La ruptura de Hungría con la política prorrusa de Viktor Orbán tomó su forma más clara hasta ahora, cuando el gobierno del primer ministro Péter Magyar ordenó la expulsión de 10 diplomáticos rusos por actividades que, según Budapest, violaron la Convención de Viena.
La ministra de Asuntos Exteriores, Anita Orbán, quien no tiene parentesco con el ex primer ministro, afirmó que la medida busca proteger la “seguridad y soberanía” de Hungría sin cerrar los canales diplomáticos. Moscú rechazó esa distinción.
La portavoz rusa Maria Zakharova advirtió que la respuesta será “dura y dolorosa”.
La Comisión Europea respaldó el derecho de Budapest a actuar y vinculó el episodio con presuntas operaciones híbridas rusas contra la UE.
La decisión revierte buena parte de la política exterior de los últimos 16 años. Viktor Orbán mantuvo una relación estrecha con Vladimir Putin incluso después de la invasión rusa de Ucrania en 2022, preservó las compras de energía rusa y bloqueó o retrasó en repetidas ocasiones medidas de la UE contra Moscú.
Magyar, electo en abril, ha subrayado en cambio la pertenencia de Hungría a la UE y a la OTAN, además de adoptar lineamientos que identifican a Rusia como una amenaza para Hungría y Europa.
El medio ruso de investigación Agentstvo reportó que al menos 15 de los 47 empleados de la embajada de Rusia en Budapest estaban vinculados con servicios de inteligencia, mientras otros seis eran considerados sospechosos.
Investigaciones anteriores documentaron una intrusión rusa en los sistemas del Ministerio de Exteriores húngaro, mientras que las autoridades abrieron en julio una investigación contra el exministro Péter Szijjártó por la presunta entrega de información sensible a funcionarios rusos.
Las expulsiones también forman parte de una tendencia más amplia en Europa.
Desde 2022, expulsaron a cientos de integrantes de misiones diplomáticas rusas del continente; para inicios de 2023, la cifra se acercaba a 600.
El mismo día, Rumania y Moldavia informaron de detenciones separadas vinculadas con presuntas actividades de inteligencia rusa que involucraban objetivos militares, equipo de la OTAN e instalaciones estadounidenses.
La decisión de Budapest va más allá de una disputa bilateral: Magyar está utilizando la política exterior para desmontar uno de los legados más distintivos de la era Orbán y reposicionar a Hungría dentro del consenso europeo de seguridad.


