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Becas, recorte silencioso

La reducción al presupuesto de becas en el Estado de México para 2026 confirma una constante incómoda, el discurso oficial insiste en priorizar la educación, pero los números revelan otra realidad, se asignan 816 millones de pesos, una cifra menor al ejercicio de 2025, lo que representa un recorte de casi 5 millones de pesos, una disminución que, aunque pueda parecer marginal en términos globales, resulta significativa cuando se traduce en oportunidades perdidas para miles de estudiantes.

Prioridades que no cuadran

El dato más preocupante no es solo la reducción en términos absolutos, sino su proporción dentro del presupuesto total de la Secretaría de Educación, Ciencia, Tecnología e Innovación, donde las becas apenas representan el 1.18 por ciento, en una dependencia que concentra más de 69 mil millones de pesos, esta distribución deja ver con claridad que el apoyo directo a estudiantes no es precisamente el eje central de la política educativa, pese a que se le utilice como bandera pública.

Mientras tanto, otros rubros dentro del mismo capítulo continúan recibiendo recursos sin el mismo nivel de escrutinio, subsidios a fideicomisos, apoyos diversos y gastos administrativos avanzan sin mayor cuestionamiento, lo que abre la puerta a preguntarse si el problema no es la falta de dinero, sino la forma en que se decide asignarlo, porque cuando se habla de educación, cada peso retirado a becas tiene un impacto directo en la permanencia escolar, especialmente en sectores vulnerables.

Ajustes que normalizan el retroceso

El argumento de que el presupuesto puede modificarse durante el ejercicio fiscal no elimina la señal de fondo, se aprueba menos desde el inicio, lo que refleja una planeación que ya contempla la reducción como punto de partida, en 2025 el monto también fue ajustado, lo que evidencia que las ampliaciones no son garantía, sino correcciones sobre decisiones iniciales limitadas.

Además, el hecho de que en el primer trimestre ya se haya ejercido cerca de una cuarta parte del recurso plantea dudas sobre la sostenibilidad del programa a lo largo del año, porque si el ritmo de gasto se mantiene, la presión presupuestal podría derivar en restricciones posteriores o en una distribución desigual de los apoyos.

En un estado donde las brechas educativas siguen siendo profundas, reducir becas, aunque sea de forma discreta, no es un ajuste menor, es una señal política, una que contradice la narrativa de prioridad social, porque en la práctica, la educación sigue siendo un terreno donde los recortes pasan casi desapercibidos, pero sus efectos se acumulan y terminan por amplificar la desigualdad.

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