* Estado de México, en una fase de alta tensión política……
Análisis y redacción
Por Karina Libien Rocha
El tablero político en el Estado de México ya comenzó a moverse con fuerza rumbo a las elecciones municipales de 2027, aunque muchos actores aún no lo hacen oficial, en los hechos ya hay una operación abierta, silenciosa en algunos casos, descarada en otros, donde se acomodan piezas, se reciclan perfiles y se construyen candidaturas desde ahora, lo que debería ser un proceso democrático empieza a parecer más una repartición anticipada del poder, donde los ciudadanos quedan al final de la ecuación.
Tres rutas hacia el poder
El escenario es claro y no admite matices, tres dinámicas dominan el proceso, continuidad disfrazada de reelección, sucesión obligada donde la ley impide repetir, y una tercera vía donde emergen nuevos actores que buscan colarse en un sistema que históricamente ha sido cerrado, el problema es que ninguna de estas rutas responde necesariamente a un interés ciudadano, sino a la lógica del control político.
En los municipios donde hay posibilidad de continuidad, los alcaldes en turno ya operan con ventaja, estructura, recursos, exposición mediática y control territorial, lo que convierte la supuesta competencia en una simulación adelantada, ahí no hay piso parejo, hay continuidad pactada.
En contraste, donde no hay reelección, la disputa se vuelve más agresiva, más real, más cruda, grupos internos se fragmentan, operadores se mueven en lo oscuro y figuras externas buscan irrumpir, no por convicción, sino por oportunidad.
Y en medio de este reacomodo aparece un actor que comienza a crecer sin hacer ruido, Movimiento Ciudadano, que sin ser dominante empieza a capitalizar el desgaste de los partidos tradicionales y las divisiones internas de Morena y el PAN.
Morena domina, pero está desgastado
El partido en el poder mantiene una ventaja evidente en gran parte del estado, pero no es una hegemonía sólida, es una dominancia con grietas, con conflictos internos y con liderazgos que compiten entre sí más que contra la oposición.
En municipios clave como Toluca, Ecatepec, Naucalpan y Tlalnepantla, Morena llega fuerte, pero dividido, con múltiples aspirantes que disputan el control interno, lo que podría convertirse en su mayor debilidad.
En Toluca, el actual alcalde, Ricardo Moreno Bastida, se perfila para mantenerse en la contienda, pero no está solo, dentro del mismo grupo ya se mueven figuras como Paola Jiménez Hernández, lo que anticipa una disputa interna que podría desgastar al partido antes de enfrentar a la oposición.
En Ecatepec, el municipio más poblado del país, el escenario es aún más complejo, resurgen figuras como Fernando Vilchis Contreras junto a nuevos perfiles, todos dentro del mismo espectro político, lo que convierte la elección en una batalla interna más que externa.
En Naucalpan, Isaac Montoya Márquez aparece con fuerza para repetir, pero enfrente ya se reorganiza el PAN con Angélica Moya Marín, lo que anticipa una contienda real, no definida aún, donde el desgaste de Morena podría jugar en su contra.
El PAN resiste en sus bastiones
A diferencia de Morena, el PAN no domina el estado, pero sí controla territorios estratégicos donde ha consolidado estructuras sólidas y disciplinadas, el caso más claro es Huixquilucan, donde el poder no cambia de manos, sólo de nombre.
La actual alcaldesa Romina Contreras Carrasco no podrá reelegirse, pero eso no implica una pérdida de control, al contrario, todo apunta a una rotación interna donde Enrique Vargas del Villar regresaría al poder, confirmando que en este municipio no hay competencia real, hay continuidad estructurada.
En Metepec, otro bastión panista, la salida obligada de Fernando Flores Fernández abre un escenario distinto, aquí sí hay disputa, aquí sí hay riesgo, y aquí sí podría romperse el control histórico del PAN.
Metepec, el laboratorio político
Metepec se convierte en uno de los municipios más relevantes rumbo a 2027, no solo por su peso económico y social, sino porque representa un punto de quiebre, sin reelección, sin continuidad automática, y con múltiples actores en juego.
El PAN busca mantener el control con Iraí Albarrán Segura, esposa del actual alcalde, Fernando Flores Fernández, y quien busca poner en práctica la misma fórmula que su amigo Enrique Vargas del Villar, quien, con Romina Contreras, alcanzó el umbral del poder en Huixquilucan; sin embargo, no hay punto de comparación, pues para desgracia de Flores Fernández, la soberbia y prepotencia de su esposa Iraí, no es del agrado de la población metepequense, incluso, hay quienes ser preguntan: ¿será que Iraí, dejará el Gucci, Chanel o el Rolex para saludar a la población?, ¿será que cargará un desinfectante de manos para lavarse continuamente? Porque, lo que la presidenta del DIF municipal de Metepec, es una imagen “de alta sociedad”, imposible de “codearse con los de abajo”.
Por otro lado, Morena intenta capitalizar la apertura con perfiles como Pepe Benítez, el PRI se aferra con figuras como Mariano Camacho, y el Partido Verde empuja a Ernesto Nemer.
Pero el verdadero factor disruptivo es Movimiento Ciudadano, que podría entrar con una figura de alto perfil como Ana Lilia Herrera Anzaldo, lo que transformaría completamente el escenario, dejando de ser una contienda bipartidista para convertirse en una elección fragmentada.
Aquí no hay favorito claro, hay incertidumbre, y eso lo convierte en el municipio más competitivo del mapa.
Oriente, territorio de conflicto interno
En municipios como Chalco y Ecatepec, la disputa no es entre partidos, es dentro del mismo partido, Morena enfrenta su propio crecimiento desordenado, donde múltiples liderazgos buscan imponer su candidatura.
En Chalco destacan nombres como José Miguel Gutiérrez Morales y Anaís Miriam Burgos Hernández, ambos con estructura, ambos con operación, ambos compitiendo por el mismo espacio.
Este tipo de escenarios debilita al partido, porque mientras se pelean entre ellos, la oposición encuentra oportunidades.
Lerma, la elección más abierta
Uno de los casos más interesantes es Lerma, donde la imposibilidad de reelección rompe completamente el esquema de continuidad, aquí no hay candidato natural, no hay línea clara, hay disputa total.
El PRI busca mantenerse con Jaime Cervantes Sánchez; Morena intenta imponer su estructura desde el gobierno en turno, y figuras locales como Tony Ruiz comienzan a ganar terreno desde abajo, con operación territorial y cercanía real con la gente.
Este tipo de perfiles representan un riesgo para los partidos tradicionales, porque no dependen de estructuras nacionales, sino de trabajo local, lo que puede cambiar el resultado en municipios donde la elección se define por movilización, no por discurso.
PRI sobrevive, pero no lidera
El PRI sigue presente, pero ya no como protagonista, su papel es reactivo, intenta conservar espacios, reconfigurarse en municipios como Atlacomulco, y mantenerse vigente donde aún tiene estructura.
No marca la agenda, no lidera el proceso, sobrevive políticamente, lo que ya es significativo considerando su caída en los últimos años.
Municipios silenciosos, pero clave
Mientras la atención se centra en los grandes municipios, hay otros donde la elección se definirá en lo local, sin reflectores, pero con alto impacto como: Zinacantepec, Almoloya de Juárez, Calimaya, Amecameca, todos con dinámicas propias, donde el control territorial, la estructura y la operación política serán más importantes que cualquier encuesta o posicionamiento mediático.
Aquí es donde se ganan elecciones sin ruido, donde se construye poder real, lejos de los titulares.
Movimiento Ciudadano, el factor incómodo
El crecimiento de Movimiento Ciudadano no es explosivo; es estratégico, se posiciona donde hay desgaste, donde hay conflicto, donde hay vacío.
No necesita ganar todo, le basta con romper el equilibrio, dividir el voto y convertirse en árbitro en varias elecciones.
Ese es su verdadero papel en 2027, no dominar, sino alterar.
Una elección sin ciudadanos
La lectura final es preocupante, lo que debería ser una competencia democrática se está configurando como una disputa entre grupos, estructuras y liderazgos que buscan mantener o tomar el poder.
El ciudadano queda fuera, como espectador de un proceso que se decide mucho antes de llegar a las urnas.
Donde hay reelección, el poder se queda, donde no, se reparte, y donde hay nuevos actores, se negocia.
En consecuencia, el Estado de México entra en una fase de alta tensión política, donde las reglas formales importan menos que las operaciones reales, donde los partidos compiten, pero también se fragmentan, y donde el poder se mueve antes de que el proceso electoral siquiera comience.
El tablero ya está en juego, las piezas ya se están acomodando, y aunque oficialmente nadie es candidato, en los hechos la elección ya empezó, y como siempre, no será la ciudadanía quien la defina, sino quienes tienen la capacidad de operar, movilizar y controlar el poder local.
Porque en el Estado de México, las elecciones no se ganan en campaña, se construyen desde mucho antes, en lo oscuro, en lo interno, en palacio de gobierno.


