* Entre azúcar, colores y antiguas recetas, artesanos de Toluca mantienen viva una tradición que transforma la muerte en una expresión de identidad, memoria y celebración……
Redacción
Toluca vuelve a llenarse de azúcar, colores, calaveras, pequeñas figuras y aromas que anuncian la cercanía del Día de Muertos, la tradicional Feria del Alfeñique convierte cada año al corazón de la capital mexiquense en un enorme escaparate de una de las expresiones culturales más arraigadas de la región, detrás de cada figura existe mucho más que un dulce, hay historia, paciencia, oficio familiar y una manera muy mexicana de mirar a la muerte.
El alfeñique es una pasta elaborada principalmente con azúcar, clara de huevo, limón y otros ingredientes que permiten moldear pequeñas piezas, con ella los artesanos crean calaveras, ataúdes, borreguitos, frutas, animales y una amplia variedad de figuras destinadas principalmente a las ofrendas del Día de Muertos, cada pieza puede parecer sencilla a primera vista, pero su elaboración exige precisión, experiencia y una habilidad que muchas familias han transmitido de generación en generación.
Durante décadas, los puestos instalados en los tradicionales Portales de Toluca se han convertido en parte esencial del paisaje de octubre, generaciones enteras han recorrido estos espacios para elegir una calaverita con el nombre de algún familiar, comprar figuras para la ofrenda o simplemente admirar el trabajo minucioso de quienes convierten el azúcar en pequeñas obras de arte.
Una tradición que sobrevive al paso del tiempo
La elaboración del alfeñique no solamente representa una actividad comercial de temporada, también constituye una manifestación de identidad cultural, en muchas familias artesanas el conocimiento pasa de padres a hijos, las técnicas se perfeccionan con los años y cada generación incorpora nuevos colores, formas y detalles sin abandonar las figuras tradicionales que han acompañado durante décadas las celebraciones de muertos.
Las calaveritas son quizá las piezas más conocidas, algunas llevan flores pintadas, otras pequeños adornos de colores y muchas incluyen el nombre de la persona a quien serán regaladas, lejos de representar algo sombrío, estas figuras reflejan la peculiar relación que la cultura mexicana mantiene con la muerte, una relación en la que existe respeto, recuerdo, humor y también una celebración de la vida.
El reto para los artesanos es mantener vigente esta tradición frente a productos industrializados, decoraciones importadas y nuevas tendencias asociadas con Halloween, sin embargo, el alfeñique continúa conservando un lugar especial porque representa algo que difícilmente puede reproducirse en una fábrica, cada pieza hecha a mano conserva pequeñas diferencias, detalles únicos y la huella personal de quien la elaboró.
Durante estas semanas, Toluca se transforma, los colores del alfeñique se mezclan con el papel picado, las flores de cempasúchil, las veladoras y los elementos de las ofrendas, miles de visitantes recorren los portales y encuentran en estas figuras una conexión directa con las costumbres que han marcado a la ciudad durante generaciones.
El verdadero valor del alfeñique no está únicamente en el azúcar ni en su apariencia, está en las manos que lo moldean, en las familias que conservan el oficio y en la memoria de quienes cada año mantienen viva una tradición que recuerda que en México la muerte también puede tener color, sabor y hasta una sonrisa.
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