* El repunte de homicidios durante los últimos cinco días de julio impidió que el Estado de México alcanzara su registro mensual más bajo en casi dos décadas, aunque la reducción anual permanece como una de las más importantes de los últimos años……
Por Martha Romero
Cuando todo indicaba que julio marcaría un nuevo mínimo histórico en homicidios dolosos para el Estado de México, una escalada de violencia registrada durante los últimos cinco días del mes modificó el escenario, en apenas una semana fueron asesinadas 22 personas, cifra que representó casi una cuarta parte de las 85 víctimas contabilizadas durante todo julio, demostrando que, aunque la tendencia general continúa a la baja, la capacidad de reacción de los grupos delictivos sigue siendo suficiente para alterar en pocos días los indicadores de seguridad.
Hasta el 26 de julio, las estadísticas permitían proyectar un cierre cercano a los 75 homicidios dolosos, una cifra sin precedentes en los registros recientes de la entidad, sin embargo, entre el 27 y el 31 de julio la violencia cambió de ritmo, el día 27 se registraron tres asesinatos, el 28 fueron dos, el 29 nuevamente dos, el 30 la cifra aumentó a seis y el 31 cerró con nueve víctimas, convirtiéndose en la jornada más violenta del mes.
El dato resulta significativo porque únicamente durante las últimas 48 horas de julio ocurrieron 15 homicidios, equivalentes al 17.6 por ciento del total mensual, además, durante esas dos jornadas el Estado de México volvió a ocupar el primer lugar nacional en incidencia diaria de este delito, situación que recordó que ninguna estrategia de seguridad puede considerarse consolidada mientras existan organizaciones criminales con capacidad para reorganizarse y responder mediante hechos violentos.
Aun con este repunte, julio concluyó con apenas una víctima más que junio, al pasar de 84 a 85 homicidios, incluso el promedio diario descendió ligeramente debido a que julio tuvo 31 días, pasando de 2.8 a 2.74 asesinatos por jornada, con ello la entidad acumuló dos meses consecutivos por debajo de los tres homicidios diarios, un comportamiento muy distinto al observado durante 2024, cuando los promedios superaban las seis víctimas cada día.
Las cifras consolidadas también muestran que entre junio y julio se registraron 169 homicidios en 61 días, equivalente a un promedio de 2.77 víctimas diarias, mientras que los registros históricos del Secretariado Ejecutivo reflejan que hasta junio de 2026 el Estado de México mantenía la incidencia más baja de homicidio doloso de los últimos 19 años, resultado que las autoridades atribuyen a la combinación de inteligencia, despliegues territoriales y coordinación entre instituciones federales, estatales y municipales.
Sin embargo, detrás de los números favorables persiste una realidad que obliga a mantener cautela, la reducción estadística no significa necesariamente que la percepción ciudadana haya mejorado al mismo ritmo, en numerosas regiones del estado continúan las denuncias por extorsión, desapariciones, robo con violencia, narcomenudeo y presencia de grupos criminales, delitos que afectan diariamente la vida de miles de familias y que mantienen un ambiente de incertidumbre pese a la disminución del homicidio.
Programas como el Mando Unificado para la Zona Oriente y la Operación Enjambre han permitido importantes aseguramientos de armas, droga y personas vinculadas con delitos de alto impacto, además de investigaciones contra servidores públicos presuntamente relacionados con organizaciones criminales, acciones que representan un cambio respecto a estrategias anteriores enfocadas únicamente en el patrullaje preventivo, no obstante, los acontecimientos registrados al cierre de julio evidencian que los resultados todavía son frágiles y dependen de mantener una presión permanente sobre las estructuras delictivas.
Otro aspecto que merece atención es la concentración geográfica de la violencia, históricamente los homicidios en el Estado de México no se distribuyen de manera uniforme, suelen focalizarse en corredores específicos donde confluyen disputas por el control territorial, actividades ilícitas y debilidad institucional, por ello, un incremento de pocos días puede modificar significativamente el balance mensual sin representar necesariamente un deterioro generalizado en toda la entidad.
La disminución de homicidios constituye un avance importante que no debe minimizarse, especialmente en un estado que durante años encabezó las estadísticas nacionales de violencia letal, sin embargo, tampoco puede interpretarse como una victoria definitiva, la experiencia demuestra que las organizaciones criminales modifican constantemente sus formas de operación y aprovechan cualquier debilitamiento institucional para recuperar espacios.
El cierre de julio deja una doble lectura, por un lado confirma que la estrategia de seguridad ha conseguido reducir de manera considerable el número de asesinatos respecto a años anteriores, pero al mismo tiempo demuestra que basta una semana de violencia concentrada para alterar las proyecciones más optimistas, recordando que el verdadero desafío no consiste únicamente en disminuir las cifras, sino en lograr que esa reducción sea sostenible, uniforme y acompañada por una mejora real en la seguridad cotidiana que perciben los habitantes del Estado de México.


