Por Karina A. Rocha Priego
Ahora resulta que “se espantan”, que les sorprende, que hasta bloquean caminos, toman carreteras y paralizan el sur del Estado de México.
¿La razón? La más absurda e insultante para la ciudadanía: un operativo estatal y federal contra negocios ligados a la extorsión -ese cáncer que asfixia a diario a miles de personas en la región- hizo que taxistas y transportistas “saltaran” para defender lo indefendible.
El recién anunciado “Operativo Liberación”, implementado por la Fiscalía General de Justicia del Estado de México (FGJEM) con apoyo de la Guardia Nacional, el Ejército y la policía estatal, tiene como objetivo atacar de raíz una red criminal de extorsión, acaparamiento y manipulación de precios que opera impunemente en la venta de materiales de construcción.
Pero como si se tratara de una reacción automática, casi coreografiada, las principales vías de acceso a municipios del sur mexiquense fueron bloqueadas por -oh, sorpresa- taxistas y operadores del transporte.
La pregunta es inevitable: ¿por qué saltan quienes son las primeras víctimas del crimen organizado? ¿Por qué se oponen a una operación que, supuestamente, les devolvería la libertad de trabajar sin miedo?.
La respuesta es brutal y está a la vista de todos: porque no son víctimas, son cómplices. Porque en gran parte del sur del Estado de México, el transporte -de carga y de personas- ha sido cooptado por “La Familia Michoacana”, el cártel que desde hace años se enseñorea en esta región sin que nadie lo haya podido -o querido- detener.
Ahí no se mueve un camión sin que el narco lo sepa. No entra un convoy policiaco sin que antes lo reporten, porque muchos de los que hoy manejan taxis o camiones son en realidad halcones, operadores logísticos de la delincuencia organizada y son ellos quienes vigilan, informan y protegen los movimientos del grupo criminal, mientras simulan ganarse la vida tras un volante.
Este “bloqueo espontáneo” es en realidad una reacción coordinada, una defensa encubierta de intereses delictivos. ¿O alguien en su sano juicio cree que un grupo de choferes, de la nada, se organiza para tomar las carreteras en cuanto comienzan los cateos?.
}Los hechos son contundentes: el lunes 21 de julio, la FGJEM y fuerzas federales realizaron cateos y aseguraron ferreterías, negocios de materiales de construcción y otros comercios en municipios como Atlacomulco, Ixtapan de la Sal, Villa Guerrero, Valle de Bravo, Tejupilco, Tlatlaya y Temascaltepec, todos vinculados, según investigaciones, a “La Familia Michoacana” e, inmediatamente después, se desataron los bloqueos. ¿Casua-lidad? ¡Para nada!.
Lo que pasa es que los grupos criminales están perdiendo terreno -aunque sea simbólicamente- y reaccionan como lo que son: estructuras organizadas que cuentan con brazos civiles, con operadores “legales” que se disfrazan de trabajadores del volante, pero en realidad forman parte de la red de vigilancia e inteligencia del narco.
Y esto no es nuevo. Desde hace años, el sur mexiquense ha sido “tierra tomada” por el crimen organizado.
Su cercanía con Guerrero -otro estado capturado por la delincuencia- ha hecho del Edomex un corredor del miedo.
En esta zona, lo mismo se extorsiona al pequeño comerciante que al empresario de la construcción; todo, absolutamente todo, se mueve bajo el cobro de piso.
¿Y qué hacen las autoridades? Lo mínimo indispensable y tienen que intervenir porque la presión social es cada vez más grande, porque la gente de bien -que todavía queda mucha- ya no trabaja para vivir, sino para pagarle a los delincuentes, por lo que la población está harta de vivir con miedo y de ver cómo sus impuestos, sus esfuerzos y sus aspiraciones son aplastadas por quienes operan con total impunidad.
Y, por supuesto, el operativo “les cayó como balde de agua fría”, ya que, al parecer, los “halcones” no estaban preparados para que esta vez sí entraran las fuerzas federales a hacer algo más que tomarse la foto, por eso bloquearon, amenazaron e incluso, retuvieron a cerca de 60 elementos de seguridad en San Pedro Limón.
Y aquí es donde uno se pregunta: ¿hasta cuándo va a permitir el Estado que un grupo criminal imponga su ley? ¿Cuántos bloqueos más, cuántos operativos truncos, cuántas carreteras tomadas se necesitan para reconocer que en el sur del Edomex no manda el gobierno, manda el narco?.
El colmo es que cuando las autoridades intentaron liberar las vialidades el martes, fueron agredidas y apenas si lograron detener a siete personas. ¿Siete? ¿Contra una estructura delictiva que ha sometido a toda una región durante años?.
Aquí no se trata solo de aplicar la ley, sino de recuperar el territorio y demostrar que el Estado no ha renunciado a gobernar en el sur mexiquense pero, sobre todo, de entender que los verdaderos enemigos no solo están armados: también manejan taxis, camiones y fingen ser ciudadanos comunes.
La estrategia de seguridad debe ser integral, firme y sostenida, ya que de nada sirve entrar un día y replegarse al siguiente.
La única manera de que estos operativos tengan sentido es que no se detengan hasta que la región sea liberada de verdad y no solo de negocios criminales, sino también de esos “halcones con placas de taxi” que han traicionado a su comunidad por unos cuantos pesos del cártel.
Porque mientras no se recupere el control del transporte -y con ello, de la información y la movilidad-, La Familia Michoacana seguirá gobernando más que el propio Estado y eso, queridos lectores, simplemente, ya no se puede permitir….


