CAMBIANDO DE TEMA

Austeridad que no se ve

* Horacio Duarte presume austeridad y transparencia, pero su trayectoria mantiene episodios que contrastan con su discurso político……

Por Karina A. Rocha Priego

Como es sabido, el próximo 15 de septiembre arranca formalmente el proceso electoral 2027, por lo que las piezas del ajedrez político ya se mueven pero, estarán de acuerdo que, en política, pocas cosas resultan tan peligrosas como construir una imagen pública que después no resiste el contraste con los hechos, y eso podría convertirse en uno de los principales problemas para Horacio Duarte Olivares, secretario general de Gobierno del Estado de México y uno de los nombres que inevitablemente comienzan a colocarse alrededor de la sucesión de 2029.

Duarte insiste en hablar de austeridad, honestidad, transparencia y combate a la corrupción, conceptos que forman parte del diccionario obligatorio de la llamada Cuarta Transformación, sin embargo, cuando se revisan algunos episodios de su trayectoria, especialmente su paso por las Aduanas del país, aparecen preguntas que difícilmente podrán desaparecer solamente repitiendo esos principios porque, una cosa es predicar austeridad y otra proyectarla; una cosa todavía más importante es exigir transparencia mientras quedan asuntos pendientes por aclarar.

Aduanas, la sombra que permanece

Probablemente el capítulo más incómodo de su trayectoria se encuentra en la Administración General de Aduanas y posteriormente en la Agencia Nacional de Aduanas de México.

Durante aquella gestión, Duarte presumió reiteradamente el combate frontal a la corrupción y aseguró que no habría tolerancia para quienes utilizaran las aduanas como negocio particular.

El problema apareció después. Información periodística basada en documentos de inteligencia militar ha señalado presuntas redes de corrupción y contrabando que habrían operado dentro de distintas aduanas durante el periodo en que Duarte encabezaba la institución, algunos funcionarios mencionados en esos expedientes ocuparon posiciones relevantes dentro de aquella estructura y, políticamente existe una pregunta inevitable.

¿Cómo pudo crecer una presunta estructura de corrupción dentro de una institución cuyo responsable aseguraba estar limpiándola?.

No basta decir que Horacio Duarte, “nunca ha sido imputado”.

Un aspirante a gobernar la entidad más poblada del país tendría que explicar también qué controles fallaron, quién nombró a determinados funcionarios, cuándo conoció las irregularidades y qué hizo para impedirlas.

Austeridad desde una Suburban

Durante la precampaña mexiquense de 2023 se documentó que Duarte se desplazaba en una Chevrolet Suburban modelo reciente cuyo valor rondaba los tres millones de pesos.

Utilizar ese vehículo no significa que fuera suyo y tampoco constituye irregularidad alguna, incluso Morena argumentó entonces razones relacionadas con seguridadm (sic), pero la política también se construye con símbolos.

Resulta difícil vender austeridad republicana desde el asiento de una camioneta cuyo precio representa varios años de salario para una familia trabajadora.

Más aún cuando Duarte ha sido particularmente enfático al señalar que en el gobierno mexiquense la austeridad “no es negociable”.

Quizá legalmente no exista contradicción, pero políticamente, la fotografía habla sola.

El salario también cuenta

Durante su paso por Aduanas, Duarte llegó a percibir alrededor de 155 mil pesos mensuales entre sueldo y compensaciones, de acuerdo con información obtenida mediante transparencia y publicada en medios nacionales, nada ilegal, nada clandestino pero, una vez más, aparece la distancia entre discurso y realidad.

La austeridad gubernamental no debería significar que los servidores públicos trabajen gratuitamente ni que renuncien a condiciones razonables de seguridad, pero quienes convierten la austeridad en bandera política quedan inevitablemente obligados a demostrarla con mayor contundencia que los demás.

Porque cuando se hace de la sencillez una virtud electoral, los ciudadanos adquieren el derecho de revisar cómo viven quienes la predican.

Transparencia para todos

Existe además otro frente que debería preocupar al secretario general de Gobierno.

Su dependencia ha enfrentado cuestionamientos periodísticos por información contractual, gastos y obligaciones de transparencia que presuntamente no estuvieron disponibles oportunamente en las plataformas correspondientes.

Podría tratarse de incumplimientos administrativos corregibles, pero nuevamente el problema es la contradicción.

No puede pedirse transparencia absoluta a los gobiernos anteriores y conformarse con transparencia parcial cuando corresponde rendir cuentas propias.

La Cuarta Transformación construyó buena parte de su legitimidad señalando los excesos, privilegios y opacidad del viejo régimen, pero después de varios años gobernando, aquella explicación comienza a agotarse y ahora corresponde responder por lo propio.

¿2029? Todavía falta, pero ya comenzó

Horacio Duarte asegura que está concentrado en sus responsabilidades actuales y no buscando la candidatura al gobierno estatal y, formalmente tiene razón pues faltan tres años para la elección.
Pero nadie seriamente involucrado en la política mexiquense puede ignorar que la sucesión comenzó silenciosamente.

Duarte posee estructura, experiencia electoral, cercanía histórica con el grupo político de Texcoco, posiciones dentro del gobierno y una presencia creciente en las decisiones políticas del Estado de México.
Precisamente por eso su pasado será revisado cada vez con mayor intensidad y si pretende convertirse eventualmente en sucesor de Delfina Gómez, deberá asumir que no será suficiente repetir austeridad, honestidad y transformación.

Tendrá que demostrarlo

Especialmente deberá explicar qué ocurrió realmente durante su administración en Aduanas y hasta dónde llegó su responsabilidad política sobre quienes operaban debajo de él. Porque quizá Horacio Duarte pueda argumentar que nunca ha sido acusado formalmente de corrupción, y hasta ahora esa precisión resulta indispensable pero existe otra responsabilidad que no necesita tribunales: la responsabilidad política.

Cuando alguien pretende gobernar a más de 17 millones de mexiquenses, importa aquello que ocurrió bajo su mando, aquello que permitió su estructura y aquello que, teniendo obligación de conocer, aparentemente nunca vio.

La austeridad puede pronunciarse desde cualquier tribuna, la congruencia, en cambio, necesita demostrarse.

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