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Científicos descubren qué alimenta la vida oculta bajo la Ciudad Perdida

Bajo la oscuridad del océano Atlántico, un circuito natural transforma agua marina en un fluido capaz de sostener vida sin recibir luz solar. El hallazgo explica cómo obtiene energía la Ciudad Perdida, un campo hidrotermal formado por chimeneas blancas que alcanzan hasta 60 metros.

La investigación se desarrolló durante la Expedición 399 del Programa Internacional de Descubrimiento de los Océanos. Científicos perforaron el pozo U1601C hasta 1.268 metros bajo el lecho marino, aproximadamente 800 metros al norte del campo hidrotermal.

El sitio se encuentra en el macizo de Atlantis, una formación geológica submarina situada cerca de la dorsal mesoatlántica. Su nombre no guarda relación comprobada con la Atlántida descrita por Platón, pese a la semejanza entre ambas denominaciones.

La Ciudad Perdida fue descubierta en el año 2000 y reúne torres de carbonato, manantiales alcalinos y comunidades microbianas adaptadas a condiciones extremas. Estos organismos no dependen de la fotosíntesis, porque obtienen energía mediante reacciones químicas entre agua, gases y rocas profundas.

Estas muestras recolectadas mostraron que hasta 80% del líquido profundo correspondía a agua de formación modificada bajo la corteza oceánica. Su composición registró señales de reacciones ocurridas a temperaturas superiores a 300 grados Celsius, equivalentes a 572 grados Fahrenheit.

Debido a la intensa presión submarina, el agua conserva su estado líquido aun con temperaturas superiores al punto de ebullición. Durante su recorrido, el fluido pierde magnesio e incorpora calcio, litio, rubidio, cesio y estroncio desde las rocas circundantes.

Los análisis también detectaron hidrógeno, metano y otros compuestos utilizados por microorganismos como fuentes de energía. Esta combinación coincide con los fluidos expulsados por las chimeneas de la Ciudad Perdida, donde la vida prospera sin radiación solar.

El proceso comienza cuando el agua del océano desciende por grietas abiertas dentro de la corteza terrestre. Después entra en contacto con gabros y peridotitas calientes, cambia su composición y asciende nuevamente cargada de gases, minerales y energía química.

Los gabros forman parte de la corteza oceánica inferior, mientras las peridotitas proceden principalmente del manto terrestre. Ambas rocas permiten estudiar procesos geológicos profundos que normalmente permanecen fuera del alcance de las perforaciones científicas.

Este mecanismo convierte a la Ciudad Perdida en un modelo para estudiar ambientes potencialmente habitables en otros cuerpos del sistema solar. Europa, luna de Júpiter, y Encélado, satélite de Saturno, contienen océanos cubiertos por extensas capas de hielo.

La presencia de agua líquida, rocas calientes y reacciones productoras de hidrógeno podría generar condiciones energéticas semejantes en esos mundos. Sin embargo, los resultados no demuestran la existencia de vida extraterrestre ni confirman organismos fuera de la Tierra.

Parte de las muestras contenía agua marina y agua dulce utilizada durante la perforación, una mezcla que limitó algunas mediciones químicas. Nuevos muestreos buscarán recuperar fluidos más puros y medir con precisión el pH, los metales traza y los gases disueltos.

El pozo U1601C confirmó una conexión directa entre la corteza profunda y las chimeneas hidrotermales de la Ciudad Perdida. Ese circuito transporta continuamente energía química hacia el fondo oceánico y mantiene activo un ecosistema independiente de la luz solar.

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