Por Mireya Álvarez
La discusión sobre el uso de celulares dentro de las escuelas no debería quedarse en decidir si estos dispositivos entran o no a las aulas. Para la diputada local de Movimiento Ciudadano (MC), Ruth Salinas Reyes, el verdadero desafío consiste en construir reglas que permitan aprovechar la tecnología sin que termine desplazando el aprendizaje, la convivencia o la responsabilidad de las familias.
Y es que, ante las medidas que buscan restringir el uso de teléfonos móviles en los planteles educativos del país, la legisladora consideró que establecer límites puede ser positivo para reducir distracciones y contribuir al bienestar emocional de los estudiantes; sin embargo, advirtió que existe otro fenómeno que avanza con rapidez y que también requiere atención, toda vez que, el uso de herramientas de inteligencia artificial para resolver actividades escolares.
Salinas Reyes señaló que actualmente muchos alumnos recurren a plataformas de IA para obtener respuestas, elaborar trabajos o completar tareas, lo que puede reducir procesos fundamentales como la lectura, la investigación y el razonamiento propio.
A ello, dijo, se suma una dificultad creciente para los docentes, quienes deben determinar si un trabajo refleja realmente los conocimientos del estudiante o fue generado mediante una herramienta digital.
Por ello, planteó que la regulación tecnológica dentro del sistema educativo debe ser más amplia y establecer criterios tanto para los teléfonos como para las tabletas y la inteligencia artificial.
Salinas Reyes rechazó que la solución necesariamente tenga que ser una prohibición absoluta, por ende, consideró más conveniente definir “cuándo, para qué y en qué condiciones, puede utilizarse un dispositivo en el aula, particularmente cuando exista una finalidad pedagógica, una instrucción expresa del profesor o alguna situación de emergencia”.
La emecista también llamó a que las reglas sean aplicables a todos los integrantes de la comunidad escolar, y a su juicio, no sería congruente pedir a los estudiantes que prescindan de sus celulares mientras los propios docentes los utilizan durante las actividades académicas; la regulación, sostuvo, debe establecer responsabilidades compartidas.
El papel de madres y padres de familia tampoco puede quedar fuera de esta discusión, por ello, la congresista advirtió que los hábitos tecnológicos adquiridos en casa difícilmente cambiarán únicamente mediante restricciones escolares. “Si un menor pasa varias horas al día frente al teléfono fuera del plantel, limitar su utilización durante la jornada educativa no resolverá por sí solo el problema”, enfatizó.
De ahí que proponga construir acuerdos entre autoridades, profesores y familias para definir límites y responsabilidades, tanto dentro como fuera de las aulas.
Además, la legisladora reconoció que existen inquietudes entre padres de familia que temen perder comunicación con sus hijos durante el horario escolar si no tienen acceso inmediato al celular, por ello, consideró indispensable establecer mecanismos que permitan atender emergencias sin convertir al teléfono en un elemento permanente de distracción.
Para Ruth Salinas, el reto no consiste en sacar la tecnología de las escuelas, sino en “enseñar a utilizarla con responsabilidad”; la regulación de celulares dijo, puede ser un primer paso, pero el debate tendrá que incorporar también la inteligencia artificial, la salud mental, el acompañamiento familiar y la responsabilidad de los docentes.
El objetivo final, sostuvo, debe ser que las herramientas digitales estén al servicio de la educación y no que sustituyan el esfuerzo, la investigación y el aprendizaje de niñas, niños y adolescentes.


