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En cinco municipios mexiquenses reclutan niños para el crimen

* El Estado de México figura entre las entidades con mayor incidencia de reclutamiento de menores por parte del crimen organizado, una crisis que evidencia el fracaso institucional para proteger a la infancia……

* En México existen más de 50 grupo delictivos, entre ellos, el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), Cártel de Sinaloa, Los Ardillos, La Unión Tepito, La Nueva Familia Michoacana, entre otros……

Por Martha Romero

Mientras los discursos oficiales insisten en destacar avances en seguridad y programas sociales, una realidad cada vez más alarmante se expande en diversas regiones del país, el reclutamiento de niñas, niños y adolescentes por parte de organizaciones criminales.
El Estado de México, la entidad más poblada del país, aparece ya en el quinto lugar nacional entre las zonas consideradas de alta incidencia en este fenómeno, únicamente por debajo de Baja California, Colima, Chihuahua y Ciudad de México.

De acuerdo con el Mecanismo Estratégico del Reclutamiento y Utilización de Niños, Niñas y Adolescentes por Grupos Delictivos y la Delincuencia Organiza da en Zonas de Alta Incidencia Delictiva en México, municipios mexiquenses como Ecatepec, Naucalpan, Tlalnepantla, Nezahualcóyotl y Cuautitlán Izcalli registran una preocupante presencia de redes criminales que captan menores para actividades ilícitas.

El problema resulta particularmente grave porque no se trata únicamente de jóvenes cercanos a la mayoría de edad. Los grupos criminales están incorporando a menores desde los seis años de edad, convirtiéndolos en instrumentos de vigilancia, mensajería, transporte de drogas y captación de otros niños.

La situación representa uno de los rostros más crueles de la violencia que vive México, pues detrás de cada menor reclutado existe una historia marcada por pobreza, abandono, violencia familiar, falta de oportunidades y ausencia del Estado.

Un negocio alimentado por la impunidad

El documento advierte que más de 50 organizaciones criminales operan actualmente en territorio nacional, entre ellas el Cártel Jalisco Nueva Generación, Cártel de Sinaloa, La Nueva Familia Michoacana, Guerreros Unidos, Los Viagras, Los Rojos, La Unión Tepito y diversas estructuras regionales que disputan territorios y mercados ilícitos.

Para estas organizaciones, los menores representan mano de obra barata, fácilmente manipulable y, en muchos casos, desechable. Son utilizados inicialmente como halcones, mensajeros o distribuidores de droga, pero conforme avanzan dentro de las estructuras criminales pueden terminar participando en extorsiones, secuestros, homicidios y desaparición de personas.

La gravedad del fenómeno se agrava debido a que el reclutamiento de menores por parte del crimen organizado no se encuentra tipificado de manera específica en la legislación mexicana. Esta omisión jurídica ha permitido que quienes participan en la captación, entrenamiento y utilización de menores operen en amplios márgenes de impunidad.

Resulta difícil comprender cómo un problema documentado desde hace años continúa sin una respuesta legal contundente. Mientras el Estado discute reformas y estrategias, miles de menores siguen siendo absorbidos por estructuras criminales que encuentran terreno fértil en comunidades abandonadas por las instituciones.

Redes sociales, videojuegos y falsas promesas

Las formas de captación también han evolucionado. Atrás quedaron los métodos tradicionales utilizados exclusivamente en calles o barrios marginados.

Actualmente los grupos criminales utilizan redes sociales, plataformas digitales y videojuegos en línea para acercarse a menores de edad. A través de estos espacios ofrecen dinero fácil, armas, vehículos, reconocimiento social y una falsa sensación de pertenencia.

Las organizaciones criminales explotan además la vulnerabilidad emocional de adolescentes que enfrentan abandono, problemas familiares, adicciones o fracaso escolar. En otros casos recurren directamente a amenazas, secuestros o privaciones ilegales de la libertad para obligarlos a participar en actividades ilícitas.

La expansión de estas prácticas confirma que el problema ya no puede analizarse únicamente como una cuestión de seguridad pública. Se trata también de una crisis social, educativa y familiar que refleja profundas fallas estructurales.

El fracaso de las políticas de prevención

El reclutamiento criminal de menores constituye una evidencia contundente del fracaso acumulado de diversas políticas públicas. Durante años se han anunciado programas de prevención, rescate de espacios públicos, combate a las adicciones y fortalecimiento educativo, sin embargo los resultados continúan siendo insuficientes.

La deserción escolar, el desempleo juvenil, la violencia intrafamiliar y la falta de oportunidades siguen presentes en amplias zonas urbanas y rurales del Estado de México. Estos factores son aprovechados por grupos criminales que ofrecen aquello que las instituciones no han podido garantizar, ingresos económicos, identidad, protección o sentido de pertenencia.

La paradoja es devastadora, mientras las autoridades hablan de recuperación del tejido social, organizaciones criminales continúan construyendo sus propias estructuras de reclutamiento entre niñas, niños y adolescentes.}Cada menor incorporado a una célula criminal representa una derrota para el Estado, para las instituciones educativas y para los sistemas de protección social.

Sin reformas legales contundentes, estrategias de prevención reales y una coordinación efectiva entre autoridades, el Estado de México corre el riesgo de seguir viendo cómo una generación completa es capturada por organizaciones criminales que han encontrado en la infancia uno de sus recursos más valiosos y vulnerables. La pregunta ya no es si el problema existe, sino cuánto tiempo más se permitirá que continúe creciendo frente a la mirada de todos.

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