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Alicia Lucero Peña, 36 años de compromiso con la salud de la comunidad UAEMéx

Durante 36 años, Alicia Lucero Peña Martínez ha encontrado en el laboratorio mucho más que un espacio de trabajo: un lugar desde donde contribuye, día tras día, al diagnóstico oportuno de los pacientes y al fortalecimiento de la salud de la comunidad universitaria. Detrás de cada análisis clínico existe una historia de disciplina, vocación y servicio que comenzó mucho antes de vestir una bata blanca, en una infancia marcada por la curiosidad, el deporte y el amor por el conocimiento.

Originaria de Toluca, la química farmacéutica bióloga y responsable sanitaria del Laboratorio de Análisis Bioquímicos Clínicos de la Clínica Multidisciplinaria de Salud de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx) creció en un hogar donde aprender era parte de la vida cotidiana.

Hija de padres maestros, compartió su infancia con tres hermanos varones, en un ambiente donde los juegos nunca estuvieron condicionados por estereotipos. Lo mismo disfrutaba un partido de básquetbol que las carreras de 100 metros planos, mientras el cuidado de la alimentación formaba parte de su rutina.

Al mismo tiempo, descubría una fascinación por las matemáticas, la física y las prácticas de laboratorio durante su formación en el Plantel “Lic. Adolfo López Mateos” de la UAEMéx, intereses que terminarían por definir el rumbo de su vida.

“Cuando llegó el momento de decidir qué carrera estudiar, pensé en aquello que realmente disfrutaba y en lo que se me facilitaba. Descubrí que mi camino estaba en la química clínica. Me encanta mi profesión, disfruto todos los días el trato con las personas, los análisis de laboratorio, la interpretación de resultados y el apoyo que podemos brindar al diagnóstico de los pacientes. Esa satisfacción sigue siendo la misma”, expresó.

Convencida de su vocación, ingresó a la Facultad de Química de la UAEMéx, donde encontró el espacio ideal para transformar su interés científico en una profesión. Durante su servicio social llegó al entonces Centro Universitario de Investigaciones Médico Clínicas (CUIMEC), hoy Clínica Multidisciplinaria de Salud, institución que marcaría definitivamente su trayectoria. Ahí desarrolló su tesis en el área de bacteriología bajo la dirección de la química Ana María Hernández Maruri, quien en 1988 le abrió las puertas para incorporarse al equipo de trabajo de la Universidad.

A partir de entonces, su formación profesional no se detuvo. Diplomados, cursos y especializaciones fortalecieron su experiencia, mientras que la Maestría en Ecología le valió la Presea Ignacio Manuel Altamirano y el Premio a los Mejores Estudiantes de México, reconocimientos que reflejan una carrera construida sobre el esfuerzo constante y la actualización permanente.

Su experiencia también trascendió el ámbito universitario. A lo largo de los años colaboró en instituciones como la Policlínica y el Centro Médico del ISSEMyM, el Sanatorio Florencia, Médica San Ángel, la Cruz Roja Delegación Toluca y el Centro Oncológico Estatal, escenarios que ampliaron su visión sobre la importancia del laboratorio clínico como herramienta indispensable para la atención médica.

La docencia ha sido otra de sus grandes pasiones. Durante varios años impartió prácticas de bioquímica a estudiantes de la Facultad de Medicina, convencida de que el conocimiento de laboratorio resulta indispensable para la práctica clínica.

“Siempre he visto al químico como un apoyo fundamental para el médico. Cuando daba prácticas de bioquímica en la Facultad de Medicina les decía a los alumnos: ‘Ustedes quizá no harán estos análisis en el futuro, pero sí tendrán que interpretarlos’. Hoy muchos de aquellos estudiantes son especialistas y eso me llena de orgullo”, compartió.

Después de más de tres décadas de trayectoria universitaria, Alicia Lucero Peña Martínez asegura que su compromiso con la UAEMéx permanece intacto. Entre sus principales objetivos se encuentra lograr la acreditación del Laboratorio de Análisis Bioquímicos Clínicos de la Clínica Multidisciplinaria de Salud bajo estándares nacionales e internacionales, un proceso que permitirá fortalecer la calidad, confiabilidad y certeza de cada resultado emitido en beneficio de la comunidad.

Lejos de pensar en el retiro, mantiene la convicción de que la vocación se alimenta de nuevos desafíos. Para ella, cada meta alcanzada representa el inicio de otra, porque servir, aprender y compartir el conocimiento son principios que han guiado su vida profesional desde aquel primer acercamiento a un laboratorio universitario.

“Siento que todavía puedo dar más. Los sueños nunca se terminan; cuando alcanzas una meta aparece otra. Eso es lo que nos mantiene vivos, con entusiasmo y con ganas de seguir adelante. Disfrutar lo que haces te impulsa a aprender, a enseñar y a apoyar a las futuras generaciones”, concluyó.

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