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Cientos de familias viven junto a cloaca a cielo abierto

* Los habitantes de Tecamachalco, en Naucalpan, aseguran que la Presa San Joaquín es un problema ambiental que afecta su salud, calidad de vida y patrimonio……

Por Martha Romero

Respirar malos olores, mantener puertas y ventanas cerradas y convivir con aguas contaminadas se ha convertido en parte de la vida cotidiana de cientos de familias de Tecamachalco, donde la Presa San Joaquín permanece como un foco de contaminación que, pese a denuncias acumuladas durante más de una década, continúa sin recibir una solución integral.

La Asociación de Colonos de Tecamachalco A.C. lanzó un nuevo llamado a la Comisión Nacional del Agua (Conagua), la Secretaría de Gestión Integral del Agua de la Ciudad de México (SEGIAGUA), la Comisión del Agua del Estado de México (CAEM) y demás autoridades involucradas para intervenir de manera inmediata.

El reclamo adquiere mayor gravedad porque no se trata de un problema recién descubierto, desde hace años los habitantes han denunciado que el vaso regulador recibe aguas residuales provenientes de diferentes puntos de la Zona Metropolitana del Valle de México, convirtiéndolo prácticamente en una cloaca a cielo abierto.

Una década denunciando lo mismo

Desde 2017 representantes vecinales advertían que la problemática podía afectar a más de 144 mil habitantes de Tecamachalco y zonas cercanas, además de generar consecuencias económicas para comerciantes y propietarios de inmuebles.

Casi una década después, las denuncias continúan

En los últimos meses los olores volvieron a intensificarse y habitantes aseguran que durante determinados periodos deben permanecer con puertas y ventanas cerradas, una medida que evidencia hasta qué punto la contaminación ha invadido espacios que deberían representar seguridad y bienestar para las familias.

Incluso existen antecedentes de residentes que tuvieron que abandonar temporalmente sus viviendas debido a olores relacionados con contaminantes vertidos en la barranca.

“La salud de nuestros vecinos no puede seguir dependiendo del viento o de que llueva para que desaparezcan los malos olores por unas horas”, advirtió Meni Cohen, presidente de la Asociación de Colonos de Tecamachalco, quien sostuvo que el problema debe considerarse también desde una perspectiva de salud pública.

El patrimonio también paga la factura

La contaminación no solamente deteriora las condiciones ambientales, los colonos aseguran que también golpea directamente el patrimonio de quienes adquirieron viviendas en una de las zonas residenciales de mayor valor de Naucalpan.

Desde años atrás se ha advertido una disminución en el atractivo inmobiliario de algunos sectores, con casas y departamentos nuevos que enfrentan dificultades para comercializarse.

La situación también alcanza a establecimientos comerciales, cuyos propietarios han señalado afectaciones relacionadas con una menor afluencia de consumidores.

Resulta difícil hablar de plusvalía cuando potenciales compradores encuentran una presa contaminada, olores persistentes y un problema ambiental cuya solución continúa aplazándose.

Muchas autoridades, pocas soluciones

Una de las principales dificultades es precisamente la ubicación y naturaleza del sistema hidráulico.

La Barranca de Tecamachalco y la Presa San Joaquín forman parte de una cuenca compartida entre Ciudad de México y Estado de México, circunstancia que requiere intervención coordinada de autoridades federales, capitalinas, estatales y municipales.

Pero esa distribución de competencias también corre el riesgo de convertirse en el escenario perfecto para diluir responsabilidades.

Mientras una dependencia administra determinada infraestructura y otra tiene atribuciones ambientales o hidráulicas, quienes continúan respirando los malos olores son los vecinos.

El crecimiento urbano, las descargas residuales y la insuficiencia de infraestructura de drenaje han aumentado la presión sobre el sistema, mientras el estancamiento de aguas contaminadas favorece condiciones que generan olores y deterioro ambiental.

La situación resulta todavía más contradictoria porque la Presa San Joaquín se localiza dentro de un Área Natural Protegida, condición que debería significar mayores obligaciones para conservar y recuperar ambientalmente el entorno.

Vecinos rechazan nuevos paliativos

Los habitantes insisten en que ya no quieren intervenciones temporales que disminuyan momentáneamente los olores para después regresar al mismo punto.

La demanda es un programa integral de saneamiento que identifique y controle las descargas, atienda el funcionamiento hidráulico de la presa y establezca acciones permanentes de recuperación ambiental.

También exigen coordinación efectiva entre Conagua, SEGIAGUA, CAEM y las autoridades municipales y ambientales involucradas.

Después de más de una década de denuncias, anunciar nuevas mesas de trabajo o estudios difícilmente será suficiente si éstos no están acompañados de presupuesto, calendario de ejecución y responsabilidades claramente establecidas.

Normalizar la contaminación

El mayor riesgo es que la convivencia cotidiana con aguas residuales termine siendo asumida institucionalmente como un problema permanente e inevitable. No debería serlo.

Miles de personas viven, trabajan, estudian, realizan compras o reciben atención médica en los alrededores, por lo que la contaminación rebasa ampliamente a quienes tienen una vivienda frente a la presa.

“No podemos normalizar vivir junto a una cloaca a cielo abierto”, sentenció Cohen.

La frase resume el hartazgo de una comunidad que lleva años denunciando prácticamente lo mismo.

La Presa San Joaquín ya no necesita otro diagnóstico que confirme que existe contaminación, necesita una solución verificable, porque después de tantos años el problema no solamente exhibe el deterioro ambiental de la zona, también evidencia las consecuencias de una coordinación metropolitana incapaz de traducirse en resultados.

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