades estructurales, la inversión en infraestructura estratégica, en innovación, en capacitación laboral y en ciencia y tecnología debería ser el centro de cualquier política de Estado, pero hoy esas áreas reciben apenas migajas, este modelo es insostenible, no sólo en lo económico, sino en lo ético.
El llamado de Coparmex no es un capricho empresarial ni una postura ideológica, es una advertencia técnica y responsable, si México no corrige el rumbo, si no se detiene esta inercia de gasto sin estrategia, de deuda sin freno y de política pública sin evaluación, el país corre el riesgo real de entrar en bancarrota, no sólo financiera, sino institucional, 2026 está más cerca de lo que parece y el margen de maniobra se reduce cada día.
El tiempo de lanzar fuegos artificiales presupuestales terminó, es momento de exigir responsabilidad, visión y compromiso con el futuro, no con las urnas.


