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Fernando Flores, entre poder y exceso

* La irrupción del alcalde de Metepec en un conflicto privado desata cuestionamientos sobre el uso del poder público……

Por Karina Rocha

Metepec, México.- El episodio protagonizado por el presidente municipal de Metepec, Fernando Flores Fernández, al ingresar acompañado de escoltas armados al Club Deportivo La Asunción, difícilmente podrá reducirse a un simple conflicto entre particulares, como ahora pretende explicarse desde el gobierno municipal, porque más allá de las versiones oficiales, las imágenes exhibieron algo mucho más delicado, la peligrosa confusión entre la investidura pública y los asuntos personales.

Se dice, alguien “muy cercano” al alcalde, protagonizaba un escándalo al interior del Club Deportivo y fue ésta persona la que llamó al alcalde en busca “de apoyo” pero, ¿qué tenía que hacer el alcalde en ese desmán

Las grabaciones difundidas en redes sociales provocaron una reacción inmediata debido a que muestran a un alcalde acompañado por personal de seguridad portando armas largas dentro de un espacio privado donde se desarrollaba una disputa familiar y donde, incluso, hubo una persona golpeada por el grupo de “guaruras” del alcalde, en una escena que por sí misma resulta inquietante para una ciudadanía que espera de sus autoridades prudencia, institucionalidad y absoluto respeto a los límites del cargo que ostentan.

Aunque Fernando Flores emitió posteriormente un mensaje en el que ofreció disculpas y aseguró que acudió tras recibir una llamada de auxilio relacionada con un conflicto entre particulares, la explicación no logró disipar las dudas fundamentales que hoy permanecen sobre la mesa, porque el verdadero debate no gira en torno a si existía o no un problema familiar, sino sobre la pertinencia de que un alcalde intervenga personalmente en una disputa privada acompañado de un dispositivo de seguridad armado.

EL PESO DE LA INVESTIDURA

Cuando el alcalde se dio cuenta de lo que había provocado, luego de ser grabado protagonizando una pelea donde, definitivamente, ¡no tenía por que estar!, es que reconoció sí, que estuvo presente en el lugar y que sus escoltas lo acompañaban como parte de su esquema de protección, sin embargo, la discusión pública va mucho más allá de la legalidad de la portación de armas o de los permisos federales con los que cuente su equipo de seguridad, el cuestionamiento central radica en el mensaje que se envía cuando la máxima autoridad municipal aparece involucrada físicamente en una confrontación ajena a sus funciones institucionales.

Resulta inevitable preguntarse ¿qué habría ocurrido si un ciudadano común hubiera protagonizado una situación semejante?, ¿qué reacción habrían tenido las autoridades?, qué consecuencias jurídicas se estarían discutiendo y qué narrativa dominaría el debate público, porque cuando el poder interviene en escenarios privados, la línea entre autoridad y privilegio se vuelve peligrosamente difusa.

LOS AUXILIOS QUE SÍ Y LOS AUXILIOS QUE NO

Es más, si como dice el alcalde, acudió al lugar tras un llamado de auxilio, la pregunta es ¿Por qué no hacer lo mismo con miles de llamadas de auxilio que recibe su cuartel de policías todos los días, a toda hora? ¿Por qué no responder de la misma forma, acompañado de guaruras armados para apoyar a los ciudadanos? Porque a este señor se le olvidó, en un instante, la investidura de alcalde que lleva encima y de la cual se ha beneficiado, él y su familia, durante ya casi cinco años de gobierno ininterrumpidos, y no sucede lo mismo ante el “grito de auxilio” de los metepequenses que piden, no solo seguridad pues, las necesidades de los habitantes de este municipio son cada vez más.

LA REACCIÓN DE LAS AUTORIDADES

Otro aspecto de este polémico actuar del alcalde de Metepec, ha sido la rapidez con la que organismos como la Comisión de Derechos Humanos del Estado de México y autoridades federales reaccionaron al caso, hecho que refleja que no se trata de un asunto menor ni de una simple polémica pasajera en redes sociales, por el contrario, la atención institucional confirma que existen elementos suficientes para revisar lo ocurrido y determinar si existió alguna conducta que deba ser investigado o, que las autoridades federales, morenistas, están “capitalizando” el exabrupto de Flores Fernández, para minimizar al PAN en el Estado de México.

Por otro lado, desde el gobierno municipal y los sectores afines al alcalde se insiste en que el episodio está siendo aprovechado políticamente por adversarios y detractores, una explicación recurrente cada vez que un escándalo alcanza dimensiones mediáticas importantes, sin embargo, atribuir toda la controversia a una supuesta campaña de desprestigio implica ignorar una realidad evidente, las imágenes existen, fueron captadas por testigos y muestran hechos concretos que generaron preocupación ciudadana.

Tampoco resulta suficiente argumentar que los resultados de gobierno obtenidos durante casi cuatro años de administración neutralizan cualquier cuestionamiento sobre la conducta personal o política de quien encabeza el ayuntamiento, porque la eficacia administrativa no exime a ningún funcionario de actuar con responsabilidad y mesura en cada una de sus decisiones públicas.

MÁS ALLÁ DE LOS RESULTADOS DE GOBIERNO

El problema de fondo es que el incidente alimenta una percepción que durante años ha generado desconfianza entre la ciudadanía, la idea de que algunos funcionarios consideran que el cargo les otorga facultades extraordinarias para intervenir donde otros ciudadanos no podrían hacerlo, una percepción especialmente peligrosa en un país donde la exigencia principal sigue siendo la igualdad ante la ley.

Fernando Flores decidió salir públicamente a dar explicaciones, algo que ciertamente no todos los políticos hacen cuando enfrentan una crisis mediática, pero el reconocimiento del error no elimina la gravedad de lo sucedido ni cancela la obligación de que las autoridades competentes revisen con absoluta objetividad cada detalle del caso.

LAS CONSECUENCIAS POLÍTICAS

Metepec enfrenta desafíos mucho más relevantes que las disputas privadas, inseguridad, movilidad, crecimiento urbano, servicios públicos y calidad de vida son asuntos que demandan la atención permanente de sus autoridades, por ello, cuando la figura del alcalde aparece en medio de un escándalo de esta naturaleza, inevitablemente se distrae la agenda pública y se erosiona la confianza institucional.

Lo ocurrido en La Asunción deja una lección que trasciende colores partidistas y simpatías políticas, quienes ejercen el poder deben comprender que cada acción tiene consecuencias públicas, especialmente cuando portan una investidura otorgada por los ciudadanos, porque en democracia no basta con tener la razón, también es indispensable parecerlo, actuar con prudencia y evitar cualquier conducta que pueda interpretarse como un abuso de poder o una demostración innecesaria de fuerza.

Por lo pronto, el titular de la Secretaría de Seguridad Ciudadana, Omar García Harfuch, ha sido instruido por Claudia Sheinbaum de investigar y llegar hasta el fondo en el asunto que ha trascendido respecto al actuar irresponsable del alcalde de Metepec, Estado de México, Fernando Flores Fernández y este hecho, seguramente traerá consecuencias lamentables para el Partido Acción Nacional tanto en el Estado de México como a nivel nacional lo cual tendrá que resolver el alcalde o, renunciar a su cargo.

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